María Dueñas: «La documentación es la mejor parte de escribir una novela»

María Dueñas, ayer, en el Juan Bravo. /Antonio de Torre
María Dueñas, ayer, en el Juan Bravo. / Antonio de Torre

La escritora repasa en 'Las hijas del capitán' la emigración a EE UU a comienzos del siglo XX como alegato de tolerancia

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Remedios, desorientada tras pasar del extrarradio de Málaga al bullicio de la Nueva York que acaba de estrenar el Empire State, chilla a los coches y sobreprotege a sus hijas. Su madre literaria, María Dueñas, interactúa con ella. «A veces la odiaba. '¡Deja a las chiquillas en paz, que eres un tormento de mujer!' Pero la tengo mucha compasión. Representa a las madres de aquella época». La escritora manchega habló de su última novela, 'Las hijas del capitán' ayer en el Juan Bravo e hizo un alegato a favor de la emigración. El periodista segoviano Jesús García Calero desgranó en la charla el mérito de dueñas por «reflexionar sobre puntos muertos de nuestro pasado» como su triunfal debut, hace diez años, con 'Tiempo entre costuras' y el protectorado español en la Tánger marroquí. En su última novela cuenta las peripecias en el Nueva York de 1936 de la mujer y las hijas de un hombre que muere fortuitamente.

Dueñas, que quería tratar el tema de la inmigración desde el punto de vista femenino, enlaza con su trabajo anterior, 'La templanza', inspirada en el XIX y que sirvió de documentación. «Siempre nos la cuentan desde el punto de vista de los hombres, pero había mujeres a su lado. Allá iban, sin que nadie las preguntara». Narra cómo soportaban ese desarraigo y Nueva York era un destino desconocido. «Empecé a escarbar y encontré mucho más de lo que esperaba». Además de una comunidad italiana, irlandesa o polaca, había un número considerable de españoles: más de 30.000 censados más otros irregulares, asociados en pequeños círculos, tiendas, bodegas o restaurantes.

Fiel a su estilo, combina esa ficción con elementos reales. «La documentación es la mejor parte de escribir una novela. Salen tantas historias… Destapas una y te salen tres. Estas familias me han dado de comer en sus casas y han llorado en mi hombro». Por ejemplo, el relato de nonagenarios, sujetos de una vida muy dura de la España de comienzos del siglo XX que lograron prosperar: analfabetos de una generación fueron abogados o jueces en la siguiente. «Intento sustentar la ficción en cosas verídicas e incorporo personajes históricos». Como Alfonso de Borbón, el primogénito de Alfonso XIII que vivió por entonces en la Gran Manzana. Dueñas destaca su solidaridad. «Ese interés en no querer cortar nunca ese cordón umbilical con España, con su pueblito». Otras comunidades salían con la idea de quedarse; los españoles lo hacían con el objetivo de volver. «Su idea era matarse a trabajar y empezar una vida nueva con ese dinero». Ocurrió que a estos jornaleros o peones se les cruzó la Guerra Civil. Apoyaron muy activamente a la República y costearon con gran esfuerzo pequeñas cantidades. Tras la derrota, quedaron marcados y el regreso no era una opción. Ahí empieza su americanización.

«Nuevos ricos»

Los paralelismos con el presente son claros. «Las tragedias de hoy en día tienen otras dimensiones, pero la base es la misma. Gente que tiene que salir porque su país es incapaz de proporcionarles un futuro. Hay que ser muy valiente y tener un coraje enorme para dejarlo todo. Nosotros éramos ellos y se nos ha olvidado. Nos creemos nuevos ricos, es un problema de memoria, difuminamos nuestro pasado con una facilidad enorme. España era un país eminentemente emigrante». Relata que entre tres y cuatro millones de españoles se fueron entonces y casi ninguno volvió. «Se iban porque no tenían ni un chusco de pan para dar de comer a sus hijos». No solo a grandes urbes, sino a campos frutales de California a la caña de azúcar de Hawai.

Con el germen de su cuarta novela en el horizonte, Dueñas valoró el camino recorrido. «Hace años era un demérito escribir sobre mujeres. Te decían, 'Qué bien, el día de la madre vas a vender mogollón'». Pese a las aristas, definió a España como un país envidiable. «Estoy muy quemada por tener que ir a votar otra vez, nos están tocando la moral mucho, pero no somos un país derrotista».

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