Bosque de Matasnos, nueva estrella en el firmamento de Ribera

Beatriz Serrano, Juan Pablo Cogolludo, Pablo Martín y el distribuidor de la bodega en Segovia. /
Beatriz Serrano, Juan Pablo Cogolludo, Pablo Martín y el distribuidor de la bodega en Segovia.

Buenos vinos que, de seguir en esta línea, alcanzarán el universo Parker.

CARLOS ISERTEsegovia

Empecemos como mandan los cánones de Baco o Dionisos: al pan, pan y al vino, vino. Digo esto porque la joven bodega burgalesa Bosque de Matasnos, a partir de este momento bajo el acrónimo BMA, no es de Tomás Postigo, exenólogo de Pago de Carraovejas (cuyo vacío ha sido recientemente sustituido con el fichaje del ex de Vega Sicilia, Xavier Ausás). Y no es el dueño porque, sencillamente, Postigo tiene su propia bodega en Peñafiel, de nombre homónimo, si bien es cierto que Jaime Postigo, primo del crack del vino ribereño, ha convencido a Tomás para que haga pareos con esta nueva estrella del firmamento vitivinícola del Duero. Dicho y aclarado todo este asunto, ya solamente nos queda ponernos en manos de Pablo Martín, sumiller de sumilleres, copero mayor de Cándido (casi ná) y presidente nacional de todos estos chicos y chicas del delantal de cuero negro y esa cosa rara colgada al cuello en forma de concha marina que recibe el nombre de tastevín, además de lucir una insignia con llaves y racimo de uvas; es decir, presidente de la Unión de Asociaciones Españolas de Sumilleres (AUES).

Y nos ponemos en sus manos porque fue el encargado de presentar los vinos de BMA, junto a Juan Pablo Cogolludo, responsable comercial de la bodega, en el siempre plácido, amplio y con servicio impecable, Hotel Cándido. Pablo Martín, provisto de una nariz física y organoléptica como pocos pueden presumir, advirtió desde el principio de la alta graduación de estos vinos, que como muy bien señaló (lo comparto con él) tienen cierto ataque alcohólico que es mitigado por la untuosidad, acidez y redondez de estas elaboraciones realizadas en lo más alto (950 metros) del Duero.

Sin embargo, a mí me encantaron las dos marcas catadas, empezando por la última, Edición Limitada 2011, con una nariz graciosa e intensa de frutas rojas y negras, pero no de frutería de Mercadona, sino del bosque, de ese espacio donde cohabitan las moras y las frambuesa pasadas por madera. De ahí que Martín encontrara especiados, tabaco y cacaos, para fundirse en boca en un recorrido intenso, carnoso y largo. Un vino, sin duda, que dará mucho de qué hablar porque a pesar de ser nuevo en el universo Ribera ya está pidiendo paso.

Y en cuanto al Etiqueta Blanca 2012, se mostró limpio, con fruta ensamblada perfectamente con la madera y balsámico, para expandirse en boca y, al margen del ataque alcohólico advertido por Pablo Martín, mostrar taninos sin aristas, maduros y dulzones, pero elegantes, golosos y minerales. Buenos vinos que de seguir en esta línea alcanzarán el universo Parker.

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