«Lo que tenía que decir al obispo se lo he dicho en persona; la recogida de firmas me es ajena»

Valentín Bravo (dcha.) en la inauguración de la Casa Parroquial. /Pedro L. Merino
Valentín Bravo (dcha.) en la inauguración de la Casa Parroquial. / Pedro L. Merino

Valentín Bravo, que se despide hoy de la feligresía de El Espinar, seguirá viviendo en el municipio, aunque trabajará en Madrid con el Padre Ángel

Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

A Valentín Bravo (Madrona, Segovia, 1953) le va a costar decir adiós a los espinariegos. Aunque sea un hasta luego. Porque seguirá residiendo en el municipio después de la jubilación, que le llega en octubre. Pero son más de 31 años como párroco de El Espinar. Media vida. Dedicada al servicio a su comunidad, a los demás, hasta el último momento. Y le cuesta dejar el trabajo que le ha ocupado cada día desde hace más de tres decenios. Ayer tuvo una tarde intensa. Con dos bautizos y un rato entremedias para revisar su homilía de despedida, para echar un vistazo rápido a todos estos años. «Lo estoy repasando ahora y me doy cuenta de que me va a costar decir que saben que me han enriquecido, que han sido unos años realmente hermosos. He disfrutado con la gente, he sufrido con ella, he reído, he llorado... Soy un espinariego más», declara.

No quería jubilarse. Asegura que, ahora que se despide, «me viene a la cabeza gratitud por tanta riqueza como he vivido con mi gente, doy gracias a Dios». Recuerda que llegó a El Espinar procedente de Boceguillas, donde vivió sus primeros ocho años de sacerdote. «Siempre lo recordaré también con gratitud porque me enseñaron un poco a ser cura, y luego en El Espinar ha aprendido lo que significa estar en medio de la gente, como cura, compartiendo la vida, dolores y alegrías, y aprendiendo mucho de ellos».

Valentín Bravo se jubila como párroco de El Espinar, pero seguirá con su trabajo en favor de los desfavorecidos de Bielorrusia o Benín, que es otra de las razones de su vida y que, además, le ha dado una familia propia. Con ese trabajo en Bielorrusia conoció a Alexei, a quien llama Aloza, el hijo que adoptó siendo niño y que ya es un hombre de 24 años. «El trabajo humanitario siempre ha sido muy importante para mí, así nació mi hijo Aloza. Y lo seguirá siendo porque hay mucha gente que sigue necesitando muchas cosas». De hecho, se jubila, pero seguirá trabajando en Madrid.

«En Benín y en otros países siguen necesitando lo más básico para vivir y muchas otras cosas, como me dijo hace unos días el director de Mensajeros de la Paz en Benín, Florán, que estuvo en El Espinar, y seguiremos trabajando para llevarles todo lo que podamos porque me dijo que toda la ayuda que mandamos es imprescindible. ¿Las formas? Pues ya veremos cómo, pero en la provincia de Segovia hay mucha gente que nos ha apoyado siempre y lo seguirá haciendo», explica el sacerdote.

Ese será su destino, seguir con el trabajo humanitario: «Voy a trabajar en Madrid en un campo que me apasiona, con el Padre Ángel, en Mensajeros de la Paz y con las personas que más necesitadas. En Madrid y donde haga falta porque el Padre Ángel tiene en todo el mundo, en Benín, en Siria... Donde haga falta podré echar una mano».

Sin polémicas

En todo este tiempo el sacerdote ha apreciado «un cambio grande» a nivel religioso y social en El Espinar. «Cuando vine la parroquia necesitaba un cambio profundo a nivel del Concilio Vaticano II, y ahora a nivel del Papa Francisco, y siempre he tenido la suerte de contar con mucha gente trabajando, en catequesis, en el coro juvenil, en todo. Ha habido una evolución muy importante, y la gente al principio reacia ha sostenido el trabajo que hemos hecho. He visto compenetración, una evolución positiva y hermosa en celebraciones, en bodas, bautizos o comuniones», explica. A nivel social manifiesta que «he estado al lado de mi gente en los años de bonanza económica, y ahora que llevamos tantos años de crisis dura he estado con ellos, para echarles una mano. La parroquia siempre está abierta».

Por eso sus feligreses no quieren que se vaya y han presentado una petición al obispo con centenares de firmas para que se quede. Aunque él rechaza las polémicas. «En eso no he intervenido. Las cosas que tenía que decir a mi obispo se las he dicho personalmente y por carta. Que la gente se movilice me parece un signo de madurez, yo creo que es bueno que nos escuchemos unos a otros». Reconoce que podría haber seguido algún año más en El Espinar, pero afirma que «fue la decisión de mi obispo, él ha considerado que ha llegado el momento y yo lo respeto».

Valentín Bravo se emociona al anticipar este domingo de despedida. En la invitación que ha enviado para que compartan con él la misa de acción de gracias subraya que el mejor de los regalos ha sido «la vida compartida a vuestro lado», y como ha oído hablar de regalos remarca que no quiere nada para él, pero si piensan en hacérselo les pide a sus feligreses que piensen en Benín, en aquellos niños que le impactaron la primera vez que les visitó, para los que está pendiente el proyecto de construir una escuela.

Hoy se emocionará. Aunque no se va de El Espinar. Trabajará en Madrid, pero vivirá en el pueblo. Fue el primer cura en adoptar un hijo en España. «Ahora hay alguno más, pero somos pocos porque no es fácil. Pero mi hijo es mi riqueza, cada día doy gracias Dios por tenerle». En El Espinar está Alexei, Aloza. Es su ancla en el municipio.

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