«Si una familia no come, ¿de qué sirven farolas o calles arregladas?»
Veinticuatro establecimientos de alimentación y más de cien voluntarios participan este fin de semana en Segovia en La Gran Recogida
En un país donde la pobreza alimentaria sigue golpeando a miles de hogares, La Gran Recogida ha empezado este viernes con mucha fuerza, también en ... Segovia. Organizada por la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), la campaña solidaria, que se desarrolla del 7 al 9 de noviembre, tiene como fin la recolección de alimentos no perecederos y la donación de dinero para abastecer a las familias más vulnerables. El objetivo nacional es ambicioso: superar los diez millones de kilos de alimentos o su equivalente en euros, y movilizar a más de 75.000 voluntarios en los cincuenta y cuatro bancos de alimentos adheridos.
En Segovia, el Banco de Alimentos afronta estas jornadas con el 'stock' «apretado» después de meses de alta demanda. La sensibilización es fundamental. «Hay necesidades reales en Segovia, que tiene cerca de cinco mil parados y muchas familias que no cubren lo básico», explica Rufo Sanz, presidente del Banco de Alimentos provincial. «La campaña tiene dos vertientes: alimentos o dinero en caja, pero lo importante es contribuir. Esta recolección de final de año nos ayuda a mantener el almacén abierto, las furgonetas en marcha y a repartir a las asociaciones que lo piden». Sanz, vicepresidente de FESBAL en Castilla y León, se queda con la solidaridad segoviana: «Somos una provincia pequeña, pero siempre figuramos entre las más solidarias de la región».
La campaña involucra a veinticuatro establecimientos y más de cien voluntarios. Grandes superficies, como Carrefour, y comercios de proximidad facilitan la colaboración: los voluntarios despliegan mesas en los accesos para recibir donaciones de productos imperecederos, como aceite, leche, conservas, pasta o legumbres. «Algunos supermercados admiten solo alimentos y otros, solo donativos en caja, y eso complica un poco al voluntario que informa. Ojalá todos aceptaran las dos cosas, para facilitar aún más la colaboración, pero al final, lo que cuenta es la generosidad de la gente», admite Sanz. La campaña se prolongará en varios centros hasta el final de la semana que viene, lo que permitirá contribuciones extras.
El voluntariado es el corazón de la iniciativa. En Segovia, el Banco cuenta con alrededor de veinte agentes habituales, pero estos días el número supera el centenar. «Este año colabora el IES La Albuera y es fantástico que los chavales se impliquen para ver de cerca la solidaridad y las necesidades reales que tienen muchas personas. Acaban cansados, pero su energía es contagiosa». Amigos y familiares de los voluntarios también aportan su granito de arena, de manera que acaba creándose una red que multiplica el impacto de la campaña.
Además de las compras y donaciones en los supermercados, hay otras vías para participar. Los interesados pueden realizar sus aportaciones económicas a través de granrecogida.org, donde cada euro se destina íntegramente a la compra de alimentos, siempre en consonancia con las necesidades de cada lugar. «Es equitativo. FESBAL reparte según el censo de beneficiarios de cada provincia». Y no falta la aportación de las empresas. «Hoy mismo nos han llamado de Uvesa, de Cuéllar, para donarnos productos congelados. El tejido industrial segoviano siempre responde». Estas donaciones diversifican el 'stock', que antes de la campaña «andaba ya un poco flojo en algunos productos».
Detrás de la solidaridad están los desafíos. «El mayor problema es el económico: la luz, el gas, las furgonetas... Todo sube, y nuestras ayudas fijas son mínimas», confiesa Sanz, que lleva «demasiados años» al frente del Banco de Alimentos de Segovia, sin que surja un relevo. «Es difícil presupuestar sin cuotas mensuales estables, y a veces no queda más remedio que ponerlo de tu bolsillo. Pero si no bebemos ni fumamos, al menos somos útiles a los de al lado». En Castilla y León, Segovia destaca por su solidaridad per cápita, pero Rufo Sanz urge a las instituciones: «Ayuntamientos y diputaciones varían mucho. Ávila, por ejemplo, nos triplica en ayudas, pese a ser algo más pequeña. Si una familia no come, ¿de qué sirven farolas o calles arregladas? Pedimos que se estiren un poco más, porque los gastos fijos nos agobian».
Las necesidades siguen siendo elevadas, aunque no lo parezca. «En verano bajó la demanda. Es lógico, pues sube el empleo. Pero ahora volvemos a lo mismo. Nosotros siempre priorizamos a niños y mayores, que no pueden esperar».
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