Cantalejo cuenta con una veintena de nuevos artesanos del trillo

Los participantes en el curso posan con el alcalde, Máximo San Macario (derecha). /El Norte
Los participantes en el curso posan con el alcalde, Máximo San Macario (derecha). / El Norte

Concluye el tercer plan mixto de formación y empleo promovido por el Ayuntamiento

EL NORTESegovia

El Ayuntamiento de Cantalejo ha finalizado el tercer programa mixto de formación y empleo destinado a la elaboración de trillos, en el que se han formado ya 19 personas. Este programa está subvencionado por el Servicio Público de Empleo de Castilla y León y puesto en marcha por el Ayuntamiento de Cantalejo. El equipo de gobierno que encabeza Máximo San Macario muestra su satisfacción «con el rumbo tomado por esta iniciativa, encaminada a la generación de actividad económica en el municipio».

Los alumnos, añade, «han demostrado su capacidad y talento para aprender un oficio nada sencillo, y ahora esperamos ver resultados a través de su capacidad para generar autoempleo en esta actividad empresarial ligada al patrimonio, revalorizando este oficio artesano tanto a nivel social como laboral». Este curso da acceso a una titulación profesional, y el Ayuntamiento de Cantalejo espera que los alumnos «sepan aprovecharlo y esto permita su inmersión al mundo laboral», además de mantengan viva la tradición de los briqueros, prácticamente desaparecida en la actualidad.

El objetivo final que se planteó fue generar una actividad económica que contribuyera a fijar población en el medio rural a través del oficio de artesano trillero. Asimismo, se pretende recuperar parte del patrimonio etnográfico del municipio.

Unos 30.000

En la década de los años cincuenta del siglo pasado, la época dorada del trillo en Cantalejo, unas 400 familias, la mitad de la población, se dedicaban a su fabricación. Todas las primaveras, unos 30.000 salían cargados en centenares de carros para ser vendidos por media España. En 1960 todavía quedaban más de dos centenares de trilleros, que veinte años después se redujeron a cinco. No es posible fechar el comienzo de la fabricación de estos aperos de labranza, aunque es posible que se hicieran en este municipio desde su romanización, motivado por la abundante materia prima que ofrecía los pinares de este lugar. El trillo cantalejano, descendiente del romano, fue durante siglos un imprescindible apero de labranza. Otras teorías señalan que fueron artesanos franceses los que introdujeron su fabricación en el siglo XVI, mientras que algunos autores argumentan que los primeros fabricantes de trillos en Cantalejo fueron unos agricultores de los bajos barrios de Burdeos que llegaron con los monjes templarios, que se asentaron en el municipio en el siglo XII y construyeron la ermita de Nuestra Señora del Pinar, informa Ical.

La mecanización de la agricultura fue un duro golpe para la economía local, dado el gran peso que tenía la elaboración de trillos y aperos de labranza, especialmente de cribas. Así, la irrupción de las primeras cosechadoras marcó el principio del fin de una legendaria artesanía que hoy se mantiene solo de forma testimonial.