La formación de socorristas desciende más del 50% en los últimos cinco años

Una socorrista vela por la seguridad de los bañistas en las piscinas municipales de La Albuera. /
Una socorrista vela por la seguridad de los bañistas en las piscinas municipales de La Albuera.

Preocupación por la baja participación en los cursos de actualización, que ha caído un 65%

ELENA RUBIOsegovia

La importancia de la figura del socorrista es fundamental en una piscina para evitar cualquier desgracia, ya que es vital actuar antes de que transcurran cinco minutos para que una persona que ha estado sumergida no fallezca. Por suerte, normalmente en las piscinas de Segovia no han ocurrido graves incidentes, pero es fundamental estar preparado.

Cualquier instalación, ya sea pública o privada e incluso en las comunidades de vecinos, tiene la obligación de contratar un socorrista que se encargue de velar por la seguridad de todos los usuarios de una piscina. La especialización de esta figura ha crecido notablemente en los últimos años. De su formación se encarga desde hace veinte años la Escuela Segoviana de Socorrismo (ESS), que trabaja durante todo el año para poder satisfacer ahora la demanda que les llega desde las diferentes piscinas que hay repartidas por la provincia.

Sin embargo, estos profesionales han notado un descenso de más del 50% en la demanda de formación en los últimos cinco años. Los cursos tienen un cupo máximo de 25 personas y ahora «no llegamos ni a diez, los hacemos por no dejarles a los interesados sin la oportunidad», explica el director técnico de la Escuela de Socorrismo de Segovia, Luis Miguel Pascual.

De hecho, este año se han visto obligados a suspender dos cursos de formación de socorrismo, porque «no hemos completado el grupo», cuando hace apenas unos años debían de hacer incluso pruebas de selección porque había más interesados que plazas. En lo que va de año. ya han formado a 18 personas para ser socorristas, aunque todavía tienen al menos un curso en octubre pendiente, por lo que la cifra puede aproximarse a los 32 socorristas que se formaron en 2015. El director técnico de la Escuela sí muestra su preocupación por los cursos de actualización, que deben de hacer cada dos años los socorristas para estar al día. En este caso, las cifras sí son más preocupantes , ya que durante el año pasado registraron 64 actualizaciones mientras que en este 2016 sólo han contabilizado 22 personas, y ya «no vamos a hacer ninguna más en lo que queda de año». Los datos reflejan una bajada de algo más del 65%.

La menor demanda de formación se explica, en parte, por el perfil de las personas que se interesan por este trabajo. Este desempeño ha sido tradicionalmente un reclamo para jóvenes de entre 18 y 25 años, y la crisis ha tenido mucho que ver. Según sostienen desde la Escuela de Socorrismo, «el curso tiene un pequeño desembolso que luego se puede recuperar a través del trabajo» y las familias han destinado esa cuantía a otras necesidades. Otra de las razones que, apunta Pascual, es que «la formación es cada más exigente en preparación, contenidos y prácticas, además de tener jornadas largas y ser un trabajo estacional».

Más de 30 años

No obstante, en los últimos años, estos profesionales también han notado un nuevo grupo de personas interesadas en realizar el curso que supera los treinta años para tener «una opción al mercado laboral».

En este sector, entre el 90 y el 100% de los titulados consiguen trabajo, una opción nada desdeñable de cara a combatir el desempleo o acceder a un primer empleo. La ESS, que este 2016 cumple 20 años, ha formado desde 1996 a unos 900 socorristas, proporciona conocimientos en primeros auxilios y salvamento acuático y permite obtener la certificación como socorrista en piscinas e instalaciones acuáticas que habilita a trabajar en cualquier lugar de España.

Niños y mayores

Pascual, además de ser director técnico de la Escuela de Socorrismo de Segovia es profesor de la Asociación Española de Socorristas (AETSAS). Este colectivo recoge desde el 2013 los datos de los ahogamientos en el medio acuático en todo el país, extraídos de los medios de comunicación. De enero a junio de este 2016, han registrado 450 incidentes en el medio acuático, con 210 fallecidos. El 90% de los fatales siniestros ocurrieron en zonas no vigiladas, es decir, sin socorristas y el 50% tuvieron lugar en playas.

Segovia cuenta con 99 instalaciones de piscinas de uso público

Los días de tanto calor, como los vividos esta semana pasada, hacen que los segovianos busquen alternativas para combatir las altas temperaturas. Uno de los lugares más comunes es ir a las piscinas, tanto particulares como públicas. Espacios que centran la actividad diaria de muchas personas durante el verano pueden ser un foco de riesgo de accidentes, que en su mayoría son menores, pero que también exigen la presencia de una persona cualificada para evitar males mayores y que no se amargue el verano. En la provincia, hay 99 piscinas de uso público repartidas por diferentes municipios de la provincia, según datos facilitados por la Delegación Territorial de Segovia.

En concreto, de ese centenar 89 corresponden a piscinas al aire libre de titularidad pública y privada, 66 y 23 respectivamente. Las otras diez instalaciones son climatizadas, ocho de ellas de titularidad pública y solo dos con titularidad privada.

La capital es el lugar donde más piscinas se concentran con un total de once instalaciones, cinco de ellas al aire libre de titularidad privada, tres de ellas al aire libre pero de titularidad pública y tres climatizadas de titularidad pública.

En cuanto a número de instalaciones le sigue El Espinar, con ocho piscinas: cuatro de ellas al aire libre de titularidad pública y dos privadas, además de contar con una de climatizada de titularidad pública y otra de titularidad privada.

Para que una piscina tenga la consideración de uso público así como para que los ríos o embalses se declaren zonas de baño, esos lugares deben de contar con un socorrista, además de cumplir con otras condiciones señaladas en la normativa de aplicación.

Estas piscinas, tanto públicas como privadas son sometidas a dos visitas de inspección por la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León. La primera de ellas, a vaso vacío, es decir, previa al llenado de la instalación, debe verificar las condiciones tanto estructurales como higiénico-sanitarias de las cubetas, mientras en que la segunda, una vez llenado el vaso y antes de su apertura a los usuarios, los inspectores comprueban las condiciones estructurales e higiénico-sanitarias de las instalaciones, emitiendo el correspondiente informe sanitario para el inicio de la temporada de baño.

A lo largo de la temporada de baño, los servicios sanitarios regionales también establecen y acometen un protocolo de inspecciones y toman muestras de forma periódica con el objetivo prioritario «de controlar la calidad del agua de baño y las condiciones higiénico-sanitarias de las instalaciones».

Además, las piscinas de uso público deben de estar dotadas de material, de las prácticas de manejo, y sobre todo, «de la necesaria desinfección que impida una proliferación de los gérmenes ligados, principalmente, a procesos gastro-entéricos y oculo-dérmicos».

Baños en el pontón

En cuanto al Pontón Alto, no existe expresamente la autorización para bañarse, a pesar de que lleva casi 20 años construido. Por eso, la Escuela de Socorrismo continúa con la estrategia de otros veranos, repartir durante los fines de semana folletos divulgativos del riesgo que encierra el baño y confían en la responsabilidad de cada persona.

Los especialistas recuerdan los riesgos de esta zona: como que los márgenes no están acondicionados, es muy profundo y a pocos metros de la orilla ya cubre, existen corrientes de agua y hay gran distancia entre las orillas, además de tener un fondo fangoso, con rocas, piedras y otros objetos que no se ven desde la superficie.

El objetivo de recopilar estos datos es, ver de manera real la dimensión del problema y «concienciar y mejorar la prevención, especialmente en los niños». Para estos profesionales, los menores son «una prioridad». Por eso, tienen en marcha una campaña de prevención de ahogamiento infantil ajo el lema En el agua, cuento contigo, donde recogen un decálogo de recomendaciones para que los menores tengan la máxima seguridad en el agua porque «tú eres el mejor socorrista que tus hijos pueden tener».

Entre esas normas, se encuentran prácticas tan lógicas como elegir zonas de baño donde siempre exista un socorrista, realizar una supervisión constante y que haya siempre un adulto vigilándoles, evitar y eliminar las distracciones, instalar un sistema de barrera para que no puedan acceder a una piscina doméstica así como crear un entorno seguro.

De hecho, estos profesionales aseguran que solo son necesarios 27 segundos para que un menor que no sabe nadar comience a ahogarse, y entre tres y cinco minutos para que el niño sufra graves secuelas o pueda fallecer, siendo la causa principal de muerte accidental en niños de entre cinco y 14 años en todo el mundo. «El 100% de los ahogamientos infantiles ocurren por falta de supervisión de un adulto, por un descuido», matiza Pascual.

Las personas más mayores también son uno de los objetivos clave de la Escuela de Socorrismo, por eso les piden que «tengan cuidado». De los 210 fallecidos que ha habido este año en España casi el 20% han sido personas entre 65 y 75 años. Pascual pone un ejemplo muy claro de esta situación. «Si un grupo de jubilados de un pueblo de Segovia, que sepan todos nadar, se van de excursión al mar, deben de extremar la precaución porque las habilidades para nadar en el mar son diferentes, lo que vale en la piscina en la playa ya no vale», advierte.