El campo segoviano envejece: 22.600 agricultores superan los 65 años y los que bajan de 25 no llegan al medio millar

Un campo de cebada en la zona de Las Lastras. /Antonio Tanarro
Un campo de cebada en la zona de Las Lastras. / Antonio Tanarro

Las lluvias de mayo serán decisivas para que la cosecha no baje entre un 20% y un 50%

CLAUDIA CARRASCAL Segovia

El verde es este mes de mayo el color por excelencia en los campos de trigo y de cebada de la provincia de Segovia y las espigas ya han comenzado a salir, pronto empezarán a echar grano y en poco más de un mes y medio adquirirán un tono más dorado. Todo parece indicar que la cosecha de este año va a ser buena, aunque será complicado que llegue a las cifras de 2018 cuando se logró duplicar la del año anterior con más 450.000 toneladas de producción de cereal.

Esta temporada la situación en el campo ha sido irregular, desde la siembra hasta febrero la evolución ha sido favorable, «ha estado sano y ha comenzado a nacer bien», explica el secretario provincial de UPA-COAG, Pedro Matarranz. No obstante, advierte de que en marzo la planta «ha sufrido mucho por la falta de agua» y se perdió una parte de la cosecha que, al menos en parte, logró recuperarse con las lluvias de abril.

El presidente de Asaja Segovia, Guzmán Bayón, explica que normalmente en abril no es necesaria tanta agua porque lo lógico es que los meses anteriores no falte. Sin embargo, este ha sido el invierno más seco de los últimos treinta años, según recuerda, por lo que la lluvia de abril, entre 60 y 90 litros por metro cuadrado, ha sido crítica. En este punto, ambos representantes de las organizaciones agrarias coinciden en que lo que ocurra durante este mes de mayo será decisivo para la cosecha. La planta está en una fase de crecimiento y consolidación, lo que implica que necesita una gran cantidad de agua, según Matarranz, quien afirma que «si los próximos días las temperaturas son altas y no llueve el cereal lo pasará mal». Las condiciones idóneas son temperaturas suaves con máximas que ronden los 20 grados y agua cada ocho días para que las plantas puedan finalizar el ciclo.

En estos momentos, la situación en la provincia es irregular, en zonas de la campiña y los terrenos que se encuentran en dirección a Arévalo las plantas están espigadas y tienen poca capacidad de mejora, aunque depende de las temperaturas. Por el contrario, en las zonas norte, este y centro la situación es buena, aclara el presidente de Asaja. Es una época clave del año y si llueve la cosecha podría ser buena hasta acercarse a la producción de 2018, aunque Bayón estima que lo más lógico sería que se quedase en un 20% menos y en el peor de los casos, si no lloviera este mes, podría reducirse a la mitad. Por el momento, es complicado estimar la producción ya que pueden oscilar mucho en las próximas semanas, pero las estimaciones de siembra están en 74.000 hectáreas de cebada, 73.000 de trigo, 11.000 de centeno y 2.000 hectáreas sembradas de avena, lo que supone un total de 160.000 hectáreas de cereal.

Precios

Los precios de estos cultivos tienen una tendencia a la baja desde el mes de febrero y aunque por el momento no están en una situación mala para el agricultor los próximos meses se esperan cambios. El secretario provincial de UPA-COAG, Pedro Matarranz, asegura que es complicado hacer un análisis de cara al futuro porque los precios dependen mucho de la situación europea y del resto de continentes, ya que se trata de un mercado globalizado. De hecho, indica que ahora se paga bien porque, aunque en España la cosecha de 2018 fue buena en el resto de Europa hubo bastante sequía. Por eso, las estimaciones de producción en países como Brasil, Estados Unidos, Argentina o Ucrania que exportan a España, marcarán en gran medida la tendencia.

Las organizaciones agrarias critican que los políticos se acuerden de la agricultura y del medio rural solo en época de elecciones. Además, Guzmán Bayón lamenta que en la mayoría de las ocasiones las promesas electorales no se cumplen y les recomienda «pisar más el terreno»y tener más en cuenta las propuestas de los profesionales que trabajan y viven del medio rural. Asimismo, advierte de que la España rural lleva muchos años vaciándose, a pesar de que hasta ahora no haya sido un tema de moda, por lo que cree que las medidas para solucionar esta problemática tendrían que haberse tomado mucho antes. A su juicio, una de las principales preocupaciones es la falta de relevo generacional.

En estos momentos, el 58 % de los 70.000 agricultores que solicitan las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) de la provincia tienen entre 40 y 65 años, el 32,3 % superan los 65, lo que supone más de 22.600 agricultores, y un 8,9 % tienen entre 25 y 40, mientras que tan solo el 0,70 % tiene menos de 25 años es decir, menos de medio millar en toda la provincia. Unas cifras que, según afirma, demuestran el«escaso rejuvenecimiento del medio rural».

Los costes de producción aumentan, en parte porque las plagas se han multiplicado

La escasa rentabilidad es otro de los aspectos negativos de esta actividad. Se debe a que la mayor parte de los beneficios no van a parar a los agricultores sino a los intermediarios, por lo que debería de existir una mayor regulación. Por otra parte, los costes de producción son cada vez más elevados en parte porque las plagas se han multiplicado debido a la ausencia de ganadería extensiva que se encarga de limpiar el campo y, por tanto, de evitar la proliferación de las plagas perjudiciales para los cultivos. Ante esta problemática, propone que la Junta de Castilla y León permita la quema controlada de hierbas y rastrojos, lo que también permitiría acabar con las larvas.

El control también debería de extenderse a los animales salvajes que no dejan de multiplicarse, así como a los etiquetados. Según Guzmán Bayón estos deben de ser claros y tienen que dejar constancia lugar «el consumidor tiene que tener la libertad de comprar lo quiera, pero con todas certezas y conociendo las garantías». Solo de este modo es posible proteger al «eslabón más débil de la cadena alimentaria humana, que es el agricultor», sentencia. En este sentido, también critica que las exigencias sanitarias en Europa sean muy altas y, sin embargo, los productos importados no tengan los mismos requerimientos. A su juicio, «es injusto y hace que los productores locales no estén en igualdad de condiciones, ya que no pueden competir con unos precios que se adaptan a unas condiciones de producción menos garantistas». Por este motivo, pide al Gobierno que la ley les permita a todos «jugar con la misma baraja».

Por último, tanto el secretario provincial de UPA-COAG, Pedro Matarranz, como el presidente de Asaja, Guzmán Bayón, coinciden en que una de las prioridades del Gobierno central, pero también del autonómico es la negociación de la Política Agraria Común (PAC). En primer lugar, insisten en que es fundamental que el presupuesto no disminuya porque es la base del sector, además, el reparto de las ayudas tiene que ser equitativo y estar destinado a los profesionales de la agricultura. Por último, consideran que no es bueno que se reforme cada poco tiempo porque pierde estabilidad.

La solución no es sencilla, sin embargo, Pedro Matarranz indica que una de las medidas prioritarias es reducir los trámites e incentivar las ayudas para este colectivo. Además, cree que deben reducirse los tiempos porque «si tardan cuatro años en cobrar acaban abandonando antes por falta de recursos» enfatiza. El portavoz de UPA-COAG cree que los políticos no ven la responsabilidad que recae sobre el medio rural, que ocupa el 83 % del territorio nacional y en él reside el 16 % de la población del país que se encarga «de dar de comer al resto», recalca. También incide en que se ha producido un cambio de sociedad en el que las oportunidades y el éxito se encuentran en las ciudades y el trabajo agrícola ya no resulta atractivo para los más jóvenes. Por eso, considera que las primeras medidas tendrían que ir destinadas revertir esta situación para que vuelva a considerarse un trabajo digno, porque no hay que olvidar que «el pilar básico es la alimentación».

Propuestas

De seguir por este camino, el futuro es poco esperanzador porque la falta de relevo generacional obligará a que sean las grandes empresas las que se dediquen a explotar el campo arrasando el terreno y reduciendo la calidad. Para evitarlo, Matarranz considera una pieza clave que desde las administraciones se trate de incentivar la agricultura familiar e incide en la relevancia del papel que tiene la mujer, tanto en la agricultura como a la hora de fijar población.

La expansión de Internet y de la cobertura móvil es otra de las medidas necesarias para lograr que el medio rural sea una opción entre la población más joven del país, pero también un sistema que garantice unos servicios de calidad, sobre todo, en sanidad, educación o servicios sociales. El incremento de los presupuestos, las ayudas al alquiler e incentivos fiscales también contribuirían a atraer población y negocios. A todas estas iniciativas, Bayón suma aspectos como la modernización de los regadíos para mejorar la eficacia y reducir el gasto de agua, el abaratamiento de los seguros o la reconcentración parcelaria. El reparto actual de los terrenos en muchas zonas de la provincia se llevó a cabo en los años sesenta del siglo pasado y ya no cumple la misión prevista, por eso, es necesario dar este paso para «maximizar la nueva maquinaria que tiene una capacidad de producción muy superior a la de hace medio siglo», puntualiza.