La Junta prepara un parque micológico en la sierra de Ayllón a El Espinar

Dos cestas con setas recogidas en la provincia de Segovia./Antonio de Torre
Dos cestas con setas recogidas en la provincia de Segovia. / Antonio de Torre

La Junta de Castilla y León perfila un convenio para la explotación de las setas

LUIS JAVIER GONZÁLEZ

La regulación de la recogida y comercialización de las setas plantea un quebradero burocrático para los municipios más agraciados por el monte, pero también supone una oportunidad económica a explorar. Es la idea que ha planteado la Junta de Castilla y León a 36 ayuntamientos de la provincia que cubren las grandes zonas de recolección, desde el límite de Soria hasta el de Ávila. Con la concesión de la zona regulada a punto de vencer –el 31 de diciembre– el mensaje es transformarla en uno o varios parques micológicos, un modelo para rentabilizar el recurso de las setas y que repercuta en las economías municipales en forma de hostelería o turismo.

La Junta comenzó hace una semana sus comunicaciones con 36 ayuntamientos mediante una primera reunión, donde también difundió la nueva normativa en la materia. Desde octubre del año pasado, ha entrado paulatinamente una nueva regulación que afecta a la recolección y a las condiciones que se tienen que dar para la distribución de las setas; hoy entra en vigor la parte de comercialización.

«Lo que queremos es hacer ver que es una oportunidad para todos. No se trata simplemente de acabar con los abusos, sino de potenciar el recurso turístico, ecológico y económico que puede suponer para amplias zonas de nuestra provincia», explicó el delegado de la Junta en Segovia, Javier López-Escobar.

El Decreto 31/2017, que plantea regular el recurso micológico, solo se aplica en los terrenos forestales –hay hongos como la seta del cardo que crece en terrenos agrícolas y están excluidas–y deja a un lado el autoconsumo –se considera consumo esporádico la recolección por debajo de los tres kilos siempre que no se dedique a la venta– y el uso no alimentario, como las cremas.

Aunque plantea la opción de prohibir algunas setas si su sostenibilidad está en peligro, no se ha dado aún ningún caso. Los municipios reservan zonas de recogida, bien sea el total o solo una seta en particular– y autorizan a los recolectores mediante una licencia para operar en un terreno que puede estar o no acotado. A partir de este mes, quien lleve consigo una cantidad que exceda el autoconsumo deberá acreditar su procedencia.

Los parques micológicos plantean la posibilidad de convertir un engorro como los permisos, que apenas supone una rentabilidad para los municipios, en algo más. «No hemos sido capaces de potenciar esa unión de las zonas, señalizarlas convenientemente y convertirlo en un recurso que genere beneficios a los propietarios del monte. Hasta ahora, lo que se va recaudando nos permite pagar los gastos de toda la gestión y sentar las bases de esta regulación que queremos que se convierta en potenciadora de riqueza», subraya López-Escobar.

Más oportunidades

«Segovia tiene un monte de muy alta calidad, pero todavía genera muchas más oportunidades. Queremos que esto sirva como un atractivo para que haya actividades de varios días que tengan en cuenta las casas rurales, la didáctica y que vaya gente a comer setas y aprender cómo se cocinan», apunta el delegado, que pone como ejemplos a sectores como la madera, la pesca o la caza, habla del Parque Natural de la Sierra Norte del Guadarrama (el área en el que es competente la Junta) como «un recurso inagotable» y de las posibilidades de toda la tierra de pinares.

El contexto ayuda. López-Escobar sonríe ante un año «magnífico» en cuanto a incendios, por su ausencia. «Eso se debe a cómo tratan el monte los que viven en él», añadió. Como en otras actividades, en las setas hay un porcentaje del 15% que se destina a mantenimiento y prevención de incendios. El mensaje de la Junta es que el modelo acotado puede ser una solución para zonas sin una gran riqueza micológica pero no aprovecha las posibilidades de la provincia ante ejemplos como el soriano, con una gran apuesta por explotar el valor añadido del sector.

La idea es aprovechar la cercanía con Madrid y dar al visitante motivos para que alargue su estancia; en este aspecto, la labor de cada municipio para acordar paquetes con su red hostelera será crucial para generar ingresos en la economía local. Una vez puesto en marcha el parque, el objetivo es tramitar los servicios a través de una plataforma digital para recudir la burocracia en el procedimiento.

Más de 3.000 permisos

El año pasado se vendieron un total de 3.078 permisos, haciendo un importe total de 13.493 euros. El 67% de estos permisos fueron locales, expedidos a los propios vecinos empadronados en las zonas reguladas.

Un parque micológico debe tener un mínimo de 10.000 hectáreas, que no tienen por qué ser continuas, y se declaran por un periodo de entre tres y 20 años, aunque la cifra planteada apunta a 10. Eso sí, el calendario aprieta. La campaña de este otoño está cubierta con la concesión de la empresa Cesefor, pero a partir del 1 de enero habría un vacío.

El invierno da un margen para preparar la nueva temporada, en primavera, pero el trámite se iniciará en breve. La Junta mandará un borrador a los municipios interesados –los que están ahora en la zona regulada y los que quieran añadirse– para crear una entidad gestora que se encargue de un concurso público para adjudicar el contrato. El planteamiento es firmar el convenio a finales de año, que pueda adjuciarse el contrato en marzo y que el parque estuviera en marcha en Semana Santa. Sería, además, el primer convenio de este tipo firmado en la región, pues Soria se organizó a través de la Diputación. Para tantos ayuntamientos pequeños de la provincia, con un secretario compartido del que disponen una tarde a la semana, el convenio representa un paraguas y una razón para sentarse en la misma mesa.

«Los municipios pequeños van a ser los más beneficiados porque lo que hacemos es poner los recursos de todos a disposición de todos. Ayudarles a sacar rendimiento de ese bien que está en su territorio es mucho mejor que si estuvieran por separado», ahonda el delegado.

Otro argumento es la diversidad; una de las claves de la fórmula rural es contar con varias patas para que el hundimiento de un monocultivo no lo arrastre todo. Sin grandes alardes, el modesto objetivo es asegurar un otoño con más movimiento.

Reducción de prácticas ilicitas

El sector medioambiental de la provincia está muy pendiente de cómo se concretará la entrada en vigor de los requisitos para comercializar las setas, a partir de este mes. A la postre dependerá de la vigilancia de la Guardia Civil, a través del Seprona. Con la nueva normativa en la mano, la recogida de más de tres kilos de setas -el máximo marcado para el autoconsumo- debe tener su origen acreditado. De no ser así, el material sería requisado y posteriormente destruido por razones de salud pública.

La Junta ha trasladado a los ayuntamientos la inminente entrada en vigor para que informen a sus vecinos y evitar que un recolector que vende una pequeña cantidad de setas sea sancionado sin conocer los cambios. Su delegado en Segovia, Javier López-Escobar, defiende las fortalezas del sector ante la mala praxis. «Las setas hasta ahora están identificadas como un producto gratuito y de fácil acceso. Desde el aficionado o la familia que acude a nuestros montes a recolectarlas a los desaprensivos que arrasan con los pinares y producen recolectas masivas para venderlas de manera poco regulada, se ha dado todo tipo de casuística», apunta.

El delegado alerta de que la recogida de setas «mal hecha» tiene consecuencias ecológicas «que pueden ser graves» y se muestra optimista. «Para el usuario no cambia mucho, la regulación viene a ser la misma. Tendrá que tener un permiso y los permisos de ocio son sencillos. Además, le va a dar seguridad, sin la molestia de encontrarse con esas recolectas masivas. Yo dejé de ir al monte porque resultaba molesto encontrarse de pronto con 50 o 60 personas arrasando. Esto queremos que desaparezca para que haya un uso de ocio regulado».

Además de permitir al recolector operar en cualquier municipio dentro del convenio, el proyecto de parque micológico prevé aportar informaciones añadidas sobre el tipo de setas, los recursos cercanos y dónde comercializarlas.

Con esto quieren atacar las malas prácticas. «Están bajando (las malas conductas) pero en el momento en que haya una zona amplia declarada y nos responsabilicemos todos, tiende a desaparecer de un modo natural. Eso pasa con la pesca o con la caza, es difícil combatir el furtivismo pero el furtivismo es residual. En las setas era todo furtivismo hasta la regulación, y estamos en el camino de ir separando las ovejas blancas de las negras», concluye López-Escobar.

 

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