«Habría que hacer una marca España para el vino»

El sumiller Pablo Martín cata una copa de vino./Antonio Tanarro
El sumiller Pablo Martín cata una copa de vino. / Antonio Tanarro

Pablo Martín, presidente nacional de la Unión de Asociaciones de Sumilleres, se marca la prioridad de la formación para evitar el intrusismo

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

La Unión Española de Asociaciones de Sumilleres (UAES) vuelve a confiar el timón de la nave a Pablo Martín. Su candidatura fue la única que se presentó en la asamblea desarrollada la semana pasada en Las Palmas de Gran Canaria, donde los vinos de las islas se han reivindicado ante los mejores olfatos de España. El segoviano reedita así el respaldo del gremio a sus diez años de trabajo al frente del colectivo, en el que se encuentran representados en la actualidad unos 4.000 profesionales; y encara a su vez otros cuatro más con viejos desafíos adecuados a los nuevos tiempos.

–¿A qué retos se enfrenta la sumillería nacional?

–Ya veníamos apostando por la formación y vamos a seguir incidiendo en ello. De hecho, se ha creado una comisión que se encargará de coordinar los cursos de la Organización Internacional del Vino (OIV). España ha propuesto el plan de formación aprobado por todos los países con su correspondiente certificado oficial, que se daría a través del Ministerio de Agricultura. Son cursos de 750 horas. También queremos que esas acreditaciones profesionales vayan a través de las comunidades autónomas. Por ejemplo, en Castilla y León creemos que podrán estar entre este año y el que viene. Tenemos que trabajar en este sentido para que se extienda a todas las comunidades de España.

–¿Por qué tanto hincapié en esa formación y en la certificación?

–Si quieres apostar por la internacionalización, es lo que hay que hacer. Los cursos que se dan son, por lo general, buenos; pero a cambio te conceden un diploma por 40 horas. Por lo que luchamos es por la profesionalización de la sumillería y quitar el intrusismo.

–¿Puede presumir España de sus sumilleres allende sus fronteras?

–Por supuesto. La sumillería estuvo a un nivel muy alto; luego llegó la crisis y el mundo del vino bajó. Ahora ha habido un relanzamiento muy serio de la figura del sumiller porque el vino y lo que lo rodea vuelve a estar de moda. Las bodegas y la denominaciones de origen nos tienen en cuenta porque saben que somos los últimos eslabones de la cadena en la relación con el consumidor. Donde se vende el vino de calidad y donde se hace famoso es en los restaurantes.

–¿Y los clientes les hacen caso?

–Se interesan mucho y confían plenamente en nosotros. También es cierto que algunos vienen ya con una marca específica en la cabeza y entonces no cabe discusión. Pero he de decir que cada vez se ponen más en nuestras manos.

–Citaba antes a las bodegas y las denominaciones. Cómo han evolucionado en poco tiempo, ¿verdad?

–Mucho, en investigación, desarrollo, innovación... Habría que hacer una marca España del vino para que se den a conocer fuera y para que figuren en las mejores de las cartas de los distintos países. Es verdad que cada vez hay más, algo que hace quince años era impensable, quitando algunos como Vega Sicilia.

–Y no solo en el extranjero. Ustedes, los sumilleres, también juegan un papel fundamental en el turismo que recibe España.

–Sí, por supuesto. Tener unos vinos de gran calidad a los precios que están es un lujo. Los extranjeros se vuelven locos cuando ven que pueden tener un grandísimo vino por 25 o 30 euros.

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