«Estoy fascinado con los 'millennials', si les damos poder para que piensen van a cambiar el mundo»

Sergio Calleja, en un aula del Colegio Maristas. /Óscar Costa
Sergio Calleja, en un aula del Colegio Maristas. / Óscar Costa

Sergio Calleja, profesor de Literatura y Filosofía en el Colegio Maristas, está nominado al premio de mejor docente de España

LUIS JAVIER GONZÁLEZ Segovia

Sergio Calleja Muñoz figura entre los 58 nominados al premio Mejor Docente de Esaen la categoría de Secundaria y Bachillerato, en la segunda edición de los galardones que entrega Educa Abanca, una plataforma virtual para la mejora de la calidad educativa. Nacido en Aranda de Duero (Burgos) este profesor de 39 años lleva 16 impartiendo Literatura y Filosofía en el Colegio Maristas y tiene un blog con muchos seguidores, 'Callejeando con Calleja'. Son los alumnos quienes nominan a los docentes y la organización ha seleccionado al medio centenar entre más de 500 perfiles que elaboran los estudiantes. Los docentes deben ahora acreditar una serie de parámetros puntuables –desde satisfacción del alumnado a formación o investigación– para entrar en una lista final de 10 seleccionados que la plataforma publicará el 5 de diciembre. El ganador se conocerá en enero.

–¿Qué significa un reconocimiento así?

–Para mí el premio ya está dado. Que los alumnos piensen que tú mereces un premio así ya es un orgullo. Significa responsabilidad. De verdad, no creo que sea el mejor. Pero lo que sí quiero es ser mejor cada día.

–¿Y cómo se logra ser mejor cada día?

–La clave de un buen profesor no es tanto que sepa transmitir contenido como que sus alumnos aprendan a vivir, a ser, a saber qué quieren. Yo doy 4º de la ESO y Bachillerato, un momento precioso en su vida, y tengo que enseñarles a pensar y ser autónomos. Hay que mirarles a los ojos con fe y decirles que crees en ellos, independientemente de que comentan errores o actúen sin pensar. Yo, como educador, creo en cada uno de mis alumnos y sé que pueden conseguir lo que quieran. La clave está en mirarles como adultos, dar importancia a sus problemas, con sus novios o novias, con sus padres, presiones externas, amigos… Es una edad de mil sentimientos encontrados.

–¿Les faltan referentes o les sobran?

–Les faltan palabras sinceras. Estoy en contra de que sean la promoción de lo audiovisual. Yo en clase no pongo un vídeo de YouTube. Están acostumbrados a tanta calidad en imágenes que les conmueve una palabra de verdad. Mi mejor arma es la palabra y el requisito principal de un buen profesor es ser un buen comunicador.

–¿Qué hace a un buen profesor?

–Yo creo que debe tener sentido del humor, sin eso no se puede dar una clase. Los chicos tienen que entender que esa asignatura les sirve para algo y debe ser creativo para que vean que hoy Platón les sirve. Y eso se hace comparando el mito de la caverna con su habitación, o los presos de la caverna a cuando se enganchan a la Play.

–¿Hay malos profesores?

–Para mí, no. Cuando una persona se atreve a entrar todos los días seis horas en distintas aulas… Estamos en un momento de inflexión, la educación ha cambiado y hay muchos profesores que llevan dando la clase 20 años de determinada manera y ahora, que usamos el móvil en el aula o tenemos grupos cooperativos, alguno te dice: «Es que parece que no sé dar clase». Y me parece injusto para ellos.

¿Hacia dónde vamos?

–Poner el acento en lo memorístico ya no tiene sentido. Las fechas y los autores están en el móvil. Y jugársela solo a un examen no tiene sentido, el alumno debe saber evaluarse a sí mismo. Yo no le voy a castigar.

–¿Cómo ve a los 'millennials'?

–Estoy fascinado con los 'millennials'. Creo que es una generación preparada, inteligente, con mil recursos a su alcance… y no se lo cree. Porque todo lo que recibe es: «Sois unos vagos, no paráis de mirar el móvil, estás absorbidos por la tecnología…». No les dejamos pensar. Si damos a un grupo de 'millennials' poder para que piense, cambian el mundo. Pero no nos interesa. Queremos ingenieros, no filósofos.

–¿Pierde un profesor la motivación con el tiempo?

–Yo no [ríe]. Yo creo que se pierde la motivación, cuando un profe repite lo que ha hecho un año durante 20. Hay quien dice: «No me vas a enseñar tú a dar clase cuando llevo 20 años». Y es mentira, lleva uno. Hay que reinventarse porque cada promoción es distinta. Hay grupos que artísticamente son una pasada y les adaptas toda la asignatura a modo visual, que pinten, rotulen o expongan. Otros necesitarán vídeos o Internet. La formación continua es fundamental, yo no paro de leer y voy a otros coles. Y el entorno. Yo sin mi claustro de profesores no podría hacer nada de lo que hago, porque muchas actividades son cultura de centro. Todas las asignaturas cultivamos de una forma u otra la cultura de pensamiento. Si soy el único que les pone en grupos de cuatro me verían como un loco, pero si lo hacemos todos... No lucho en solitario.

 

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