Cuenta atrás para la Virgen del Acueducto

Los expertos trabajan ya en la elaboración de la réplica que ocupará la hornacina del Azoguejo

Graziano Panzieri, durante la restauración. / Antonio Tanarro
Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

La Virgen del Acueducto está casi restaurada, pero no volverá a la hornacina occidental del monumento. La escultura que el Ayuntamiento de Segovia colocará en su sitio será la réplica que entre el arqueólogo Néstor Marqués y el restaurador Graziano Panzieri están elaborando mediante una tecnología de virtualización e impresión en 3D que garantiza el máximo de fidelidad respecto a la pieza original. Panzieri debe recibir en los próximos días el molde de silicona salido de la réplica en 3D. Solo faltaría verter en él la resina y extraer la escultura que, dentro de pocas semanas, lucirá en la cara oeste del Acueducto en sustitución de la talla original que el ensayador de la vieja ceca de Segovia, Antonio de la Jardina, regaló a la ciudad hace 499 años.

La intención del Ayuntamiento es enviar la imagen primitiva al museo de la Casa de la Moneda y completar así un curioso círculo histórico. De hecho, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ha donado 17.000 euros para la restauración de la escultura. A falta de elaborar un proyecto de musealización que permita contextualizar la pieza, la Virgen del Acueducto será trasladada en cuanto concluya su restauración, lo cual podría ser «de manera inminente», en palabras de la concejala de Patrimonio, Claudia de Santos.

El proceso de fabricación de la nueva Virgen está siendo aparentemente sencillo, aunque lleva su tiempo. Todo empezó el pasado 20 de marzo con el desmontaje de la imagen. La maniobra precisó de la instalación previa de un aparatoso andamio alrededor del pilar central del Acueducto que permitió a los operarios subir a la hornacina, retirar la pieza, introducirla en una caja de madera y bajarla con una grúa. «Ha sido, sin duda, lo más costoso de todo. Pensábamos, en un principio, que no necesitaríamos andamios, pero el peso que tiene la escultura obligó a ello. El coste rondó los 21.000 euros. Los damos por bien empleados porque la operación, muy delicada, resultó un éxito. La seguridad de los trabajadores, del Acueducto y de la propia imagen estuvo garantizada en todo momento», afirma De Santos. La colocación de la réplica en la hornacina requerirá más tiempo, lo que tarde la empresa Restaurograma en tenerla lista. En cualquier caso, más importante que el plazo es que no hará falta repetir la operación del andamio: como la nueva imagen pesará entre 50 y 60 kilos, será suficiente una grúa con una cesta para subirla.

«He tratado de devolverle algo de la esencia que en su día tuvo»
Detalle de la limpieza. / Antonio Tanarro

Graziano Panzieri ha sido el encargado de restaurar la imagen original. La escultura tiene un aspecto estupendo, una vez limpiada y consolidada. «Estaba muy deteriorada. Hace diez años o así subimos en una cesta para comprobar el estado y he notado que ha empeorado. La piedra, una piedra caliza muy blanca, está muy erosionada, aunque, afortunadamente, tiene partes muy bien conservadas. Debajo de la capa de contaminación y excrementos de ave hemos encontrado restos de la policromía original en la corona, en el pelo y en la base de la escultura. La erosión es muy patente en la parte delantera, que es donde más ha dado la lluvia. El agua ha lavado la imagen. La miras y es como una imagen borrosa, le falta definición. Tiene ojos, nariz, boca, está el Niño, pero todo muy difuminado», dice el restaurador.

El tamaño y el peso han dificultado la labor de Panzieri. «Hasta ayer mismo trabajé con ella tumbada. Ahora estoy interviniendo en la parte posterior y es preciso mantenerla de pie. Hay que maniobrar con cuidado. ¿Plazos? Los va marcando el trabajo. Yo ya he hecho toda la labor de consolidación, estucado e integración pictórica. En ningún momento me he permitido reconstruir detalles que le faltan, parte de los pliegos del pelo, la mano... Me he limitado a la limpieza y la consolidación. Si le meto algo de mortero, aprovecho y le doy un poco de forma, pero no engaño, no reconstruyo; solo trato de adecentarla y devolverle un poco de la esencia que en su día tuvo». La Virgen tiene a sus pies dos ángeles que sujetan una cartela en la que solo puede leerse, y con dificultad, 'Mater Dei'. De los dos querubines se conserva el de la izquierda. El otro ha desaparecido completamente, desgastado por el agua como terrón de azúcar. La Virgen, de autor desconocido, era una pieza hermosa. «Estaba muy bien tallada y completamente policromada. La idea es adjuntarle, en el lugar donde quede expuesta, una explicación de cómo era en su origen», señala Panzieri.

El restaurador tiene todavía por delante la elaboración de la réplica que se colocará en la hornacina. Está a la espera de recibir el molde de silicona para verter la resina. La imagen pesará 50 o 60 kilos, lo que obligará a anclarla al Acueducto, para evitar riesgos. «La Virgen llevará dos anillas a la espalda. Hay dos posibilidades: que un herrero haga dos clavos largos y planos, en forma de L, que habría que colocar entre sillar y sillar, sin taladrar la piedra; o utilizar los tacos que emplean los escaladores, que no dañan. Pero hay que anclarla. No queda más remedio. La original se sujetaba por su propio peso», añade el restaurador.

Cuando se desmontó la original, se certificó que el peso rondaba los mil kilos (en realidad, son 800). La imagen conservaba restos de la policromía que en su día tuvo, aunque esto se sabía por anteriores exploraciones. «Virtualizamos en 3D la pieza en su ubicación original, antes incluso de moverla, aunque, ya en tierra, se repitió la operación, en esta ocasión de forma completa, incluida la parte posterior», explica Néstor Marqués, que narra el proceso con la pasión de quien está trabajando en algo que le gusta. «Para virtualizar la imagen hubo que tomar entre 250 y 300 fotografías, desde diversos ángulos. A partir de ahí, en la pantalla, creamos un modelo virtual geométrico, una malla en 3D, con una precisión muy alta. Estamos hablando de varias decenas de millones de polígonos que representan, con toda fidelidad, la geometría de la pieza, su cara externa. Después, en el mismo ordenador, troceamos ese modelo 3D en todos los fragmentos que debíamos imprimir por separado, un total de 50 piezas. (Esto es así porque la impresora solo permite un tamaño de impresión de alrededor de 30 centímetros de largo, ancho y alto. Hay impresoras más grandes, pero el proceso es más costoso y no garantiza la calidad). Imprimimos los cincuenta fragmentos en varias impresoras. Fueron casi mil horas de impresión. Digamos que es el tiempo que tardó la Virgen en hacerse. Con las distintas piezas creadas, formadas, solo hubo que ensamblarlas». Un curioso rompecabezas que Marqués completó en su estudio. «Es muy curioso, a la vez que extraño, ver a la Virgen del Acueducto, con su 1,86 de altura, en tu propia casa», bromea el experto.

Néstor Marqués, con la réplica salida de las impresoras en 3D.
Néstor Marqués, con la réplica salida de las impresoras en 3D. / El Norte

Ese primer modelo que escupe la impresora 3D no es macizo, como la pieza original, y parece plástico, aunque no lo es. «Es ácido poliláctico (PLA), un polímero constituido por moléculas de ácido láctico que tiene la virtud de ser ecológico, pues se obtiene con fécula de remolacha, no contamina mientras sale de la impresora y es altamente biodegradable. La impresora va expulsando ese material en los puntos adecuados para generar la estructura de la Virgen. Hoy en día es la forma más barata y de mayor calidad de hacer este tipo de réplicas. Nunca conseguiría un escultor sacar una copia tan precisa como permite la tecnología. Hubiera sido una locura, por otra parte, haber hecho un molde de la pieza original. Es caliza y estaba muy agrietada. Posiblemente, la hubiéramos roto», expone Marqués. A ese modelo de PLA se le hizo después un molde de silicona que lleva un armazón de fibra de vidrio necesario para que la resina que se verterá en él no lo deforme. De ahí saldrá la escultura que el Ayuntamiento volverá a colocar en el Acueducto. «Sería impensable poner la impresión en 3D porque el agua, el calor y el frío la degradarían en poco tiempo. Además, no tendría consistencia. La resina es un material muy resistente», observa el arqueólogo experto en tecnología.