El 55% de los niños segovianos de 11 y 12 años perciben cada día actitudes machistas

Varios alumnos atienden las explicaciones de una educadora del programa./Antonio de Torre
Varios alumnos atienden las explicaciones de una educadora del programa. / Antonio de Torre

Trescientos escolares participan en una programa que emplea el teatro como arma contra la violencia sexista

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

¿Cómo perciben los menores la igualdad? «En rosa y azul». Es decir, por los colores a los que se asocia tradicionalmente cada género, resumen Celia Matarranz y Jacob Hernando. Ellos –a través de su empresa Yo, Contigo– son los educadores responsables del proyecto bautizado con el nombre 'Actuamos contra la violencia de género y por la igualdad', una iniciativa que empuña el teatro como arma y argumento para defender la equidad entre hombres y mujeres y para combatir la discriminación y las agresiones sexistas. La experiencia se imparte en quinto curso de Primaria, y cumple su tercer año en las aulas con más de trescientos escolares de nueve colegios de la capital segoviana.

Los niños conocen bien la teoría –que el fútbol no es un deporte de chicos o que un varón lleva camisetas rosas–; pero la práctica desnuda desviaciones. Correr de forma ridícula cuando se pregunta cómo lo haría una niña es un ejemplo de esas reacciones del imaginario, como que el chico no futbolero sea más impopular. «Hay colegios donde está muy trabajado y otros donde los chicos y las chicas ni siquiera se quieren dar la mano», ilustran los educadores.

Una encuesta encargada por el Ayuntamiento de Segovia durante la elaboración del tercer Plan de Juventud concluía varios datos preocupantes. Uno, la percepción mayoritaria de los 2.059 entrevistados –243 de Primaria, 1.091 entre 12 y 18 años y 725 mayores de edad– de que el machismo existe en su día a día. Responden afirmativamente a esa pregunta desde los escolares de 11 y 12 años (un 55%) hasta los adultos (un 65%). De hecho, una cuarta parte de los segovianos que ya han cumplido los 18 dice haber presenciado en su entorno algún caso de violencia contra la mujer.

La temática del programa toca todos los palos. La parte biológica es muy importante en un curso donde empiezan las primeras nociones sobre reproducción sexual. «Sigue habiendo muchísimo miedo a la hora de decir pene o vagina, les cuesta expresarlo, y mucho más dibujarlo», aseveran los promotores de la experiencia didáctica. En un ejercicio que llevaron a las trece aulas en las que los chicos debían dibujar la silueta femenina y las chicas la masculina, solamente tres plasmaron el sexo.

La amenaza digital

Esa inseguridad con su propio cuerpo genera riesgos añadidos, máxime en la era digital donde reinan las relaciones entrelazadas en las redes sociales. «Y te encuentras con gente que va a intentar aprovecharse de eso. Si no asumes tu cuerpo, Aitana14 te va a decir que le mandes una foto de tu cola y a lo mejor se la mandas. Y luego Aitana, que igual es Felipe40, te dice que si no mandas más, la va a colgar en algún sitio», detalla Matarranz.

El desconocimiento es crucial para la violencia sexista, pues los niños tienen curiosidad y medios ilimitados para saciarla. «Si aprenden las relaciones a través de la pornografía, lo hacen de una manera equivocada porque tiene mucho de violencia. Un varón que domina a una mujer; ves que él disfruta y no tienes tan claro que ella lo haga. Ven a una mujer sumisa y un hombre con poder, y nadie les ha explicado otra cosa. Por eso es clave que lo aprendan antes», apuntan.

Solo el 6% de los adolescentes habla de sexo con sus padres

El III Plan de Juventud del Ayuntamiento de Segovia, cuando trata el tema de la salud sexual, y más concretamente la forma en que los jóvenes adquieren información, revela grandes diferencias en función de la edad. Los menores de 11 y 12 años la reciben a través del colegio, como especificaron cuatro de cada diez escolares consultados. Los adolescentes, por su parte, recurren mayoritariamente a sus amigos (42,39%), mientras que casi tres de cada diez afirman que el principal canal de información sexual es el instituto. Uno de cada diez la busca por Internet. Uno de los resultados de la consulta que más llama la atención es que solo el 6% de los adolescentes acuden a sus padres para disipar dudas sobre el sexo o hablar de este tipo de relaciones.

En un curso donde el uso del móvil es ya generalizado entre los alumnos, no hace falta la violencia física para transgredir la igualdad. Antes de eso hay un chico y una chica de 16 años mandándose mensajes. Desde comentarios como «te vas con tus amigas y no conmigo, jeje» hasta «estoy solo en casa y no has venido», «¿te vas a volver a ir con tus amigas?» o «¿te vas a yoga los martes?» hay una escalada imperceptible de peldaños muy sutiles por una escalera en la que ella va rechazando cosas y él aumenta su control. «Es un tipo de violencia psicológica, en parte porque ellos creen que deben tener el poder», incide Matarranz. La tecnología acelera mucho esas fallas sociales.

En el aula perviven otros estereotipos, como que los pendientes sean un símbolo femenino. Y esto ocurre en una clase donde hay chicos que los llevan. Ocurre lo mismo con el pelo largo o las pulseras. Una alumna preguntó la semana pasada por qué si a una chica tiene muchos novios la llaman [tarda un rato en decirlo] 'puta' y un chico con muchas novias es un campeón. «Ellos son conscientes de que estas cosas pasan y, sin querer, tienden a dejarse llevar por ellas», expone Hernando. La transición en el concepto de valentía es fundamenta.

Enternecer al varón

«No es una cuestión de empoderar a la mujer, sino de devolver la ternura al hombre», precisa Celia Matarranz. Ahí la improvisación del teatro es clave porque les obliga a ser ese chico vestido de rosa del que se ríen los demás. «El teatro desarrolla esa empatía, ponerte en el lugar de personas que tú nunca has sido. Pero como es un juego, te pones. Y ahí surgen sensaciones», explican los promotores.

También es trabajo de los educadores transmitir esa ternura para que los alumnos vean ejemplos. «El hombre es el sexo que tiene que demostrar todo el rato lo que es», subrayan. La presión grupal es muy grande, y el programa potencia la figura de los espectadores activos, porque los amigos «son lo más guay del mundo» en esas edades. «Si la líder consigue tener estos valores, es más fácil que pueda salir». A los líderes se les identifica muy pronto y su papel es crucial para que los que nunca preguntan tengan al menos ese estímulo positivo al escuchar.

A la hora de repartir los papeles para la obra de teatro, que representan en Semana Santa, debe haber esa ecuanimidad. «De lo que se trata, y es nuestra función principal, es conseguir que todos, sean quince o veintiséis, tengan un protagonismo y sean capaces de demostrar lo que valen», explica Jacob Hernando.

En los primeros tres meses de curso, trabajan las diferentes facetas de la igualdad y la violencia sexista, desde la parte biológica a los estereotipos o las emociones. Lejos de ser densos, lanzan pinceladas sobre situaciones muy concretas y generalizadas. Por ejemplo, la corresponsabilidad doméstica, aspecto que trabajan llevándose un propósito a casa como hacer la cama, tender la ropa o guardarla en el armario. A veces cuesta. La colaboración de los padres es necesaria y no todos lo facilitan. «Les invitamos a que negocien con sus padres y a algunos incluso les dejan planchar», relata Hernando. Se trata de explicar de que de los fallos también se aprende.

Que cale el mensaje

Hacen pequeñas representaciones basadas en temas de igualdad . Cada clase prepara su obra. «Es mejor para ellos ambientarla en el mundo de los Minions o Harry Potter que en un patio de colegio», apunta. Con la mezcla de personajes e historias se construye un guion con tareas domésticas y pinceladas de violencia de género, que tampoco son muy explícitas porque para que el mensaje cale no puede faltar el ingrediente estrella. «Se tienen que divertir».

Los alumnos colaboran en grupos y editan el libreto de la trama, escrito por Hernando. El también periodista y guionista intenta satisfacer los deseos de los estudiantes, como cuando un alumno que se empeñó en hacer 'breakdance'. Se fomenta sus talentos, ya sea a tocar la guitarra, rapear o hablar en búlgaro. Repartidos los papeles, se les entrega la obra después de Navidad. «Son obras con miga y es muy importante el texto. Tienen que entenderlo y hacerlo suyo», explica el educador.

También toca negociar con ellos. Una niña no quería ser «a la que pegan» y a otra le tocó ser 'barbie'; después de todo lo aprendido en el curso, no quería adoptar ese papel. «Todos los personajes malos se redimen, pero hay que hablar con ellos para que lo entiendan», dice Hernando.

La asignación de roles es complicada. «Hay líderes que quieren ser todo el rato protagonistas y hay líderes positivos, que tiran de la clase». En un obra apostaron por un 'niño sombra', que brillaba en los ejercicios diarios y le asignaron el papel de protagonista. No lo sabían entonces, pero había sufrido acoso. Hablaron con los padres y le convencieron para que siguiera adelante, acompañado en la representación por una de las líderes, que tiró mucho de él. Y la obra fue un éxito.

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