Cerca de 4.000 cazadores de la provincia se enfrentan a una temporada «floja»

Dos cazadores, en una jornada de caza en el campo con perros./Paco Peláez
Dos cazadores, en una jornada de caza en el campo con perros. / Paco Peláez

Las condiciones climáticas de la pasada primavera condicionan la media veda

CLAUDIA CARRASCALSegovia

La provincia segoviana siempre ha sido tierra de caza (los reyes construyeron aquí palacios y pabellones dedicados a la actividad cinegética, como los de Riofrío y Valsaín), y sus campos de labranza el mejor refugio para animales como perdices, codornices, liebres y conejos y aunque los cazadores coinciden en que es una actividad en peligro de extinción todavía hay unas 4.000 personas residentes en la provincia que la practican.

El pasado 15 de agosto comenzó el periodo de media veda en toda la comunidad autónoma, por lo que hasta el próximo 16 de septiembre los cazadores podrán abatir codornices, tórtolas comunes, urracas, cornejas, zorros y conejos solo en determinados cotos. A partir del día 25 de agosto también podrán cazarse palomas torcaces y bravías y tórtolas, estas últimas junto a las codornices son precisamente las especies más valoradas de la media veda, según el delegado de la Federación de Caza de Castilla y León en Segovia, José Luis Gómez.

Las abundantes lluvias que se han sucedido durante todo el invierno y la primavera han dejado secuelas importantes para esta actividad, ya que han anegado nidos y retrasado la época de cría de las especies de interés. Además, la mayor parte de las codornices que comenzaron a salir durante el periodo de cosecha se marcharon durante la última luna llena, ya que aprovechan esta fase lunar para desplazarse, advierte Gómez.

Ante esta situación los cazadores prevén una temporada floja que ha comenzado con malos resultados y varios cotos de la provincia cerrados por la escasez de ejemplares. No obstante, es posible que pueda recuperarse algo en un par de semanas porque hay muchas polladas de codornices demasiado jóvenes e incluso hembras en celo que todavía tratan de reproducirse, apunta. Teniendo en cuenta que a los 21 días son adultas todavía conservan la esperanza de que al menos los últimos días de temporada se pueda retomar la actividad.

La ley establece multas desde 100 a 78.000 euros

Los cazadores furtivos y aquellos que incumplen las normas impuestas por la Ley de Caza de Castilla y León generan una mala imagen del sector, no obstante, Gómez insiste en que la caza es una actividad muy necesaria y que los infractores son una minoría. «La gran mayoría tenemos al día los permisos y seguros, conocemos la normativa, porque la consensuamos con la Junta de Castilla y León, y la aplicamos», sentencia. En total los cazadores invierten al menos 250 euros anuales entre la renovación de la licencia, los seguros y las tasas de los cotos. Precisamente, para controlar que la actividad ciengética se realiza bajo unos criterios de sostenibilidad ambiental la Ley de Caza estipula 29 infracciones leves que, en función de la intencionalidad, la trascendencia social, el perjuicio generado al hábitat o el ánimo de lucro, pueden desembocar en graves o muy graves. Las multas por infracciones leves oscilan entre los 100 y los 1.000 euros, para las graves van desde los 1.000 hasta los 5.000 euros y para las muy graves, además, de la retirada de la licencia de caza e inhabilitación para obtenerla durante un plazo comprendido entre tres y cinco años, imponen sanciones de entre 5.000 y 78.000 euros.

La media veda permite la actividad los martes, jueves, sábados y domingos hasta el 17 de septiembre, es decir, un total de 20 días. No será hasta el 12 de octubre cuando se permita la caza de liebre con galgo y el resto de especies y modalidades de caza menor podrán abatirse a partir del 28 de octubre hasta el 27 de enero de 2019.

La zona norte de la provincia que abarca municipios como Bercimuel o Lastras de Cuéllar suele ser la mejor para la actividad cinegética. Aunque tampoco en los cotos de estos territorios han detectado un elevado número de animales.

Vuelve la paloma bravía

Una de las principales novedades de esta temporada es la incorporación, después de cinco de años, de la paloma bravía. Una orden europea ha impedido su caza durante los últimos años, sin embargo, su proliferación ha hecho que este año puedan volver a abatirse durante la media veda.

El interés de esta especie para los cazadores es escaso, sin embargo, puede ser un buen entretenimiento para aquellas personas que salgan y apenas encuentren piezas a las que disparar durante las horas de caminata, relata Gómez. Además, el control de la población permitirá reducir muchos de los problemas que generan en ciudades y pueblos. Consideradas como la rata del aire esta especie atasca canalones, provoca daños en fachadas y monumentos y se come el grano del granado.

Pueden salir al campo martes, jueves, sábados y domingos hasta el 17 de septiembre

Otra de las modificaciones que establece Orden de Caza de Castilla y León es la reducción de los cupos. El año pasado era de 30 codornices diarias y 6 tórtolas y esta temporada ha disminuido hasta 25 codornices y tan solo 4 tórtolas. Aunque la tórtola es probable que al año que viene ni siquiera pueda cazarse, ya que los organismos europeos están estudiando las poblaciones que al parecer se encuentran en situación crítica.

Una actividad muy controlada y necesaria para el medio natural

Las consecuencias de la desaparición de la caza serían nefastas, advierte el presidente de los cazadores federados, quien cada día ve peligrar más la supervivencia de esta práctica tanto por la falta de relevo como por las continuas protestas de grupos ecologistas y animalistas. «Si el Gobierno termina por prohibir la caza tendría que contratar a un equipo de cazadores para realizar el control poblacional de las especies, una actividad que ahora realizan de forma controlada los más de 700.000 cazadores que hay en todo el territorio nacional», señala José Luis Gómez. Animales como el conejo o el jabalí hacen mucho daño a la agricultura y el incremento descontrolado de poblaciones, en especial de especies de caza mayor, multiplican los accidentes de tráfico y suponen un importante problema de seguridad vial, tal y como apunta Gómez. También señala los riesgos que suponen para las vías férreas los animales que hacen sus madrigueras bajo tierra, ahuecan los terraplenes y desplazan taludes. La rápida proliferación de enfermedades sería otro de los efectos negativos de la sobrepoblación, ya hay ejemplos en zonas como Holanda donde el jabalí tiene la peste africana y debido al exceso de ejemplares se está extendiendo con rapidez por lo que las autoridades han ordenado su caza. En este sentido, asegura Gómez que en España la proliferación de esta enfermedad podría acabar con las explotaciones de cerdos. Insiste en que son precisamente los cazadores los que más se preocupan por cuidar y mantener las especies porque son los primeros interesados en que esta actividad que ha pasado de generación en generación durante siglos no se pierda. Por eso, en la mayoría de los cotos ponen comederos y bebederos para facilitar a los animales la búsqueda de alimentos, sobre todo, para evitar que mueran de inanición cuando las condiciones meteorológicas son adversas. «Nos preocupamos por el campo porque es nuestra forma de vida, sin embargo, a los ecologistas no se les ve dando paseos por los montes en épocas de temperaturas extremas para proteger a los animales», sentencia. Por el momento, la consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta desconoce el número de licencias expedidas esta temporada, ya que los cazadores pueden seguir solicitándolas. Eso sí, se espera que ante las malas previsiones y la tendencia de los últimos quince años la cifra sea inferior a la de 2017 cuando se expidieron un total de 92.403 en toda la Comunidad. Desde 2002 la cifra se ha reducido en 50.367 licencias, es decir, la Junta otorga un 35,3% menos que hace quince años, cuando se superaban las 142.700 al año.

Agricultura acelerada

La incontrolable climatología afecta de forma importante a la merma de ejemplares las especies más interesantes para la caza. La sequía de 2017 y las constantes lluvias de 2018 han contribuido a que dejen de criar, también la proliferación de enfermedades, aunque Gómez considera que hay otros factores decisivos que dependen de la acción hombre y que están acabando con esta actividad, la más antigua del mundo.

Uno de los «más agresivos y destructivos» es una agricultura cada vez más acelerada, tecnificada y que abusa de productos químicos. La forma de trabajar el campo ha evolucionado mucho y, por ejemplo, ya no se siembra en surcos, sino en plano, y las aves ya no tienen la posibilidad de hacer los nidos en la parte alta del surco, donde se evitaba que la escorrentía del agua de lluvia los arrasara y empapara los huevos.

Explica Gómez que muchas de las tierras se aran y se dejan en barbecho nada más segarlas, lo que también reduce de forma considerable las zonas de refugio de los animales, en especial en años en los que la hierba escasea. Además, atribuye al Ministerio de Agricultura la responsabilidad de acotar las normas que deberían de seguir actividades como la cosecha y el empacado. «Los agricultores, cada vez más, trabajan hasta altas horas de la madrugada, cuando los animales están agazapados en las tierras, y se los acaban tragando las máquinas», lamenta.

A su juicio, España debería de equipararse a Europa en materia de herbicidas y aplicación de productos químicos. Mientras la mayoría de los países tienen terminantemente prohibido su uso por las consecuencias negativas que acarrean, en España todavía hay moratorias que los hacen habituales.

La falta de relevo generacional es otro inconveniente. «Es una actividad que cada vez está peor vista por la sociedad debido a las creencias erróneas que han fomentado las agrupaciones ecologistas y animalistas. Además, los pocos jóvenes que todavía quieren aprender a cazar es fácil que se acaben desanimando, ya que no se caza como antes, hay menos ejemplares y acaban por pensar que el madrugón no les compensa», señala.