La seguridad del baño en el Pontón Alto lleva 19 años en entredicho

Bañistas en el entorno del Pontón Alto. /
Bañistas en el entorno del Pontón Alto.

Con la llegada del verano, el pantano de la carretera de La Granja se llenará de visitantes que han de tener claro que no es una zona autorizada para las zambullidas

CÉSAR BLANCO ELIPE

Ha sido ver cómo el mercurio subía y las primeras avanzadillas de bañistas se han lanzado a poblar las orillas Pontón Alto y a darse las primeras zambullidas. Por muy habitual que sea esta estampa estival por estas latitudes, ¡ojo! El delegado territorial de la Junta de Castilla y León, Javier López-Escobar, repetía ayer el aviso que se sabe y conoce, pero que se desafía igual. El pantano situado entre el Real Sitio de San Ildefonso y Palazuelos de Eresma no posee la autorización como zona de baño.

«Lo único que puede hacer la Junta de Castilla y León es prevenir mediante campañas de información. Y así lo hará, «para que las personas sean conscientes de los riesgos y sean responsables», como ha reclamado el delegado territorial. Pero o cierto es que, otro verano más, el baño en el Pontón Alto carecerá de vigilancia específica y de un equipo de socorristas que controle y preste rauda atención en caso de producirse una incidencia que nadie desea. Ni el Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso, ni la Subdelegación del Gobierno en la provincia ni la Junta de Castilla y León.

Ni un dedo

Nadie quiere más tragedias en el embalse; pero sin embargo «la situación es la misma que en veranos anteriores», se queja el portavoz de la Escuela de Socorrismo de Segovia, Luis Miguel Pascual. En sus palabras desliza una cierta desazón al observar cómo año tras año el calendario voltea la hoja anunciadora del verano y «las instituciones no han movido un dedo».

Desde que el Pontón Alto se pusiera en servicio, en 1993, la Escuela Segoviana de Socorrismo, ha venido alertando de manera constante acerca de sus características y sobre las amenazas que se ciernen en torno a su uso acuático. «En 1995, a raíz del primer ahogamiento, la escuela realizó el estudio técnico, llamado Plan de Seguridad del Pontón Alto, que fue la base imprescindible para que en los veranos de 1996 y 1997 el embalse contase con un servicio de socorrismo y una cierta organización del baño y el entorno, consensuada entre las distintas administraciones», destacan sus responsables, quienes agradecen la labor de la por entonces subdelegada del Gobierno, Esther Vallejo, y a los fondos de la Fundación Varela.

La financiación se agotó y el proyecto se evaporó. Diecinueve años han pasado desde entonces. Son casi dos decenios bordeando la fatalidad, y, por desgracia, a veces incluso sumergiéndose en ella. La Escuela Segoviana de Socorrismo recuerda cinco fallecimientos ocurridos durante este tiempo por ahogamiento, además de los diversos accidentes acuáticos de cada temporada.

Faltaron opiniones

El año pasado pareció haber un intento por regular el uso y aprovechamiento del Pontón, pero «ni siquiera nos invitaron». Luis Miguel Pascual deduce así el inmovilismo de las administraciones para abrir de «un debate amplio, serio y responsable» que implique también a los profesionales a los que representa. A falta de una regulación más amplia del entorno y del empleo del agua del embalse, a los socorristas no les queda más remedio que seguir con la campaña informativa y de sensibilización dirigida a los bañistas y visitantes en general que acoge esta zona recreativa.

Más allá de discutir sobre qué institución ha de articular las restricciones sobre el uso del Pontón Alto, Pascual reconoce la incapacidad económica de montar un operativo de socorrismo, al estilo del fugaz que estuvo activo hace veinte años. Es muy costoso, incide. Frente a ello, repetirán la estrategia de otros veranos, es decir, repartirán durante los fines de semana folletos divulgativos del riesgo que encierra el baño en el embalse y confiarán en la responsabilidad individual de cada persona, a la que apela también el delegado.

«La seguridad es un problema de regulación, recursos y planificación de medios, zonas y servicio de socorrismo, que es técnicamente susceptible de organizarse con un nivel de seguridad adecuado, como quedó demostrado durante los dos años en que hubo socorristas. En definitiva, estamos hablando de voluntad y de dinero», explica el colectivo segoviano.

La actitud que ha mantenido el alcalde del Real Sitio en los últimos años ha sido la de dar prioridad a la prohibición del baño y después ya determinar si se establece un plan de usos y en qué términos, pero los límites competenciales no han acabado por definir la regulación por la que también aboga la Escuela Segoviana de Socorrismo.