Una joya desconocida en pleno corazón de Segovia

Una de las estancias del monasterio gótico-mudéjar, de mediados del siglo XV. /Antonio Tanarro
Una de las estancias del monasterio gótico-mudéjar, de mediados del siglo XV. / Antonio Tanarro

La historiadora Pilar Fernández Vinuesa se marca como objetivo revitalizar el monasterio para que ocupe el lugar que le corresponde «como referencia patrimonial»

El Norte
EL NORTESegovia

Después de inventariar durante años los conventos de la ciudad de Toledo, Pilar Fernández Vinues dirige desde el pasado mes de septiembre el museo del convento de San Antonio el Real de Segovia, una «joya desconocida» que se mantiene sin alterar con el paso del tiempo y cuya visita es «como hacer un viaje al siglo XV». Así lo explica esta toledana, historiadora del Arte y experta en didáctica de museos, cerámica y patrimonio conventual. Fernández Vinuesa resalta la singularidad y belleza de San Antonio el Real, un monasterio que «conserva todo el sabor de la época» y cuya visita es «como hacer un viaje al siglo XV».

Un dato que dice mucho sobre lo apenas alterado que se mantiene el convento es que una de sus salas conserva los mismos suelos de barro que se instalaron en el año 1456. San Antonio el Real es un monasterio gótico-mudéjar de mediados del siglo XV que mandó construir Enrique IV, hermanastro de Isabel la Católica, aunque finalmente el rey murió en Madrid y pidió ser enterrado en el monasterio de Guadalupe junto a su madre, María de Aragón. De esta forma, el panteón que el rey había planteado como última morada es «absolutamente desconocido» todavía hoy pese a su belleza, ya que nunca se ha abierto al público. Tampoco lo está ahora.

Retablo único en Europa

Lo visitable del monasterio segoviano es la iglesia con sus dos elementos excepcionales, un retablo del siglo XV formado por más de 130 figuras talladas en nogal que representan el calvario y que es «único en Europa», y la cubierta del presbiterio, una armadura mudéjar «de lo mas bello que he visto», describe Fernández Vinuesa.

También se puede visitar la sacristía, uno de sus cuatro claustros y otras dependencias como sala capitular, la sala de los frailes, el refectorio o las capillas. En suma, Fernández Vinuesa subraya que el monasterio «conserva milagrosamente todas las armaduras mudéjares de primerísima calidad como se realizaron a mediados del siglo XV». Precisamente, su trabajo durante años inventariando los conventos de Toledo (entre otros, el de San Clemente, el de Santa Úrsula, el de Santo Domingo el Real, el de la Purísima Concepción o el de Santa Isabel de los Reyes) permite a esta experta reconocer el valor del monasterio segoviano. En este sentido, reflexiona que en ciudades como Segovia y Toledo –las dos son Patrimonio de la Humanidad– muchas veces no se piensa en los bienes de la Iglesia desde una perspectiva turística, por lo que suelen ser edificios que se visitan poco pese a su gran valor y belleza. De hecho, uno de los trabajos de los que más orgullosa se siente es el proyecto museológico que realizó para el toledano convento de Santa Isabel de los Reyes, cuyo museo abrió en 2005 y permite conocer un auténtico refectorio del siglo XV.

Su vinculación actual con Segovia también guarda relación con Santa Isabel de los Reyes, ya que en este convento toledano surgió su relación de amistad con las clarisas, las religiosas que llegaron en 1488 a San Antonio el Real y que desde entonces no han salido, «ni durante las desamortizaciones siquiera», matiza. Del convento segoviano subraya Pilar Fernández Vinuesa que «es un edificio tan bello que no puedo entender que todavía haya segovianos que no lo conocen», aunque al mismo tiempo apunta que su ubicación, en el arranque del Acueducto, resulta idóneo para incorporarlo a la visita turística de la ciudad.

«Es impresionante», resume esta estudiosa de los conventos, que desde el pasado 1 de septiembre tiene como objetivo revitalizar el monasterio segoviano y que ocupe el lugar que le corresponde «como referencia patrimonial y sello de identidad de Segovia».