120 kilos de basura en dos horas

Algunos de los participantes en la limpieza antes del comienzo de la recogida de basura. /Óscar Costa
Algunos de los participantes en la limpieza antes del comienzo de la recogida de basura. / Óscar Costa

Un váter, cajones frigoríficos o trozos de persiana son algunos de los objetos encontrados en los alrededores del Eresma

MARÍA MARTÍNEZSegovia

El proyecto Libera, surgido de las organizaciones Seo BirdLife y Ecoembes, junto con la Pandilla Basurilla, recogió ayer 120 kilos de basura en menos de dos horas, en el itinerario que une la puerta del cementerio con la antigua playa de las Arenas, a la orilla del río Eresma. Llenaron 17 bolsones grandes y seis medianos. «Esta iniciativa es importante porque somos una sociedad muy cochina, es decir, ensuciamos más de lo que nos creemos. No hay concienciación, generamos un montón de residuos y no nos preocupa. Estamos llenos de basura», decía Ángel Blasco, uno de los miembros de la organización.

Las 50 personas que participaron encontraron objetos como bandejas del coche, cajones frigoríficos, neumáticos, un váter, un extintor, trozos de persiana o reductores de velocidad como los que se sitúan en las carreteras. Todo ello acompañado de las clásicas colillas, bolsas de plástico, ladrillos o botellas. Una de las cosas que más preocupan son los caminos invadidos de pequeños trozos de cristal. «Estas iniciativas nos ayudan a observar lo que estropeamos el entorno. A lo mejor, vienes por aquí andando y no te percatas de los cristales, pero cuando te paras y ves que está lleno, te das cuenta de los problemas que pueden ocasionar, no solo porque te cortes, también pueden hacer efecto lupa», señala Ana Peñalosa, concejala de Servicios Sociales, Igualdad, Sanidad y Consumo, que participó en la recogida.

Siempre los mismos

La Pandilla Basurilla empezó por libre siguiendo la idea de los nórdicos: salir a correr y mientras tanto recoger los residuos que fueran encontrando. Consideran preocupante todo tipo de contaminación, la química en mayor medida porque «no se ve y no podemos recogerla con las manos». Además, destacan el papel fundamental que juegan los niños por ser los que van a vivir en el futuro, en un planeta «que está hecho un desastre», dicen. En este caso, los menores participantes mostraban conocimiento de la causa gracias a la educación de sus padres, que los convirtieron en protagonistas, lograron que casi la mitad de los que limpiaron el entorno natural fueran ellos.

«Al final, siempre se involucran los mismos. Los que realmente ensucian no están aquí. Los que ensucian permanecen en su casa. La forma de que se empiece a involucrar gente diferente es la escuela, la familia... educar y concienciar desde todos los ámbitos», añade Nikol Mariova, una de las participantes en la recogida. Durante la jornada se recordaba cómo, antiguamente, cuando la gente iba a pasar el día al campo con sus abuelos, eran ellos los que obligaban a no dejar nada de porquería por el suelo. Se reflexionaba sobre cómo el vivir del entorno, del campo, hacía que existiera más respeto a pesar de tener mucha menos información.

Varias convocatorias

Libera organiza cada mes de junio una recogida de basura en cualquier lugar que no disponga de un servicio de limpieza previo, en espacios no urbanos. Las quedadas del resto del año siempre son en puntos concretos. Para la mañana de ayer se estableció que recorrieran cien metros de largo y seis metros de ancho del río Eresma, en el punto de la antigua playa de las Arenas. Aquí recogieron nueve kilos. «Cuando paseo por el campo no me gusta ver lo veo. En la televisión nos muestran muy poco estas cosas y cada día hay más desastres naturales. El planeta no está yendo a bien».

Muchos de los que acudieron ya se conocían de otras ocasiones y, antes de las once de la mañana, hora a la que se convocó la quedada en el aparcamiento del parque del cementerio, ya comentaban sobre los anteriores encuentros y la situación del planeta. A pesar de los 25 grados y el sol pegando de lleno, ninguno quiso faltar en su propósito de cuidar la naturaleza y limpiarla.

La manifestación realizada el viernes 27 de septiembre, que partió desde la vieja estación de ferrocarril hasta el Azoguejo, en contra del cambio climático, fue otro de los actos convocados para mostrar la preocupación que existe. En ella, se mantuvieron la mismas declaraciones que las escuchadas ayer en el río Eresma como que la gente no se da cuenta de que su modo de vida lleva a la realidad de la que todos se quejan aunque no actúen y de que ya no hay tiempo para más explicaciones. Se reivindica la importancia de los actos ante la palabra. También se habló de soluciones a largo plazo, como la obligatoriedad de otro tipo de vehículos de desplazamiento.