«Me he llegado a sentir un objeto en el mundo de la música»

Jaime Wyatt actúa hoy en el Huercasa Country Festival /Stasi-Promocional
Jaime Wyatt actúa hoy en el Huercasa Country Festival / Stasi-Promocional

La artista estadounidense, considerada la «heroína del country», actúa hoy en Riaza en el festival Huercasa de música de raíces americanas

CÉSAR BLANCOMadrid

Jaime Wyatt aterrizó el miércoles por la tarde en España. Confiesa que el frenesí de entrevistas entre periódicos y radios es algo cansado: pero en ningún momento lo parece. Todo lo contrario, sus pausas reflexivas en algunas preguntas la cargan de energía antes de hilar la respuesta. Sus ojos azules chispeantes electrifican cada sentencia. No es una artista convencional, tampoco lo pretende. La estadounidense de California, a la que algunos expertos le han llegado a apodar la 'heroína del country' en la actualidad, baja de la habitación de un céntrico hotel madrileño y se abraza con su guitarrista, que aún porta las maletas y el estuche con el instrumento tras haber volado ayer por la mañana desde Londres.

Ese saludo ante la recepción parece la antesala de la conjura de la banda antes de emprender la conquista del Huercasa Country Festival. En su octavo año, la cita que reúne a miles de personas en Riaza luce su mejor cartel. Y Jaime Wyatt forma parte de él. Admite con humildad y admiración que «es un honor» subirse al mismo escenario en el que actuarán este fin de semana nombres que «son ídolos» para ella. Steve Earle o John Hiatt han formado parte de la banda sonora de su vida y de su aprendizaje.

De todos modos, a la estadounidense no le es extraño el público español. El pasado febrero ofreció algunos conciertos en los que dejó claro por qué la 'americana music' y el country se rinden a su voz dulce pero herida, cristalina pero endurecida. Wyatt expresa su admiración por el poso que le dejó el contacto con el público de España. «No me esperaba que fuera tan receptivo y que acogiera tan bien mi música y las letras, que hasta se las sabían», comenta. Pero si hay algo de esos recitales intensos, acústicos y a flor de piel que le sedujo a la californiana es «el silencio, el respeto con el que escuchaban, muy diferente a otros lugares donde están charlando mientras estás en el escenario».

Hoy la expectativa cambia porque Jaime Wyatt muda su repertorio de las pequeñas y recogidas salas a un gran montaje, que es lo que les espera en Riaza a ella y a su banda. «Solo lo conozco por imágenes [se refiere al Huercasa Country Festival], pero tampoco he querido mirar mucho porque prefiero que me sorprenda», desvela con la ilusión contenida de una niña que en su cumpleaños solo piensa en abrir esa caja envuelta en papel brillante y coronada por un lazo.

Cuando hace esas pausas, Jaime Wyatt no está pensando la respuesta, sabe lo que quiere decir; son segundos en los que ella mira al techo para ver cómo hacer entender sus sentimientos. Porque hay contestaciones cargadas de emoción. Como cuando recuerda que a los 17 años su sueño de ser cantante country se resquebrajó. Firmó su primer contrato discográfico, pero naufragó justo cuando casi ni siquiera había empezado. Esa sensación de fracaso la ahogó en alcohol e intoxicó con el consumo de drogas. La desesperación la condujo a robar a su propio 'camello'. Y pagó por ello. Fue condenada cuando solo tenía 21 años.

Ocho meses en prisión, seis de tratamiento y tres años en libertad condicional por delitos graves moldearon a una nueva persona. «Trabajé duro, me hice más fuerte y aprendí lo importante que es tener otra oportunidad», sentencia la artista. Se redimió –asegura– y entonces termina de escribir unas canciones que había bosquejado en la cárcel y escribe otras nuevas que hablan de la bajada a los infiernos, el desamor, la decepción... y los sueños rotos.

Su disco 'Felany blues', editado en 2017, «habla de mi experiencia en la cárcel y cómo he sobrevivido a la adicción» a los estupefacientes. Por eso asiente y coincide cuando se le sugiere la asociación vital y musical: «mi vida es la música y mi música es mi vida», incide. Reconoce que «es más duro escribir sobre unos mismo porque expones tus sentimientos a los demás». Es la otra cara de la redención y liberación, el riesgo que decidió correr. De aquella experiencia salió «con mucha más confianza en mí misma», dueña de su destino, «empoderada».

Wyatt adopta un tono espiritual al definir la música en general, con independencia de estilos y géneros, como «una buena forma de transmitir valores y de entender la condición humana». Esa comprensión le lleva a confesar que «he llegado a sentirme un objeto» en esta industria. «Las mujeres lo tienen más difícil que los hombres», apostilla; sin embargo, la norteamericana no se autocompadece. Todo lo contrario. A pesar de la desigualdad y la discriminación provocadas por una posición dominante del hombre, «no me he considerado una víctima».

De ahí que comparta y apoye el movimiento feminista que ha emergido en Estados Unidos. «En un principio me sorprendió el poder con el que se ha manifestado –reconoce–, aunque las mujeres trabajan el doble de duro que los hombres, son más fuertes y ahora tienen más confianza en sí mismas».

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