Un tesis doctoral concluye que el granito del Acueducto de Segovia está en «estado crítico»

El doctor ingeniero en Minas, Fernando Pedrazuela, observa el Acueducto de Segovia desde la terraza de Santa Columba. /
El doctor ingeniero en Minas, Fernando Pedrazuela, observa el Acueducto de Segovia desde la terraza de Santa Columba.

El autor del estudio señala que la piedra con la que se construyó ya tenía «escasa dureza»

ELENA RUBIOsegovia

leva en pie más de dos mil años, majestuoso en el centro de la ciudad. Sus grandes arcadas hacen que los turistas se queden atónitos mirándolo mientras que los segovianos pasen a su lado todos los días sin contemplar, en muchas ocasiones, su colosal figura. En total, quince kilómetros de un monumento convertido en imagen y seña de identidad de toda una ciudad.

Es el Acueducto de Segovia que se mantiene a simple vista inalterable. Sin embargo, los expertos llevan años alertando de que hay que realizar cuidados constantes sobre el monumento romano, que se ha visto en los últimos dos siglos más amenazado que nunca por la acción del hombre. Su estructura ha soportado cómo el humo procedente de meteorología a la que está expuesto al existir en Segovia un importante choque térmico entre el día y la noche, están haciendo que «el granito del Acueducto esté en estado crítico». De hecho, el bien «nunca ha dejado de estar en estado crítico en las últimas décadas», según explica el doctor ingeniero en Minas, Fernando Pedrazuela.

La conclusión de cómo está la piedra se extrae de la tesis doctoral que ha elaborado este especialista titulada Caracterización petrográfica y petrofísica de la piedra monumental de la provincia de Segovia, un trabajo que ha realizado en los últimos 25 años. En este detallado estudio se recoge, a modo de atlas, las rocas ornamentales utilizadas en los diferentes monumentos de la provincia, así como las canteras y las técnicas de cantería empleadas en los distintas edificaciones para que «los profesionales de la restauración tengan una guía de los materiales usados», además de «reivindicar los monumentos Segovia desde el punto de vista del maestro cantero».

Dentro de este voluminoso trabajo, una de las partes está dedicada al Acueducto de Segovia y su piedra. Según este experto, la construcción del monumento de ingeniería romana se llevó a cabo con granito procedente de canteras de la zona de San Medel, de Valsaín y La Granja, así como del entorno de San Millán, entre otras extracciones. Las piedras usadas entonces por los maestros canteros eran aquellas que «podían cantear» con las herramientas de la época, muy distintas a las que se utilizan en la actualidad.

Patrocionio de estudios

Por este motivo, el principal monumento de la ciudad ya se edificó con piedra «parcialmente degradada con grano grueso», con unas características físicas particulares al ser «de gran alteración, deleznable, con poca tenacidad y escasa dureza», ahonda en el análisis el especialista. Pero entonces, las piedras se patinaban, es decir, se les impregnaba una película de proteína que protegía del ataque del agua y posterior choque térmico para evitar que salieran cristales entre las fisuras con su dilatación por el frío.

Pedrazuela asegura que, aunque el monumento «esté deteriorado, no significa que esté abandonado»; pero requiere que «no se le pierda de vista y habrá que intervenir de manera continua en el tiempo». Por eso, reclama que tanto universidades como instituciones «patrocinen estudios» que deben de hacerse de manera constante». A su juicio, «los segovianos tendemos a pensar que ya se hizo una intervención y ya está solucionado; pero no es así, el Acueducto es un enfermo crónico y requiere unos cuidados intensivos de manera continua».

Por eso, su tesis doctoral pretende ser una llamada de atención a toda la sociedad para que evite actuaciones que pueden causar daño al monumento. «Gracias como meter la mano en grietas del monumento y llevarse partes pequeñas de los sillares» hacen mucho daño a la estructura, avisa Pedrazuela. De hecho, en algunos sitios, la piedra está tan debilitada que «con el simple toque del dedo se desgrana».

«Evitar barbaridades»

El doctor ingeniero en Minas persigue la máxima de «hacer lo máximo interviniendo lo mínimo». Por eso, apunta varias actuaciones que pasan por «no cesar en su limpieza», que no existan espectáculos pirotécnicos en las inmediaciones del Acueducto como se realizaban hace años, y que se evite pegar junto al monumento la celebración de conciertos con gran potencia de decibelios porque «es como si le subiéramos en una estructura vibrante y le diéramos mazazos», especifica.

El especialista considera necesario un estudio para ver cómo responden las juntas del monumento, cómo está la pátina contra la contaminación, examinar las pérdidas de material y sobre todo, seguir evitando riesgos, peligros, así como que no se produzcan actos vandálicos.

La situación actual no es alarmante ni existe un riesgo inminente de caída. Pero sí hay que «evitar barbaridades» porque podrían causar importantes daños, ya que las dovelas de los arcos principales están apoyadas sobre «superficies de escasos centímetros», por lo que podría existir un riesgo estructural importante si el arco tuviera «un reparto diferente de fuerzas», añade el doctor ingeniero de Minas.

Hace veinticuatro años

Una de las últimas actuaciones más destacadas realizadas en el monumento fue a principios de los años noventa, en 1992, cuando técnicos del Instituto Alemán y arqueólogos de la Junta de Castilla y León alertaron al entonces alcalde de la capital segoviana, Ramón Escobar, de la inminente caída de algunos arcos. Como consecuencia de aquellos informes y conversaciones, se prohibió la circulación debajo de los arcos, que soportaban una media de 22.000 vehículos porque bajo sus arcos confluían seis carreteras nacionales y regionales.

La restauración duraría hasta 1999, invirtiéndose algo más de 5,5 millones de euros. Sin embargo, en 2006, el nombre del Acueducto romano de Segovia figuró en la lista de uno los cien monumentos del mundo en peligro, según el Fondo Mundial de Monumentos (WFW), una organización internacional sin ánimo de lucro que trata de llamar la atención sobre la posible desaparición de bienes históricos.