El encendido de la 'januquiá' abre la fiesta de la Janucá hebrea en Cuéllar

Encendido de la 'januquiá', junto a los dulces hebreos, ayer. /M. Rico
Encendido de la 'januquiá', junto a los dulces hebreos, ayer. / M. Rico

La oficina de Turismo acogió el acto, en el que se repartieron dulces típicos y se pudo jugar al dreidel

MÓNICA RICOCuéllar

El programa Cuéllar Sefardí, que se viene desarrollando en la villa desde el pasado mes de noviembre para dar a conocer la vida y tradiciones judías, vivió el domingo uno de sus días más especiales con el encendido de la januquiá, un acto simbólico con el que se inicia la celebración de Janucá o fiesta de las luces, en el mundo judío.

Janucá se celebra en el mes de kislev del calendario hebreo, dura ocho días y termina durante los dos primeros días del mes de tevet. Traspasándola al calendario gregoriano, se suele celebrar durante el mes de diciembre, en fechas previas a la Navidad, fiesta cristiana.

El acto, celebrado el domingo en la oficina de turismo de la villa, fue muy sencillo a la vez que didáctico. Una de las guías fue la encargada de explicar el rito, mediante el cual se enciende la vela central de la januquiá, un candelabro específico de ocho brazos. Con esa misma vela se encendió la primera de las velas de los brazos, que tradicionalmente se enciende de izquierda a derecha. En Janucá se enciende una vela al día y se coloca el candelabro cerca de una ventana para que sea visible.

La historia del candelabro hace referencia al milagro del frasco de aceite recogido en la tradición rabínica, que conmemora el hecho del encendido de un frasco de aceite sagrado que permaneció encendido durante ocho días consecutivos, aunque únicamente tenía cantidad suficiente para haberse mantenido iluminado un día.

El encendido de la januquiá es el rito característico de esta fiesta, durante la cual las familias cantan, juegan o degustan los manjares propios de la festividad. El milagro también se da a conocer a través de los platos que se consumen en Janucá, como buñuelos de patata o los pasteles rellenos, platos que siempre se cocinan o fríen con aceite de oliva.

Uno de esos dulces también formó parte de la celebración del pasado domingo. Turismo encargó la elaboración de sufganiot, un pastel judío relleno de dulce típico de Janucá, que se fríe en aceite recordando el milagro del frasco, y todos los que asistieron al encendido del candelabro e inicio de la fiesta los pudieron degustar.

También hoy en día las tradiciones se han modernizado, y además de los dulces típicos, es costumbre regalarles a los niños monedas de chcolate, símbolo de ayuda a los más desfavorecidos. Además, durante esta fiesta los niños juegan con peonzas al dreidel, el juego judío más popular. Estas peonzas y su juego se utilizaban como señuelo cuando el culto judío estaba prohibido. Mientras que los niños jugaban delante de las casas con las peonzas, los adultos podían seguir estudiando la Torá en secreto.

Quienes acudieron a la celebración de Janucá tuvieron la oportunidad de adquirir esas peonzas y de probar suerte en el juego. Las estructuras cuentan con una letra del alfabeto hebreo en cada uno de sus lados que juntas forman la lectura «un gran milagro ocurrió allí». Los niños hebreos utilizan las típicas monedas de chocolate como piezas del juego. Cada jugador comienza la partida con quince fichas o monedas y cada uno de ellos pone una ficha en el centro. Cada jugador hace girar el dreidel una vez por turno y dependiendo de qué lado esté cuando deja de girar, determinar la cantidad de fichas que recoge o añade del centro.

Durante la celebración, la guía de la oficina de turismo guió a los asistentes por los diferentes ritos y tradiciones de Janucá, además de explicar detalles sobre su celebración. Esta fiesta conmemora la reinauguración del templo de Jerusalén, devuelto a los judíos. La historia de Janucá se remonta al siglo II antes de Cristo, cuando los diferentes pueblos parecían convivir y el rey griego Antíoco IV prohibió el judaísmo y consagró el templo a los dioses de la antigua Grecia.

Macabeos

Esta helenización forzada aparece recogida en el relato de la revuelta judía, comúnmente llamada la Revuelta de los Macabeos. Con el fin de poner fin a las persecuciones que sufrían los judíos, Judas Macabeo y su familia lideraron una insurrección en nombre de su fe. Tras tres años de combate, el 25 del mes de kislev del año 140 a.C. triunfaron ante el altar del templo, que fue consagrado de nuevo al culto judío. La victoria se celebró durante ocho días, durante los cuales se mantuvo constantemente encendido un frasco de aceite sagrado. Entonces, Judas Macabeo instauró la conmemoración anual de Janucá como símbolo de la victoria del judaísmo. Aunque la lucha continuó más allá de este acontecimiento y se extendió durante más de 20 años, este episodio marcó la historia de la independencia y de la fe judía. Así pues, Janucá es símbolo de victoria y resistencia espiritual.

La programación Cuéllar Sefardí continúa el próximo sábado 8 de diciembre con una visita guiada a la judería de la localidad, que correrá a cargo de la directora archivera municipal, Julia Montalvillo. Además, el día 13 de diciembre el palacio de Pedro I acogerá la proyección de la película 'Whisky', el día 14 la Casa Joven albergará un taller infantil para crear y decorar una estrella de David, y el día 20 de diciembre, Montalvillo ofrecerá una conferencia sobre la judería de Cuéllar.

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