«Es difícil imaginar nuestro entorno sin la figura de los gabarreros»

Juan Andrés Saiz, presidente del CIT de El Espinar. /Pedro Luis Merino
Juan Andrés Saiz, presidente del CIT de El Espinar. / Pedro Luis Merino

El presidente del CIT de El Espinar, Juan Andrés Saiz Lobo, asegura que para los espinariegos, la gabarrería es «más una cultura que una tradición»

Q. Y. Segovia

Nieto de gabarrero e hijo de Juan Andrés Saiz Garrido, Juan Andrés Saiz Lobo es el presidente del CIT de El Espinar, organismo que recibirá este fin de semana el ‘Pino de Plata’ de una fiesta que cumple en 2018 su vigésima edición.

-¿Qué supone para el CIT recibir esta distinción?

- A nosotros nos ha pillado un poco por sorpresa porque como somos los organizadores nunca pensábamos que nos podía caer esta distinción. Agradecemos al Ayuntamiento de El Espinar que se haya acordado de nosotros. Es un orgullo que se reconozca la labor que hacemos con la fiesta.

-Un poco más especial si cabe para usted, nieto de gabarrero e hijo del escritor...

- Estoy involucrado de una manera muy personal con la fiesta por lo que estoy muy agradecido. Pero lo recibimos en nombre del Centro de Iniciativas Turísticas por el que han pasado varios equipos directivos. Yo soy el último y lo cojo en su nombre.

-¿Qué es para usted la gabarrería?

- Es fácil de describir pero difícil explicar lo que supone para cada uno emocionalmente. Yo lo veo como una cultura más que tradición. Es una cultura en torno a la cual gira nuestro pueblo desde hace muchos años.

¿Se imagina que sería de El Espinar sin gabarrería?

- Es difícil imaginarlo. Nosotros reivindicamos la figura del gabarrero como un protector del monte porque la retirada de leñas muertas, que es a lo que se dedicaban los gabarreros, suponía una limpieza y una conservación del monte evitando plagas e incendios. Por ello es difícil imaginar el entorno tan especial que tenemos sin la figura de los gabarreros.

-Es un oficio que sigue muy vivo...

- No está extinguido, aunque lo parece. Hay varias familias que sigue viviendo del monte y mucha gente que a título individual sigue subiendo a por leñas muertas tras pedir un permiso al guarda forestal. Lo que pasa es que ya no la recogen para venderla, sino para su uso y para calentarse en casa. Como profesión se ha perdido aunque hay familias que se dedican a la leña y la madera, pero no a la gabarrería.

-¿Qué balance hace de los veinte años de la fiesta?

-Es muy dinámica y ha ido evolucionando con el paso de los años. Cada vez se supera un poco más, sobre todo en el número de participantes y de actividades. Se involucra mucha gente del pueblo. Cada año son más los visitantes que recibimos con motivo de esta fiesta.

-¿La gabarrería engancha a nuevas personas?

- Totalmente. Nosotros nos preocupamos de que así sea. Hacemos exhibiciones en los colegios para que lo vean los niños. Tenemos una escuela de cortadores a la que se han apuntado más de quince niños.

-¿Qué retos se marcan para el futuro?

- Siempre queremos más y mejor. Todos los años empujamos para que así sea, pero la labor fundamental es que esto no se pierda y los vecinos puedan empaparse y disfrutar de la gabarrería.

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