Los avisos para la retirada de enjambres se multiplican por doce en Segovia

Un apicultor de Segovia trabaja en una colmena de Zamarramala. /Antonio De Torre
Un apicultor de Segovia trabaja en una colmena de Zamarramala. / Antonio De Torre

Entre junio y lo que va de julio, Emergencias 112 de Castilla y León ha atendido 37 incidencias

CÉSAR BLANCOSegovia

Un bombero del parque de la capital segoviana comentaba a mediados del mes pasado que «en mi vida había visto nada igual», y eso que lleva años en el oficio. Se refería a la concentración de llamadas atendidas durante el fin de semana del 16 y 17 de junio que avisaban de la presencia de colmenas o enjambres de abejas. Las alertas ciudadanas que viene atendiendo el cuerpo de Protección Civil durante este verano por la proliferación de estos insectos se han disparado. Por fortuna, ninguna de esas notificaciones ha sido como consecuencia de una urgencia de carácter sanitario por graves o múltiples picaduras, casos que sin embargo sí se han producido en provincias vecinas como Ávila o Palencia.

El registro de avisos relacionados con colmenas de abejas en Segovia se ha multiplicado por doce con respecto al año pasado, según los datos recopilados por el servicio Emergencias 112 Castilla y León. Concretamente, si se toma como referencia el periodo transcurrido entre junio y los primeros doce días de julio, este año se ha prestado asistencia en 37 avisos, fundamentalmente para pedir ayuda a la hora de retirar colmena. En ese mismo plazo de tiempo de 2017, el centro de operaciones del 112 Castilla y León únicamente había contabilizado tres comunicaciones por esta causa.

Julio (con once alertas en doce días) lleva el mismo camino de junio, cuando se tramitaron 26, a una media de prácticamente una por jornada. No es de extrañar que el bombero mostrara cierta sorpresa; sin embargo, la abundancia de enjambres y colmenas es la lógica y natural consecuencia de las condiciones meteorológicas vividas en los últimos meses.

La formidable floración que ha explotado con el buen tiempo tras un invierno y una primavera largos y húmedos hace que la vegetación crezca desbordante e inunde los campos con su policromía y sus aromas. Al mismo tiempo, esta eclosión de la madre naturaleza también ha hecho que aumente de forma exponencial el número de insectos, un hecho que ha llenado de vida pastos, cultivos y montes y que también ha afectado a los núcleos urbanos.

El presidente de la Asociación de Apicultores de Segovia, Alejandro de la Hoz, explica que «las abejas son el termómetro que detecta esos cambios en la naturaleza». A estas alturas del calendario, estos insectos han hallado unas condiciones «muy favorables» para reproducirse. «Necesitan el polen para criar, es su proteína», añade el experto, quien además critica «el error» que supone la prohibición por ley de que haya colmenas en zonas urbanas. «Ojalá se pudieran tener incluso en casa», declara.

Otros profesionales achacan la proliferación de este año a la acción del hombre, y es que debido a esa floración exagerada son muchos los apicultores trashumantes que han decidido trasladar sus colmenas. Pero Alejandro de la Hoz no cree que este factor sea crucial en el aumento exponencial de este verano y piensa que los trashumantes «también se han visto desbordados».

El segoviano también lanza un mensaje de tranquilidad a la sociedad. «Hay que ver a las abejas como unos insectos más de la naturaleza», asevera a la hora de instar a pederlas el miedo. De hecho, De la Hoz apunta que «no quieren saber nada de los seres humanos, huyen de nosotros, nos esquivan». Es cierto que pueden producirse ataques, pero son «aislados», incide el presidente de la Asociación de Apicultores de Segovia. Son casos accidentales, como por ejemplo si una abeja choca y se ve enredada en el pelo de una persona, entonces puede sentirse agredida.

En el Hospital General confirman que la actividad de urgencias en relación a la asistencia por picaduras es similar a la de otros años. «No hay nada reseñable, no hemos notado ningún repunte», aseguran fuentes del centro sanitario, a pesar de que haya más abejas.

En Segovia hay unas 6.000 colmenas estables, que ascienden a 14.000 con las trashumantes legales y habituales en la zona. Sin embargo, en épocas de máxima actividad pueden entrar en la provincia entre 20.000 y 30.000 colmenas más. La mayoría de ellas no respetan las regulaciones, ni las distancias aconsejadas. Por su parte, Alejandro de la Hoz señala que las colmenas silvestres que se formaban en árboles, paredes, recovecos de iglesias o rocas «han desaparecido por completo» debido a un parásito conocido como varroa. Hace tan solo unos años había cientos de miles de enjambres silvestres; pero ahora los pocos que aparecen no son capaces de fortalecerse y en menos de un año mueren.

El presidente de los apicultores segovianos hace hincapié en que la actividad apícola es «beneficiosa para la sociedad y la naturaleza». En la provincia, hay entre diez y doce personas que se dediquen a esta práctica de manera profesional., aunque los aficionados pueden rondar el centenar.

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