«En los espectáculos infantiles a veces se sobreprotege al espectador»

Adultos y niños escuchan a Pablo Albo en el atrio de la iglesia de San Lorenzo. /Antonio de Torre
Adultos y niños escuchan a Pablo Albo en el atrio de la iglesia de San Lorenzo. / Antonio de Torre

El escritor y cuentacuentos alicantino Pablo Albo abre el Festival de Narradores Orales de Segovia, que cumple veinte años

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Pablo Albo (Alicante, 1971) defiende la identidad particular del cuento. «Tiene la característica de que quien realmente lo construye no es el narrador, sino quien lo escucha y lo imagina. Si yo hablo de un carpintero, cada persona elige de su propio imaginario quién es». Si muestra la imagen de un árbol, todos verán el mismo; «si solo expone el concepto, se produce un diálogo íntimo entre el narrador y cada uno de sus oyentes». Así es como el espectador se convierte en una parte activa. «Busco el deleite de la escucha, no tengo ninguna intención pedagógica ni educativa. Mi intención es artística, hacer disfrutar con las palabras», explica este alicantino, que ayer abrió en San Lorenzo y en la Casa de Andrés Laguna la vigésima edición del Festival de Narradores Orales de Segovia, que hasta el 14 de julio celebra su vigésima edición y que este año traerá a Segovia, además de a Pablo Albo, a Espido Freire, Pepe Maestro, Tomás Sánchez Santiago, Quico Cadaval, Care Santos, Amancio Prada, Raquel Lanseros y Luis Marigómez.

Albo, de 48 años, reivindica la narración para adultos. «La gente piensa automáticamente que el cuento es una cosa infantil y no es así». Su filosofía de la narración desdeña el valor de las moralejas. «Muchas veces enturbia el valor literario del cuento. Un artista no puede ser un educador, que es una figura importante pero diferente. Nuestra misión es sorprender con la belleza». Tras 25 años de trayectoria, sigue preguntándose cómo lograr sorprender, incluso a sí mismo. «Muchas veces yo me escucho cosas que no sabía que iba a decir». Este narrador tiñó la Casa de Andrés Laguna con una biografía falsa sobre una figura del flamenco que no llegó a actuar ante ningún público. El cuento narra la historia de su familia, con una hermana drogadicta, un abuelo sabio y tuerto, una madre promiscua o un padre ausente. «Es absurdo, sórdido y, por momentos, suculento» Con un espacio para la poesía, momentos humanos y escenas donde roza la grosería se forma un rico conglomerado.«El humor es la salsa en la que metemos todos estos ingredientes».

Pese a su apuesta por el cuento adulto, Albo es también escritor de literatura infantil, con unos 50 libros publicados. «Tengo el vicio del humor, nos reímos muchísimo». Acepta su etiqueta de narrador irreverente, pero matiza: «No soy maleducado. Yo quiero al público, pero no tengo esa visión paternal que tienen otros ante espectáculos infantiles. Soy amigo de los niños, les trato como personas y tengo un profundo respeto por ellos».

En función del ambiente

El alicanto elige en el momento su repertorio, en función del ambiente y las edades de los niños. Así lo hizo ayer en el privilegiado entorno del atrio de la iglesia de San Lorenzo. «A veces, en los espectáculos infantiles se dulcifican demasiado las cosas y se sobreprotege al espectador», asegura Albo, que se define como narrador y diferencia su figura de la de cómico porque sus historias son también tristes y melancólicas. «En mis espectáculos prevalece el humor, pero una sesión de cuentos es un paseo por muchas emociones, no solo la risa». «Llevo toda la vida escuchando que los cuentos están empezando a ponerse de moda. Creo que es una actividad minoritaria y desconocida porque, por las propias características del espectáculo, no se puede hacer para grandes aforos. La narración tiene un elemento de intimidad; sin él, se pierde toda la gracia».

En una ruta por España, Reino Unido y México, con tres o cuatro actuaciones semanales a lo largo de 2019, Albo sitúa el festival segoviano en el top 3 nacional. «Se ha sabido programar muy bien y ha elegido un gran sitio. Y cuando haces las cosas bien, el público responde mayoritariamente. Pero eso son 300 o 400 personas». Albo lamenta que no se confíe en el valor artístico de la propuesta. «Se intenta ver como una cosa para concienciar de valores, que son muy positivos, pero contaminan el hecho de contar y escuchar, que en sí mismo es un valor superior a cualquier otro».

La narración con niños incluye elementos más lúdicos porque la atención es menor y los cuentos son más cortos. «La literatura infantil permite que cualquier cosa sea un personaje; un animal, una tostadora, una nube… Se puede usar en adultos, pero hay que llevar más cuidado». El concepto cambia en el público adulto, pero no drásticamente. «Sé que tienen más capacidad de atención y trato temas como el sexo, momentos sórdidos o críticos». En esencia, es un diálogo intimista. «El narrador no cuenta el cuento, te cuenta el cuento y mira a los ojos a esa persona».

¿Qué distingue a un buen narrador? «Que disfruta contando las historias. Cuando el público disfruta es porque el narrador le ha contagiado su placer». Habla de un imaginario bien urdido. «No es repetir algo de memoria, sino alguien que está imaginando en el momento lo que está contando. El narrador se asoma al cuento y cuenta lo que ve en él». Una experiencia que aumenta su valor ante el auge de las nuevas tecnologías y la cerrazón que plantean. «Cuanto más estemos metidos en esa burbuja, más nos va a llegar el mundo de la narración». Una abstracción necesaria.