«¡Los hombres descienden sobre la Luna!»

Arriba, el periodista Cirilo Rodríguez, en su redacción. A la derecha, momento en que el hombre se dispone a pisar la superficie lunar, el 21 de julio de 1969. /Archivo de Rtve y Efe
Arriba, el periodista Cirilo Rodríguez, en su redacción. A la derecha, momento en que el hombre se dispone a pisar la superficie lunar, el 21 de julio de 1969. / Archivo de Rtve y Efe

El periodista segoviano Cirilo Rodríguez narró para RNE la hazaña histórica del Apolo XI, de la que se cumplen 50 años

PATRICIA MARTÍN-ICALSegovia

El periodista segoviano Cirilo Rodríguez hizo historia el 21 de julio de 1969. Como corresponsal de RNE en Estados Unidos, les contó a millones de españoles la hazaña de la llegada del hombre a la Luna. Unos años en los que la radio era medio de comunicación de masas, la televisión no había llegado a todos los hogares. Medio siglo su legado sigue vivo con la entrega anual del Premio de Periodismo para Corresponsales y Enviados Especiales en el extranjero que organiza la Asociación de Periodistas de Segovia.

La voz de Cirilo Rodríguez suena majestuosa y emocionante en la grabación de 44 minutos, especialmente los diez primeros, que se puede escuchar en la arhivo de la web de RTVE y en varias páginas radiofónicas que seleccionan las grandes crónicas radiofónicas. Con alguna de otra dificultad, el periodista segoviano comenta las imágenes que veía en un monitor desde Houston, con todo lujo de detalles.

Una narración radiofónica de un episodio histórico: «¡Está tocando la superficie de la Luna en este momento, está probando si la superficie de la Luna es compacta! ¡Es la culminación de una hazaña histórica! ¿De la hazaña espacial! ¡De la consecución de un sueño de siglos! ¡Los hombres descienden sobre la Luna!».

El corresponsal de RNE en Estados Unidos definió a Neil Amstrong y de Buzz Aldrin como dos hombres para la historia, como lo fue él también con su narración para millones españoles que no tenía televisión y fueron testigos, pegados a la radio, del «logro científico del Apolo XI». Una narración tan viva que en un momento dado, Cirilo Rodríguez pide disculpas «a Madrid» por haberse emocionado.

El corresponsal segoviano, en una entrevista concedida al periódico El Faro de Vigo y recogida por Alejandro Macías en un blog, Carta de Ajuste, confesaba sobre su famosa crónica desde Houston, que llegó a perder «la noción de lo que me rodeaba» y solo se centró en «la sombra de un ser humano sobre el satélite de la Tierra». En esta entrevista, Rodríguez recordaba estar delante del micrófono y gritar durante veinte minutos, por eso, cuando le dijeron que su transmisión de la llegada del hombre a la Luna, quedarían grabadas como ejemplo de profesionalidad en la radio, «no podía creerlo» ya que «realmente no recordaba una sola palabra de cuanto dije».

Para Cirilo Rodríguez, un corresponsal es un buen periodista que añade «rapidez adicional en lal redacción», capacidad para improvisar un comentario, si hoy hay tiempo para escribir, «un preocupación constante por la actualidad» y «el sacrificio para aceptar la jornada de 24 horas». Al periodista y fotógrafo Tico Medina, en la revista TeleRadio, le confesaría que «hay que saber cuándo ocurren las cosas en un país. Y si no se saben, no se es un buen profesional, aunque estés todo el día escribiendo a máquina».

Muerte repentina

El periodista segoviano, en la cumbre de su carrera, falleció por un paro cardíaco el 21 de noviembre de 1980, en su casa de Madrid, con tan solo 53 años. Había regresado de Estados Unidos a la capital de España para seguir dejando su impronta en el periodismo nacional. Su sobrino, el también periodista Fernando Sanjosé Rodríguez, recuerda que estaba preparando junto a Jesús Hermida, corresponsal de TVE en Estados Unidos, un informativo al estilo americano.

La muerte de Cirilo Rodríguez causó una gran conmoción y fue portada no sólo en los periódicos, curiosamente también en las revistas del corazón. Un dato que recuerda Fernando Sanjosé, que tenía 13 años, de aquel funeral que fue «un grandísimo despliegue de medios serios y del corazón». También recuerda que estaba «lleno de mujeres, todas enamoradas de Cirilo Rodríguez» porque su tío tenía muy buena planta, además de ser «muy especial, con mucho don de gentes, sabía hacerse querer y convertirse en el centro de cualquier reunión. Con mucho carisma».

La voz de Cirilo Rodríguez formaba parte del día a día de los segovianos que se sentía muy orgullosos al escuchar a su paisano en las crónicas que hacía desde Nueva York, «en el parte de Radio Nacional de España de las dos de la tarde». Fernando Sanjosé remarca que la radio era «un aparato mucho más habitual en las casas que las televisión. Se oía mucho más la radio».

Cirilo Rodríguez tenía cuatro hermanos y seis hermanastros pero «siempre se trataron todos como hermanos». Su sobrino remarca que decidió aprender idiomas trabajando en el Hotel Sirenas y allí conoció a unos americanos que le llevaron a Estados Unidos, donde aprendió inglés.

Admiración y cariño

Su calidad como periodista ya era indudable habiendo conseguido un Premio Ondas, mientras trabajaba en Radio Segovia. Fernando Sanjosé asegura que, durante su paso por Radio Segovia, pudo sentir «la admiración y cariño» que sentían por Cirilo. De hecho, la plaza donde están situados los estudios de Radio Segovia lleva el nombre de Cirilo Rodríguez y, en la puerta hay una placa en homenaje y recuerdo al gran periodista radiofónico. Cirilo Rodríguez consiguió una plaza en Radio Nacional de España y cuando hubo una vacante de corresponsal en Estados Unidos, «mi tío que era muy espabilado y era de los pocos que sabía inglés», acabó en Nueva York. Cirilo Rodríguez convirtió su casa en lugar de acogida y guía turístico de cuántos segovianos y españoles de otras latitudes iban a la ciudad neoyorquina porque «era muy hospitalario».

Los recuerdos eran «del tío que vivía en América» porque «lo raro» era verlo en España, ya que los viajes transoceánicos no eran tan habituales como ahora. «No le veíamos demasiado y siempre que venía traía cosas de Estados Unidos que era como traer cosas de un mucho más avanzado en una España atrasadita por aquel entonces». Fernando Sanjosé tiene guardado en su casa las placas de matrícula de una gran coche americano con el que un buen día apareció Cirilo en Segovia, causando mucha sensación entre sus paisanos.