Los forcados de Alenquer se ganan el derecho a volver a Cuéllar

Segunda pega de los forcados de Alenquer. /D.M.
Segunda pega de los forcados de Alenquer. / D.M.

En una tarde de nulo interés, salvo las pegadas de los portugueses, ni el rejoneador Paulo Jorge Santos ni los novilleros José Cabrera y Héctor Gutiérrez pasan del silencio

MÓNICA RICOCuéllar

Solo un tercio de plaza para ver el festejo mixto que cierra las fiestas de éste año, y el final ha sido para olvidar, con una tarde de nulo interés. Los novillos de Simón Caminero, desiguales y de escaso juego, y el sexto bis de Caridad Cobaleda, impresentable para una plaza como la de Cuéllar. Lo más destacado de la tarde fue la actuación de los Forcados de Alenquer, que dieron dos vueltas al ruedad y recibieron una grandísima ovación.

Abrió plaza el rejoneador Paulo Jorge Santos ante un toro imposible que decidió 'hacer la estatua' desde su salida. Solamente se movió tras recibir el primer rejón de castigo, persiguiendo al caballo hasta lograr alcanzarlo. No tuvo ninguna opción el luso, que no se cansó de intentar agradar al respetable.

Muy meritoria actuación de los forcados. Tras un primer intento de pega en el que no pudieron hacer limpiamente la suerte, arriesgaron en el segundo colocándose a apenas metro y medio del astado para provocar su arrancada, haciendo una gran pega y llevándose una fuerte ovación. Vuelta merecida para el pegador, no así para el rejoneador que decidió acompañarlo. Con el cuarto de la tarde, el novillo de mejor condición del festejo, que perseguía la montura con celo, el jinete puso varias banderillas tocando el astado al equino en más de una ocasión, por suerte sin mayores consecuencias. Lo más destacable del portugués fueron las banderillas al violín. Y destacó de nuevo una gran pegada de los forcados de Alenque, que año tras año se ganan el derecho a volver. Muy merecida vuelta al ruedo de su pegador.

Sin lucimiento

El almeriense José Cabrera tuvo la desgracia de encontrarse con el peor novillo del festejo, el segundo de la tarde, que buscaba en todo momento a los banderilleros haciendo caso omiso de los engaños. En una de esas cogió a uno de los subalternos, aunque por fortuna solo sufrió una conmoción y una fuerte brecha en la frente. El novillo, lejos de mejorar, fue a peor. Imposible por el pitón izquierdo. Cabrera intentó lucir en banderillas con un meritorio primer par y dos al violín sin lucimiento. Ya con la muleta lo intentó por el pitón derecho pero el astado no tenía un pase, siempre buscando las tablas y apretando hacia adentro. Muy meritoria labor del novillero que no olvidará fácilmente a éste número 17 de Simón Caminero.

Con el quinto Cabrera no pudo lucirse con el capote. Nuevamente volvió a banderillear, un primer par bueno y dos que no aportaron nada; uno de ellos, al violín, no llegó ni a clavar. Con la muleta fue un mar de dudas y evidenció falta de oficio ante otro novillo sin opciones, que le esperaba con el 'freno de mano' echado. Con la espada, tras varios pinchazos, descabelló a la primera. Su labor fue silenciada.

El tercer espada era el mexicano Héctor Gutiérrez, se enfrentó en primer lugar a un astifino novillo que le permitió instrumentar algunas series por el pitón derecho, si bien es cierto que todo lo ponía el novillero, aguantando las tarascadas de un astado que se quedaba corto. Tras una estocada caída fue silenciado. En sexto lugar salió un astado de la C que en el poco tiempo que estuvo en el albero puso en aprietos en más de una ocasión al joven espada. Tuvo que ser devuelto tras acalambrarse y en su lugar saltó al ruedo un novillo de Caridad Cobaleda, de escaso trapío, con apariencia de eral y de nula condición. La lidia fue un desastre. Quiso ponerse el novillero, pero el astado no pasaba, no tenía faena. Estocada e incontables golpes de descabello para recibir el silencio del público asistente.