Los cofrades segovianos recorren el camino literario de los carmelitas

Salida de la talla del Cristo de la Buena Muerte del convento de San José./Antonio Tanarro
Salida de la talla del Cristo de la Buena Muerte del convento de San José. / Antonio Tanarro

La Procesión del Cristo de la Buena Muerte enlaza los conventos de San José y de los frailes descalzos del cenobio de San Juan de la Cruz en La Fuencisla

Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

Se desquitó la Junta de Cofradías de la casi amarga experiencia del año pasado. La lluvia de entonces impidió el traslado de la Procesión del Cristo de la Buena Muerte como estaba prevista, y la talla y los cofrades solo pudieron salir el Miércoles Santo, pero este sábado el cortejo partió a la hora señalada, con sol y en una tarde agradable, con mucha gente al inicio del recorrido que enlaza, con eslabones literarios en las paradas, los conventos carmelitas, el de monjas de San José y el de frailes descalzos de la alameda de La Fuencisla, el de san Juan de la Cruz.

Esta procesión, instituida en 2015 para conmemorar el quinto centenario de Santa Teresa de Jesús, está casi consolidada en el programa anual de la Semana Santa y que el año pasado no pudiera hacerse es casi un acicate para que se empeñe en celebrarla la Junta de Cofradías, Hermandades y Feligresías de Segovia. Como el Vía Crucis escenificado de la Pasión del barrio de San José, la procesión de las Tres Caídas del barrio de San Marcos y el traslado de Nuestra Señora de las Angustias que realiza la Asociación de Exalumnos Maristas, los tres desfiles el Viernes de Dolores, la Procesión del Cristo de la Buena Muerte es un anticipo de la celebración de la Semana Santa segoviana.

Es este un desfile procesional distinto, que comienza antes del crepúsculo y finaliza entrada la noche. Al principio sin más luz que la del día que acaba y al final con la de las antorchas que llevan los niños con los trajes cofrades y a cara descubierta, y con las que esperan en la escalera que sube a la iglesia donde reposan los restos de san Juan de la Cruz. Sí llevan la cara medio tapada quienes llevan a pulso la talla del Cristo, vestidos con hábitos y capuchones negros y un cíngulo blanco en la cintura. Y sin cubrir caminaron también los tambores, un grupo reducido que representa a las bandas de todas las cofradías y realza la sobriedad de esta procesión que acompaña a la talla de autor anónimo del siglo XVII, de un estilo renacentista muy claro.

Singular

Y es singular la procesión por el recorrido y por sus paradas. Partió a la hora prevista del convento de San José, el segundo que ocuparon las carmelitas descalzas en la ciudad, al lado de la plaza de la Merced, donde las monjas despidieron a la imagen, y después, en cada parada, la lectura de textos literarios aporta otra dimensión al acto religioso, profano en parte, pero místico también, con los escritos de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, además de los de Machado y Gerardo Diego, entre otros.

Así desde el convento de San José de las madres carmelitas al de los padres de la orden descalza en la alameda de La Fuencisla, con el itinerario que pasa por la calle Descalzas, baja hasta la estatua de San Juan de la Cruz que fundió José María García Moro, para dirigirse por la calle Velarde y el arco de la Claustra hasta el Alcázar, y desde allí, por Pozo de las Nieves y la Puerta de Santiago descender al barrio de San Marcos y el convento carmelita, donde la escalinata principal estaba iluminada por antorchas.