Cientos de espectadores de Titirimundi desafían la amenaza de lluvia

Público asistente a uno de los espectáculos celebrados en San Martín./Antonio de Torre
Público asistente a uno de los espectáculos celebrados en San Martín. / Antonio de Torre

La mayoría de las entradas se han vendido para el fin de semana

ALFONSO ARRIBASSegovia

Aunque el cielo no prometía tregua, el Festival Internacional de Teatro de Títeres cumplió este viernes un día sin demasiados sobresaltos y con mucho público sobre todo por la tarde, tanto en los espacios de calle como en los teatros y patios, ya que la mayoría de las entradas se vendieron para el fin de semana incluyendo el viernes.

Ya por la mañana, en la única función programada en ese horario, El Retablillo pudo actuar en San Martín con el recuerdo de Julio Michel más presente que nunca, al irrumpir Cristobita arrancando las carcajadas del público, fuera encarnando a un caballero en lucha contra fieros dragones o como torero burlón. Ese mismo espacio fue monopolizado después por Di Filippo, compañía italiana que dobló función y acumuló cientos de espectadores, muchos de ellos visitantes que buscaban los escenarios del Festival mapa en mano o inquiriendo a voluntarios y acreditados.

En los patios, repitió aforos completos el sempiterno Circo de las Pulgas, cada vez más intergeneracional, con un público fiel que invita a los neófitos y de este modo se consolida un tirón que parece no tener límites.

En San Nicolás, Javier Aranda entusiasmó al público con Parias, un montaje que técnicamente es abrumador, por la destreza y creatividad en la manipulación, con detalles sublimes como la irrupción de 'La cantantes calva' asida al titiritero con telas interminables como brazos que atrapan. De unas humildes cajas salen a la vida personajes abonados al fracaso pero tiernos en su declive, conscientes tanto de su carácter de perdedores como de títeres, porque el juego con su manipulador es constante, y uno de los sustentos del espectáculo.

Y en el teatro Juan Bravo, turno para una de las propuestas que más expectación han generado por lo singular del formato: Invisible Lands, de los finlandeses Livsmedlet. Los espectadores se sitúan en el propio escenario, dispuestos en escuetas gradas, rodeando el breve espacio en el que dos actores desarrollan un conmovedor relato sobre las migraciones utilizando figuras minúsculas, proyecciones y sus propios cuerpos como escenografía.

Imprescindible Salvatore Gatto

Salvatore Gatto es uno de esos artistas incombustibles que ha hecho de su trabajo una seña de identidad más allá de lo profesional. Incombustible porque lleva tres décadas llevando por el mundo la tradición del títere de guante napolitano y 30 años formando parte del programa de Titirimundi, de modo que a pocos el apellido clásico les sienta tan bien.

Antes de su función vespertina en Trinidad, Gatto aceptó el juego propuesto por el Festival mostrando a la prensa parte de su arte en un lugar poco habitual: el bar restaurante Alma Nostra. Tras la barra, y con apenas cinco minutos de espectáculo -un teaser que se llamaría ahora- concentró las miradas y despertó las sonrisas de las decenas de clientes que, sorprendidos, se dejaron llevar por lo insólito.

El maestro italiano definió su Pulcinella como «la propia historia del ser humano», lo que le hace ser atemporal, porque las virtudes y los vicios que aparecen en el espectáculo siguen siendo los mismos. Y defendió la vigencia del teatro de títeres en una época rendida a las pantallas «porque tiene de todo: color, movimiento, animación…» y porque genera sentimientos que «llegan directa e inmediatamente al corazón».

Una mirada con lupa al drama de quien en muchas ocasiones pierde la vida buscando una mejor, al desarraigo, a los sistemas de defensa en las fronteras; un recordatorio sobre cómo se despoja de la condición de humanos a quienes se entregan a la pura supervivencia. Una visión con imágenes muy bellas aunque duras, muy coherente y con un trabajo creativo digno de admiración.

El festival, que viene celebrándose desde 1985, encara este fin de semana su recta final. Cada edición ha incrementado la calidad de actuaciones y compañías, convirtiéndose en uno de los festivales de títeres más importantes y prestigiosos del mundo. Compañías nacionales y de cualquier parte del planeta muestran sus habilidades con muñecos, marionetas y títeres de todo tipo.