Memoria de la Edad de Plata

El director de San Quirce, Rafael Cantalejo, guía la exposición en presencia del académico Juan Luis García Hourcade y el empresario Pedro Palomo, ayer, durante la apertura de 'Segovia. Edad de Plata (1901-1936). /Antonio Tanarro
El director de San Quirce, Rafael Cantalejo, guía la exposición en presencia del académico Juan Luis García Hourcade y el empresario Pedro Palomo, ayer, durante la apertura de 'Segovia. Edad de Plata (1901-1936). / Antonio Tanarro

Una exposición rescata la Segovia del primer tercio del siglo XX para conmemorar el centenario de la Universidad Popular Segoviana

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

Tenían como fin instruir, a través de clases y conferencias, a quienes no habían gozado del beneficio de la cultura. Eran intelectuales que pusieron su saber, de manera desinteresada, a disposición del pueblo. La Universidad Popular Segoviana, fundada en 1919 por un grupo de profesores entusiastas, fue uno de los proyectos pedagógicos más sobresalientes en un momento de renovación y efervescencia cultural. José Rodao, Mariano Quintanilla, Segundo Gila, Antonio Machado... Sus nombres dan brillo a un periodo apasionante de la historia local, que la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce –heredera de aquella vieja y legendaria Universidad Popular– ha denominado la Edad de Plata en la exposición conmemorativa de su primer centenario que desde ayer acogen las salas del Museo Rodera-Robles.

'Segovia. Edad de Plata (1901-1936)' es un apasionante recorrido por la Segovia del primer tercio del siglo XX a través de increíbles fotografías, muchas de ellas cedidas por el archivo del diario 'ABC', de actos y sucesos que marcaron la vida de aquellos años: la lentísima reconstrucción de la torre de San Esteban, la repatriación de los caídos en las guerras de Cuba y Filipinas, la inauguración del monumento a los Héroes del Dos de Mayo, la visita del presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas, semanas antes de su asesinato, el Congreso de Turismo celebrado en Segovia en 1912, el Homenaje a Segovia de 1915, la Coronación de la Virgen de la Fuencisla, el gran incendio de 1920, la polémica erección de la estatua de Juan Bravo o la inauguración del monumento a Daniel Zuloaga. «Entre 1900 y 1930, Segovia es un imán para el estudioso, el literato y el pintor. Entre los primeros destacan Félix Gila y Fidalgo, Eugenio Colorado y Laca, Carlos de Lecea y García, Antonio Jaén, Eduardo de Oliver Copóns; en cuanto a los escritores, podemos citar a Pío Baroja, José Gutiérrez Solana, Ramón Gómez de la Serna o Azorín, y en el mundo de la plástica brilla el taller de Daniel Zuloaga, en San Juan de los Caballeros, foco de creatividad y atracción de intelectuales y artistas. Todo este fermento cultural eclosiona con vigor en torno a 1919, año de la fundación de la Universidad Popular», explica el director de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, Rafael Cantalejo.

Machado

El 21 de noviembre de 1919, un grupo de estudiosos segovianos creó la «Junta o Universidad Popular Segoviana». Su objetivo era difundir la enseñanza entre la clase trabajadora. Formaban la junta José Rodao, poeta; Segundo Gila, médico; Francisco Rovira, profesor de la Normal; Florentino Soria, profesor de Dibujo del Instituto; Agustín Moreno, médico y catedrático de Ciencias Naturales; Francisco Javier Cabello y Dodero, arquitecto; José Tudela, archivero-bibliotecario; Andrés León, catedrático de Física y Química; Mariano Quintanilla, abogado y licenciado en Filosofía y Letras, y, por supuesto, Antonio Machado, que no estuvo presente en la reunión fundacional, pero vivió el comienzo de las clases dos meses después. Machado, que se instaló en la ciudad ese mismo año, se incorporó al grupo impulsor de la Universidad Popular con entusiasmo.

Clases, conferencias, biblioteca, publicaciones, veladas, conciertos, exposiciones de arte y excursiones didácticas completaban el programa que pretendían ofrecer, completamente gratis, aquellos que sí habían tenido acceso a la instrucción. El acopio de libros para que el centro dispusiera de biblioteca propia fue una obsesión desde los inicios de tan apasionante aventura. Las estanterías fueron llenándose de libros, la mayoría procedentes de donaciones generosas, entre ellas las que hicieron la Residencia de Estudiantes de Madrid y el propio Machado, que regaló más de cien, de manera que, en pocos años, la Biblioteca Circulante alcanzó los cuatro mil volúmenes. La Universidad Popular fue ganando prestigio con el paso de los años. En 1925 se incorporaron nuevos profesores, y ya durante la Segunda República ayudó a la puesta en marcha en la provincia de las Misiones Pedagógicas promovidas por el Ministerio de Instrucción Pública. «La Guerra Civil acabó con todo aquel esplendor», observa Cantalejo. La exposición, que puede verse en horario de mañana y tarde, cuenta con el patrocinio de la Academia de San Quirce y la empresa Octaviano Palomo.