Luz Marina Bernal: «Las mujeres no parimos hijos ni para una guerra ni para ser vendidos»

Alicia Gómez Montano y Luz Marina Bernal, en el Encuentro de Mujeres./
Alicia Gómez Montano y Luz Marina Bernal, en el Encuentro de Mujeres.

La activista colombiana continúa la lucha para que se haga justicia por la 'ejecución extrajudicial' de su hijo, discapacitado y presentado como guerrillero después de su asesinato

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

En realidad, si la colombiana Luz Marina Bernal tiene la convicción de luchar para recorrer su país y buscar los restos de su hijo, de ayudar a las demás madres de las víctimas de los asesinatos extrajudiciales de los paramilitares, es porque a ella le transformaron su mundo. «Me di cuenta de que vivía en un país con guerra con 48 años, vivía en una burbuja», evocó este sábado en su diálogo con la periodista Alicia Gómez Montano. Hasta que su hijo Faír Leonardo «fue desaparecido». Cuando pasó, se dio cuenta de que Colombia llevaba 50 años viviendo con un conflicto y que, además de su caso, el de las ejecuciones extrajudiciales de inocentes, «las violaciones de los derechos humanos son generalizadas».

Era enero de 2008 en Soacha, un territorio deprimido cercano a Bogotá y Luz Marina, como muchos colombianos antes o después, descubrió que en ese país en guerra había «violaciones sexuales a mujeres, niñas, niños y adolescentes, torturas, desapariciones forzadas, genocidio, masacres, reclutamiento de menores, trata de personas, secuestros... y entonces veo con gran tristeza que la historia real de Colombia la han ocultado los medios de comunicación porque están monopolizados». En ese momento, cuando vio, lúcida, esa realidad y comenzó su lucha para que se destapara el caso de los 19 asesinatos de Soacha, y para que acabe bien el proceso de paz en su país, tan reciente como frágil porque ha habido otros nueve anteriores.

Con la voz serena, recordando con detalle fechas y nombres, con ese español de Colombia rico y descriptivo para contar su historia, tan definitoria de la verdadera condición humana como la mejor novela, Luz Marina atendió sin reticencias las preguntas de la periodista. Y contó su situación actual, que siguen las amenazas de los paramilitares, las que empezó a recibir en octubre de 2009 para que cesará en su lucha detrás de la verdad, cuando su hija menor cantó ante miles de personas una canción rap dedicada a su hermano.

Alicia Gómez Montano quedó impresionado cuando conoció a esta mujer menuda en un cementerio de Bogotá en 2015, unos días después de que se anunciara el principio de acuerdo entre el gobierno colombiano y las FARC para establecer la paz. Luz Marina le dijo una frase que repitió ayer dos o tres veces, que era «una madre muerta en vida» desde el día que mataron a su hijo, un joven de 25 años con la mentalidad de un niño de cinco y con su nobleza, que era «amoroso, respetuoso, lleno de detalles». Que todos los días le llevaba una rosa roja. «Eso es lo que me falta ahora», manifestó.

Su Leonardo no conocía el dinero. Era una ventaja de su discapacidad, pero su limitación no le impedía su trabajo de ayuda a la comunidad. Y su desaparición fue más dolorosa para Luz Marina porque, tres años después de su pérdida, ella y las madres de otros dieciocho desaparecidos de Soacha empezaron a enterarse de lo que realmente había pasado. Supo que un amigo, un militar retirado, le vendió por 200.000 pesos, unos 80 euros, a un grupo de paramilitares que lo asesinaron para cobrar las recompensas que el presidente, Álvaro Uribe, ofreció a quienes tuvieran éxito en operaciones contra grupos terroristas.

Pero Leonardo, cuya imagen llevaba sobre el pecho como si fuera un escapulario, no era un terrorista y a su madre le «activaron» las palabras que dijo Uribe cuando descubrieron los cadáveres de los 19 jóvenes de Soacha asesinados «que no habían ido a coger café», y que los presentaran como guerrilleros. Que lo dijera el presidente de su país fue lo que le decidió a enfrentarse «al Estado, el gobierno y la cúpula militar», a su juicio responsables por ocultar la verdad y por seguir haciéndolo casi nueve años después, mientras instituciones como Human Rights Watch (el observatorio de los derechos humanos) han dicho, señaló la periodista, que «no ha habido asesinatos más crueles que los de matar inocentes para cobrar por ello». Como los de Soacha. Desde entonces mantiene su lucha , porque «ellos deben la vida de mi hijo», porque fueron quienes ocultaron los falsos positivos de ADN, y su proyecto de vida ha sido llevar a juicio a los asesinos, condenados por un delito de lesa humanidad, y conocer todo el proceso de guerra y de construir la paz de su país; fue elegida para llevar la voz de las víctimas a las conversaciones de La Habana entre las FARC y el gobierno colombiano, un proceso incierto que, según relató, tiene muchas aristas y «muchas guerrillas más» que las FARC, porque los paramilitares siguen campando.

Luz Marina aún habla con su hijo. Cree que los restos que le dieron no son los suyos y sigue buscándole. Sigue en su lucha porque «las mujeres tenemos una fuerza que sale del amor de madre» y porque, insiste, «no parimos hijos ni para una guerra ni para que sean vendidos». Las mujeres, apostilló, afrontamos las principales luchas en mi país porque solo nos queda impedir que sigan vulnerando los derechos humanos».

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