«Hay narradores que quieren parecerse al 'Club de la Comedia', y es muy peligroso»

El director del Festival de Narradores Orales, Ignacio Sanz, ayer, en la Plaza Mayor. /Antonio De Torre
El director del Festival de Narradores Orales, Ignacio Sanz, ayer, en la Plaza Mayor. / Antonio De Torre

El escritor segoviano destaca el carácter litúrgico que ha adquirido la cita que se desarrolla esta semana en la Casa de Andrés Laguna

C. B. E.Segovia

Ignacio Sanz recuerda los inicios del Festival de Narradores Orales. Fue un 18 de julio de hace diecinueve años. «Quico Cadaval dijo que iba a recitar a un poeta gallego muy relevante y nos dio la sorpresa de leer el parte de Franco del final de la guerra». Este contador de historias de aquella primera edición repite esta noche actuación. Raro es el verano que se haya perdido su cita con Segovia. «Es un fenómeno», le alaba el director del acontecimiento.

El ceramista y escritor segoviano habla de la importancia de la liturgia como una de las señas de identidad del festival, y Quico Cadaval podría entrar dentro de ese ceremonial que repite rituales y estampas año tras año, como son las colas a la puerta de la Casa de Andrés Laguna, el patio lleno de público y las campanas de la Catedral anunciando las diez de la noche, hora a la que puntualmente empezará la función.

El festival es un «pequeño milagro que hacen los narradores que subyugan a la gente con sus narraciones, y también lo hace esa gente, ya que sin su apoyo no sería posible». Sanz hace hincapié en el «fervor» que demuestra la audiencia segoviana por el festival, una especie de devoción que embriagó desde el inicio a la entonces concejala de Cultural Clara Luquero, evoca el director. El respaldo municipal hizo que a la liturgia de la narración oral se añadieran los rituales poéticos en la Casa de Antonio Machado y los cuentos en los barrios. Diecinueve años después, «no ha decaído el entusiasmo», insiste.

«El silencio que se crea a partir de las diez de la noche» sigue sobrecogiendo al responsable de la cita. Ignacio Sanz subraya que «hay que cuidar esos espacios y la parte ritual». A partir de ahí, el narrador seduce al público con «historias variadas y cada uno con su acento, porque vienen de Galicia, de Portugal». Esa diversidad de procedencias y temáticas también forma parte de la liturgia de los Narradores Orales.

A este respecto, Sanz precisa que «el humor es un atributo añadido» a los relatos. Bienvenido en su justa medida. «¡Cuidado! –matiza el organizador– porque hay algunos narradores que quieren parecerse al 'Club de la Comedia' y es muy peligroso». Es más, «puede haber historias de misterio que despierten congoja y angustia en el espectador y que funcionan igual de bien», apostilla Sanz, quien concluye que «no todo tiene que pasar por el tamiz del humor».

Anoche fue el turno de Tania Muñoz; hoy toma el relevo Quico Cadaval, y mañana y el domingo se encargarán de seducir al público con sus narraciones Juan Gamba y Manuel Ferrero, respectivamente. Desde ayer, en la Casa de Machado, la poesía también cuenta. Ante al «pavor» que le entra al público cuando oye nombrar este género, Sanz esgrime que «cuando un pueblo necesita palabras esenciales recurre a los poetas».

Este ciclo ha sufrido un cambio de última hora. Mañana estaba prevista la participación de Ángeles Mora, pero por un problema sobrevenido no podrá acudir y será David Hernández Sevillano quien ocupe su lugar. Hoy, a las 20 horas, compartirá poemas Fernando Beltrán.

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