Con madera de chefs

Los niños se disponen a fabricar su propio pan guiados por Cándido López, ayer. /Óscar Costa
Los niños se disponen a fabricar su propio pan guiados por Cándido López, ayer. / Óscar Costa

Veinte niños aprenden los secretos de la cocina gracias a los laboratorios de creatividad

MARÍA SOPENASegovia

Algunos padres no tuvieron que ir a comprar ayer a la panadería, como hacen cada mañana. Veinte niños que participaron en el taller de cocina que se impartió en el Mesón de Cándido pudieron cocinar su propio pan. «Los panes de la tienda son más aburridos», decían los niños del taller, que hicieron los suyos con formas «más divertidas que los de la panadería», amasándolos con forma de corazón, de estrella, de caramelo y de gato, entre otras. Tras preparar la masa todos juntos con los cocineros y dar al pan la forma deseada, tocaba cocinarlo. «Primero el pan tiene que ir a la fermentadora, más o menos 35 minutos, para que se quede la forma que hemos hecho, y cuando la levadura haya hecho su trabajo, se lleva al horno 20 minutos a 190 grados», cuenta Eduardo García, cocinero del Mesón de Cándido. Cada niño pudo hacer varias formas para evitar discusiones entre hermanos y compañeros. Los niños se pudieron llevar a casa la muestra de lo buenos cocineros que son. Después de elaborar su pan y de lavarse las manos, pudieron ver cómo funciona una cocina profesional y aprender cómo se prepara el famoso cochinillo segoviano.

Cuando llegaron a la cocina, los trabajadores ya estaban haciendo el «mise en place», la preparación de todo para que cuando llegue la hora de la comida esté listo para servir. Como buenos segovianos, todos los niños habían probado el cochinillo alguna vez, pero ayer pudieron ver cómo se prepara este famoso plato, donde han comprobado que es más sencillo de lo que pensaban. «El cochinillo segoviano es uno de los mejores del mundo, pesa unos cuatro kilos y medio y tiene tres semanas de vida, tiempo durante el que se ha alimentado con la leche de la madre, por eso lo llamamos cochinillo lechal», añade Cándido López, gerente del restaurante. Eduardo García fue el encargado de preparar el cochinillo ante la mirada curiosa de los niños. Empezó partiéndolo por la mitad, por el espinazo, de arriba abajo, y añadió sal, «más por las patas que por las costillas», aclara Cándido. Después, se pone en una cazuela con unas tablitas de madera para que no se pegue la piel del cochinillo con el recipiente de barro. Se pone en la cazuela un dedo de agua para que quede más jugoso y se mete a 180 grados durante una hora y cuarto. Transcurrido ese tiempo, se le da la vuelta y se le añade manteca de cerdo con un pincel para que quede la piel bien crujiente, y por último se mete otra vez al horno de leña. A todos los niños se les hizo la boca agua con el aroma que soltaban los tostones. Los niños, que tienen entre 8 y 11 años, cocinaron muchos más platos, como espaguetis y brunoise, para practicar los cortes de distintas verduras, y por último acabaron con un dulce sabor de boca con un buen postre.

Este taller estaba enmarcado en el conjunto de actividades propuestas por el Ayuntamiento de Segovia desde su Concejalía de Cultura. Los Laboratorios de Creatividad Infantil continuarán con su programación durante las dos primeras semanas de agosto en la Casa de la Lectura. El viernes 2 de agosto habrá un taller dirigido por Ana Zugasti, en el cual los niños podrán aprender lo que se esconde detrás de algunos famosos cuadros. El jueves 8 de agosto, se celebrará un taller con la terapeuta y periodista Clara Herranz, donde se realizarán ejercicios para favorecer la concentración y para propiciar la relajación. Por último, el 9 de agosto se realizará una actividad en la que los niños podrán descubrir la magia de la metamorfosis a través de una oruga.