«Las máquinas deben servirnos y no ser nuestros amos»

El profesor José Manuel Sánchez Ron, ayer en Segovia. /Óscar Costa
El profesor José Manuel Sánchez Ron, ayer en Segovia. / Óscar Costa

El historiador y académico José Manuel Sánchez Ron vaticina un futuro dominado por la robótica y la inteligencia artificial

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

José Manuel Sánchez Ron (Madrid, 1949) es físico, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, historiador de la ciencia y titular del sillón G de la Real Academia. Ayer desgranó en el congreso que organiza San Quirce una época privilegiada para la ciencia a principios del siglo XX. Su carrera, llena de publicaciones, afronta el reto de romper la brecha entre ciencias y letras.

–Sostiene que su trabajo consiste en llevar la historia a la ciencia y viceversa.

–Efectivamente. Un par de libros los escribí con un gran historiador como Miguel Artola. Era un esfuerzo común de entendernos un historiador general y otro de la ciencia.

–¿Cómo se establece ese puente entre humanidades y ciencia?

–Hace falta tener conocimientos de ciencia, alguna rama. Nadie puede presumir de conocer bien todas las ciencias, eso es imposible. También, esforzándonos por insertar esa historia de los conocimientos científicos, de cómo se llegaron a ellos o las repercusiones que tuvieron en el contexto general de lo que ocurría en la sociedad. Tanto a nivel nacional como internacional.

–Aboga por profundizar la ciencia en las escuelas.

–No conozco bien la situación de las asignaturas científicas en los institutos, soy un profesor universitario. Aun así, me parece que con demasiada frecuencia se escuchan lamentos de los problemas que tienen asignaturas como filosofía o lengua, que son más que respetables y deben ocupar su espacio en el nicho educativo. Me gustaría escuchar parecidos lamentos relativos a las disciplinas científicas. Lo que es innegable es que nuestra sociedad depende de la ciencia y la tecnología. Y no tener conocimientos de ellos es una limitación, algo así como vivir alienado de una realidad que cada vez dependerá más de ellas.

–Vaticinaba que la robotización ganará la batalla. ¿Por qué?

–La tecnología siempre gana. Los que se opusieron a los telares y a la máquina de vapor perdieron la batalla. No digo que sea bueno, malo o regular. La robotización es ya el presente y cada vez será un fenómeno más intenso, aliado con la inteligencia artificial. Es evidente y uno de los temas actúales: la pérdida de puestos de trabajo que serán sustituidos por máquinas inteligentes.

–¿Cómo se logra que la robotización gane y que el ser humano no pierda?

–Vivimos desde hace mucho rodeados de instrumentos científicos. Que yo hable a través de un móvil no significa que pierda mi humanidad. Depende, entre otras cosas, de la propia persona, de la educación que reciba. Las máquinas deben servirnos y no ser nuestros amos.

–Ha relatado en otras ocasiones que las matemáticas le han producido el mayor placer de su vida. Que le habría gustado tener la formación musical para escuchar en su cabeza una partitura, pero que hace algo similar con la Teoría de la Relatividad. ¿Cuál es ese placer para usted?

–En las matemáticas no existen esas dimensiones tan humanas como la subjetividad o la irracionalidad. Digamos que es el lugar donde la certeza, la lógica, que es uno de nuestros mayores atributos, domina completamente.