Cafés bien cargados de esperanza en la quinta planta del Hospital

Soraya García, Concha García, Concha Cuadrado, Ascensión Hernández, Puri Bermejo, Angelines Marazuela, Emilia Vicente, Laura Callejo y José Antonio Queizán comparten un café. /Ical
Soraya García, Concha García, Concha Cuadrado, Ascensión Hernández, Puri Bermejo, Angelines Marazuela, Emilia Vicente, Laura Callejo y José Antonio Queizán comparten un café. / Ical

El Complejo Asistencial de Segiovia y Ascol impulsan una iniciativa para pacientes hematológicos y sus familias

En torno a un café, la conversación es distendida por muy difícil que sea el tema a tratar. Una premisa perfectamente válida si el café es en una sala de la quinta planta del Hospital de Segovia, en el servicio de Hematología y Hemoterapia, y los que se reúnen, cada lunes, son pacientes, familiares y voluntarias de la asociación Ascol. Es 'la sala de la esperanza', que nació en Salamanca y ahora tiene un alma gemela en Segovia. Ascol lleva más de 27 años trabajando, en y desde Salamanca, mano a mano con los profesionales sanitarios. De hecho, fueron dos hematólogos, los doctores San Miguel y Borrasca, explica la trabajadora social de Ascol, Soraya García, los que detectaron «una serie circunstancias relacionadas con la ámbito socio familiar» que «les quedaban grandes y no llegan a cubrir», por lo que «buscaron a un grupo de pacientes y de familiares» para liderar esa ayuda.

Así nace Ascol en 1992. Solo tres años después da un nuevo paso gigante motivado por la creación en el Hospital Universitario de Salamanca de la Unidad de Trasplante de Médula Ósea, a la que llegan pacientes de todas las provincias de Castilla y León, de otros puntos de España e incluso de otros países. Para ayudar a estas personas desplazadas desde sus ciudades de origen, surgen los apartamentos compartidos. Empezaron con uno y ahora tienen tres. El hijo de Conchi Cuadrado tuvo que someterse a un trasplante de médula y estuvo tres meses ingresado en el Hospital de Salamanca. «Te vas de tu ciudad y estás perdido», reconoce Conchi, y «gracias a ellos, tienes un piso, tu llave, tu maleta en una habitación, si necesitas comer, ducharte, descansar o ver la tele». En dos palabras, «tu libertad». Una acción que se combina con apoyo psicológico. Cuadrado explica que «hacen piña» y están «ahí en un cuanto te ven un poco baja para darte un abrazo». Con la emoción a flor de piel, esta segoviana reconoce que hacen «una labor impresionante» con los enfermos y con sus familias. «Eso es lo más grande» y «toda mi familia se lo agradecemos de corazón».

Experiencias en primera persona que son precisamente las protagonistas de la siguiente iniciativa que puso en marcha Ascol en Salamanca, los cafés solidarios. Soraya García explica que lo del café es realmente una excusa y partieron de la la base de que, por tradición en España, «tomando un café, todo el mundo se siente más a gusto. Alrededor de una mesa redonda, de un espacio tranquilo se inician las conversaciones».

Angelines Marazuela y su hijo Ismael, que se recuperó de una grave enfermedad hematológica, conocen bien los beneficios de lo que ella define como «la sala de la esperanza». Según su relato, era tal el cambio que experimentaba tras acudir a este particular y terapéutico desayuno que era su propio hijo el que le animaba para que fuera. Angelines siempre estaba allí antes de las 12, porque a esta sala se acercaban personas que habían ido al hospital a hacerse una analítica y no se olvidaban de lo que habían pasado. «Esa gente te motivada, te daba alegría», recuerda, porque «subían a tomarse un café, hablaban contigo, te contaban su experiencia y que estaban en ese proceso precisamente porque habían salido adelante».

Es el testimonio de una madre que compartió con otras madres, ingresadas en la misma planta, la angustia, los bajones, los malos momentos y también el apoyo sin palabras: «Nos abrazábamos». Pero en la «sala de la esperanza» escuchaba a personas jóvenes como Ismael, que iban saliendo y que le animaban a pensar que «él podía salir igual». Un café bien cargado de positivismo y energía.

Todos a una

La fuerza de estos encuentros tiene su reflejo, desde algo más de un mes, cada lunes, en el Hospital de Segovia. Las voluntarias de Ascol vienen desde Salamanca, pero la idea es crear un grupo aquí. Puri Bermejo asegura que «hay muchas compañeras que sí que están dispuestas» porque «hemos sido testigos de todo el proceso y es muy gratificante». Puri fue paciente y afirma que la planta de Hematología de Salamanca es muy diferente a cualquier otra, porque «hay mucho dolor pero también hay mucha solidaridad. Es un efecto que se encadena de unos a otros y se forman verdaderas familias que perduran en el tiempo». Al salir del hospital, «no te vas y ya está», quieres ayudar y en estos cafés «contamos anécdotas porque dentro del dolor, que evidentemente es muy grande, también hay luz».

Testimonios que escucha con atención y emoción el jefe de este mismo servicio en el Hospital de Segovia, el doctor José Antonio Queizan, quien remarcar que recoge «la filosofía de cuidar al cuidador» porque son «las asociaciones de pacientes» las que «están cubriendo ese hueco que la sanidad no puede cubrir». Porque pueden dar los mejores cuidados sanitarios y médicos, una habitación confortable, pero «el apoyo psicológico de la familia es fundamental», son ellas las que «hacen que los enfermos tiren hacia delante» ante circunstancias que «son muy adversas».

La sensibilidad y forma de trabajar en la planta de Hematología abarca a todo el equipo, desde el personal de limpieza, cocina, celadores, auxiliares, enfermeras y los hematólogos. Es una filosofía que los pacientes y sus familias no se cansan de explicar y de resaltar. La supervisora de Enfermería de la Unidad, Concha García, remarca que el personal recibe un periodo específico de formación, aunque no existe la especialidad como tal. Los tratamientos y todos los procesos se realizan en esta planta por parte de estos profesionales, no se hacen en otro espacio del hospital, «nunca están periféricos».

El doctor Queizan agradeció a la Gerencia del Hospital su implicación desde el primer, acogiendo el proyecto «como algo prioritario». Una idea que suscribe la subdirectora de Enfermería, Laura Callejo, que coordinó todo el trabajo administrativo con Ascol, habilitando la sala de familiares de la quinta planta para los cafés solidarios. Su presidenta agradece la colaboración unánime. Ahora queda el reto de difundirlo. Ascensión Hernández asegura que están teniendo una gran acogida cuando acuden al edificio de Consultas, que comparten Hematología y Cardiología.

El doctor Queizan considera que la sociedad segoviana tiene estar «orgullosa» porque los tratamientos hematológicos que tienen el Hospital de Segovia «están al mismo nivel que los centros de grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Pamplona», e incluso de Houston (Estados Unidos), y es «importante que la sociedad lo sepa». El jefe de Hematología enfatiza que las enfermedades de la sangre, las leucemias, los linfomas, tienen «ya de entrada un componente de gravedad muy importante», pero los avances médicos han permitido que enfermedades prácticamente incurables se puedan curar en 10, 12 ó 15 años, y dar de alta a los pacientes. También se ha logrado, explica, que «aunque no se pueda curar sí hay supervivencias muy destacadas».