Se busca jubilado para compartir piso, razón La Granja

Se busca jubilado para compartir piso, razón La Granja
Antonio de Torre

Desde hace 27 años el Ayuntamiento del Real Sitio ofrece viviendas de alquiler tutelada para evitar la soledad de los mayores

CLAUDIA CARRASCAL Segovia

«Los años no pasan en balde» es uno de los dichos populares que se ha transformado y transmitido desde la época de Miguel de Cervantes hasta nuestros días y que la gente continúa utilizando con frecuencia, porque sí hay algo cierto es que el tiempo hace mella. Los años aportan experiencia y sabiduría, pero también traen consigo una disminución de las habilidades motoras, mayor torpeza y en muchos casos soledad. Esto es precisamente lo que quieren combatir las cuatro personas que residen que la vivienda de alquiler tutelada del Ayuntamiento de La Granja. No tiene nada que ver con una residencia de ancianos porque hay total flexibilidad para entrar y salir. Pueden ir hacer la compra, a pasear, a visitar a vecinos y familiares o con el fin de participar en cualquiera de las actividades culturales y de ocio que tienen lugar en el municipio. En esta vivienda no existen restricciones y los horarios no son un problema, se acuestan y se levantan a la hora que desean y ellos fijan sus rutinas, tan solo si quieren comer y cenar en la vivienda tienen que estar a tiempo.

Sin embargo, tampoco se parece en nada al aislamiento y el desamparo que sufren muchos ancianos en sus casas. La escasa movilidad les restringe cada vez más y actividades cotidianas como hacer la compra, dar un paseo o cocinar se convierten en una labor costosa que tratan de evitar, por lo que acaban encerrándose cada vez más y limitando su vida social. Solución que también encuentran en este modelo de vivienda, ya que está completamente adaptada, hay una empleada que se encarga de todas las labores domésticas y comparten zonas comunes con otras personas que se encuentran en una situación similar, por lo que la soledad deja de ser un problema. En definitiva, esta casa se convierte para ellos en pocos días en un hogar agradable y acogedor en el que su vida resulta mucho más fácil.

Al menos así lo indican dos de sus inquilinas Lola y Teresa, que llevan en esta vivienda 9 y 6 años respectivamente, y consideran que ha sido la mejor decisión que han podido tomar. «Aquí todos somos una familia, nos ayudamos en todo y convivimos», explica Teresa, quien reconoce que, aunque sus orígenes no están en La Granja porque nació en Uruguay, este municipio segoviano ya se ha convertido en su pueblo, y esta casa, en su hogar. Además, valora la cercanía a su hija y a su nieta, que también viven en la localidad, y la posibilidad que le ofrece este proyecto impulsado por el Ayuntamiento de llevar una vida independiente, pero a la vez con enormes facilidades.

Una actividad tan sencilla como andar cada vez supone un reto más grande para Teresa, quien, no obstante, reconoce que ayudada por su andador le encanta salir a la plaza y ver el ambiente. Aunque ahora en invierno aprovecha para intensificar su afición predilecta, tejer. Pasa horas entre agujas y lanas y es que, a pesar de su avanzada edad, no hay nada que se le resista, hace jerseys, bufandas, chaquetas, e incluso, ponchos. También recuerda que hace unos años, cuando su movilidad era mejor, aprovechó una pequeña parte del amplio jardín común de la casa para crear un pequeño huerto con lechugas y pimientos, entre otras verduras que luego consumían.

Durante años Teresa ha sido la asidua compañera de parchís de Lola, que ahora se sienta en la sala de estar muy cerca de ella para poder comentar los programas de la televisión o simplemente pasar un rato agradable charlando de sus familias, sus aficiones y su pasado. Lola cuenta que los achaques de la edad le han quitado las ganas de juegos de mesa, pero hasta hace no mucho las competiciones amistosas de parchís con su compañera eran toda una tradición.

Hace años, Lola sufrió una caída y aunque cuando llego a esta vivienda, en 2009, su estado de salud era mucho mejor y podía colaborar en las labores domésticas, admite que en su casa estaba sola y sentía que necesitaba ayuda y más atención. Para ella, es un importante apoyo contar con compañeros con los que compartir su vida porque, en su opinión, «no es fácil superar la frustración que causa ver como cada día puedes hacer menos cosas».

Desde los 14 años estuvo trabajando en Madrid y, después, ha dedicado toda una vida a su familia. Ahora tiene cinco bisnietos a los que adora y muy buena amistad con muchos de los vecinos de La Granja, por lo que es una de las personas que más visitas reciben. Eso sí, ha llevado siempre una vida tan activa que le gustaría que entrasen más inquilinos en esta casa porque «cuantos más seamos, más divertido y más movimiento hay», asegura. Por lo que anima a los mayores del pueblo a que sigan el ejemplo de Teresa, Gloria, Ventura y el suyo propio, los cuatro ocupantes actuales, y opten por la vida en compañía.

Un modelo de futuro

Más de 60 mayores han pasado por esta casa desde que comenzó a funcionar, el 3 de noviembre de 1991, y una de las personas que más se ha implicado ha sido Esperanza Alonso, la trabajadora a tiempo completo de este centro desde los inicios del centro.

Cinco habitaciones con capacidad para nueve personas, tres baños adaptados, cocina, comedor, sala de estar y jardín componen esta vivienda, que durante varios años contó con lista de espera para acceder. Ahora solo tiene cuatro inquilinos, aunque hasta antes de verano eran seis, ya que dos han fallecido en los últimos meses.

Esperanza se encarga de la limpieza de toda la vivienda, de cocinar, de bañarlos y de atender sus necesidades. Además, hay otras dos personas que hacen las mismas funciones los fines de semana, por lo que, a su juicio, «se encuentran muy bien atendidos» y no solo a nivel físico, sino también emocional porque este trabajo «tiene mucho de labor doméstica, pero también psicológica», señala.

Por eso, lamenta los prejuicios que existen en torno a este tipo de viviendas, hace varias décadas había cinco en la provincia de Segovia y hoy solo queda la de La Granja. «Aquí no hay lujos, pero tienen todas las comodidades, facilidades, ayuda, comidas caseras muy variadas y la compañía que necesitan», asegura. Asimismo, defiende la importancia de que estas viviendas intermedias entre la residencia de ancianos y los domicilios particulares se extiendan por todas las ciudades y municipios, ya que, en su opinión, es el modelo del futuro porque es una forma de vivir en un hogar, pero bien atendido.

Eso sí, reconoce que la implicación de otras administraciones, como la Junta de Castilla y León, podría suponer un impulso importante porque permitiría contar con fondos para contratar a una persona por las noches y que la casa estuviera atendida las 24 horas. A su juicio, esto no es un hándicap porque cuentan con dos botones desde los cuales en caso de una urgencia pueden contactar directamente con Cruz Roja a cualquier hora del día, además, se ayudan los unos a los otros cuando se ponen malos, sin embargo, reconoce que otra empleada daría más seguridad a las familias.

Un alquiler social

Los recursos económicos de cada persona tampoco son un problema para ingresar en esta vivienda. El alcalde de la Granja, José Vázquez, explica que este proyecto que emprendió el Consistorio hace 27 años para ofrecer una vida mejor a los mayores del municipio nunca ha contado con ningún tipo de ayuda ni subvención de la Junta de Castilla y León, ni del Gobierno central. Sin embargo, «no es un negocio, sino una obra social», por lo que los residentes pagan en concepto de alquiler el 70% de la pensión que reciben, independientemente de que sea o no contributiva y de la cantidad. No obstante, en la mayoría de los casos son tan reducidas que en una residencia tendrían mala acogida, porque hay algunas que no superan los 160 euros mensuales.

Vázquez insiste en que el Ayuntamiento ha luchado por mantener esta vivienda en funcionamiento, incluso, en los peores años de la crisis. En este sentido, anuncia que el objetivo es ampliar este proyecto en los próximos años y, además, de acometer las próximas semanas la renovación de la pintura y de la iluminación, entre otras mejoras, pretende rehabilitar las dos plantas superiores de la vivienda para crear una casa intergeneracional. Por el momento, es un plan de futuro, pero advierte que sería una forma de dar un uso social a todo el edificio dejando las nueve plazas actuales para mayores y creando nuevas viviendas en las plantas superiores para la emancipación de jóvenes y víctimas de violencia de género.

En todo caso la intención es ir a más, pero en ningún momento el Ayuntamiento se plantea echar el cerrojo a esta vivienda que tiene un coste de mantenimiento de 35.000 euros anuales. Por ella, han pasado y siguen pasando personas que vivían en la indigencia, con Diógenes, discapacidad, en la más triste soledad o en una situación deplorable, pero, a todos ellos, esta casa les ha devuelto a la ilusión y les ha dado la oportunidad vivir dignamente una de las etapas más difíciles de sus vidas.

 

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