La Junta limitará las pruebas deportivas masivas que transitan por Guadarrama

Grupo de senderistas participantes en una ruta por el entorno serrano. El Norte/
Grupo de senderistas participantes en una ruta por el entorno serrano. El Norte

La intención es fijar cupos máximos de participación o alejar las rutas y desviarlas de parajes que son emblemáticos en el Parque Nacional

CÉSAR BLANCOsegovia

La masificación es el caballo de batalla para la protección del Parque Nacional de Guadarrama. Parece un contrasentido cuando municipios y administraciones públicas implicadas no disimulan la búsqueda de un rendimiento a las 33.960 hectáreas de la sierra cobijadas bajo esta figura de protección. Eso sí, intentando que esos aprovechamientos sean acordes con lo legalmente regulado. Es un difícil equilibrio por el que deben caminar las normas y usos con el objetivo doble de la rentabilidad turística y que ésta sea compatible con la defensa del espacio serrano protegido.

Madrid y Castilla y León, y viceversa, han de ir de la mano en su andadura por el fino alambre de la gestión del Parque Nacional. En la vertiente de la Comunidad vecina heredaron y trasladaron a la declaración itinerarios como el de Peñalara o el del Alto de Manzanares, que cuentan por miles sus visitantes. Algo parecido le ocurre a las faldas segovianas. Antes de que las 12.246 hectáreas de Parque Nacional localizadas en la comunidad castellana y leonesa se convirtieran en superficie medioambiental protegida, ya disfrutaban del éxito cosechado con los programas de rutas guiadas como las que se localizan en el entorno de Valsaín y que ahora el Gobierno regional aprovecha para sumarlas a la oferta de utilizaciones públicas del Parque, recuerda el director general de Medio Natural de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, José Ángel Arranz.

«Por ahora, los políticos solo promueven el uso público en masa»

El biólogo y consultor medioambiental, Manuel Oñorbe, conoce bien los tesoros naturales del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama; por esa misma razón también sabe cuáles son las amenazas y riesgos que acechan a la conservación, sobre todo en la vertiente madrileña, la que sufre una mayor sobrepoblación. En primer lugar, se encuentran los peligros «derivados del uso público».

El experto advierte de «la enorme presión que ejercen los cinco millones de habitantes sobre un espacio de tan reducidas dimensiones y tan cercano, lo que está generando gran impacto sobre el Parque». Oñorbe aboga por que el Plan Rector de Usos y Gestión (PRUG) esté aprobado cuanto antes «para zonificar el Parque y regular las utilizaciones». Desconoce por qué se ha retrasado hasta diciembre de 2017 el plazo para tenerlo listo, ya que debería estar preparado a finales de este mismo curso. «Por el momento, los políticos encargados de las decisiones referentes a la protección solo están promoviendo el uso público en masa, mientras que se descuida la conservación e investigación de los valores naturales. Por ello, se hace necesario que se adopten decisiones valientes para conservar el espacio».

Acceso en autobús

Considera «urgente» abordar el problema de la masificación en los accesos a la sierra; aunque admite que la solución es «difícil». «Existe un enorme descontrol en los puertos de Canencia, Morcuera, Navacerrada y Cotos. Debería limitarse el acceso privado a algunos de estos lugares, permitiendo el acceso únicamente mediante autobús, y especialmente en verano».

Otro riesgo que detecta son las bicicletas de montaña, sobre todo en el entorno de Cercedilla. «A pesar de que los ciclistas solo pueden circular por algunos caminos, la realidad es que no existe control», se queja Oñorbe. Desvela que hay empresas que se dedican a comercializar esta práctica. Localiza estas actividades en el puerto de Navacerrada, en la bajada por el valle de Navalmedio o en Fuenfría.

Las competiciones deportivas son otra amenaza para la conservación, dice el especialista. El año pasado se fijaron criterios de regulación para las pruebas que se celebran dentro del Parque. Ello detuvo el crecimiento exponencial en la cifra de carreras. «No obstante, todavía es necesario redistribuir la oferta de competiciones hacia zonas y épocas menos sensibles, como otoño, y prohibir competiciones nocturnas», sugiere el consultor.

Una «plaga» ungulada

La lista de amenazas continúa. Para Oñorbe, «la sobrepoblación de cabra montés está terminando con el regenerado natural de diversas especies botánicas de interés y haciendo imposible el normal desarrollo de muchos ejemplares jóvenes de especies protegidas». Los gestores decidieron en diciembre de 2014 hacer frente a esta «plaga». Pero siete meses después no se ha hecho este control, se lamenta.

Por último, el biólogo destaca como otro punto negativo el hecho de que todavía esté permitido el baño a todo lo largo del río Manzanares de La Pedriza.

Calidad antes que cantidad

La filosofía con la que la Administración castellana y leonesa quiere impregnar la gestión está marcada por la calidad antes que por la calidad del turismo potencial que pueda acercarse a descubrir los tesoros del espacio serrano protegido. Por eso, el responsable regional no quiere caer en los errores de saturación en los que ha incurrido en ocasiones Madrid. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto, o mejor dicho, la voluntad. Primero, la preservación del lugar; luego, los rendimientos.

Los cotos a la sobrepoblación no chocan con los objetivos que satisface el Parque Nacional de convertirse en un «motor socioeconómico de la comarca», además de la conservación del paraje. Es la máxima que se ha marcado el director general de Medio Natural de la Junta. La manera de compatibilizar la defensa natural y la utilización posee algún que otro espejo en el que mirarse.

Tal y como ha declarado Arranz, el Ejecutivo ya ha trabajado conjuntamente con las organizaciones de algunas de las pruebas deportivas que han proliferado en los últimos tiempos y que tienen en el Parque Nacional de Guadarrama su escenario de competición. Se trata de carreras de montaña, rutas cicloturistas, etcétera. Es lógico que los promotores busquen los parajes más emblemáticos y las zonas más pintorescas como reclamos para la participación. Por eso la Junta de Castilla y León ve necesario meter mano y regular este tipo de carreras.

A este respecto, la Administración autonómica ha adoptado la decisión de estipular una serie de criterios en favor del amparo y la protección del Parque Nacional de la sierra de Guadarrama, según ha aseverado el director general de Medio Natural. Esos condicionantes están orientados a «fijar cupos máximos de participación para intentar evitar la masificación en las pruebas». Y cuando éstas son muy multitudinarias, José Ángel Arranz también propone como requisito el «desvío» por otras zonas fuera del espacio de protección. «Tratamos de que no se produzca un crecimiento excesivo de pruebas dentro de los límites del Parque», apostilla el responsable autonómico. En el fondo, subyace ese caballo de batallo de la saturación.

Plan de autorizaciones

Algo similar ocurre con las sendas e itinerarios que recorren los lugares más significativos de la sierra. De nuevo, manda la preservación del medio por el que discurren. Así, la Administración castellana y leonesa aboga por el control de las visitas a determinados enclaves. José Ángel Arranz cree acertada esta política de intentar programar una oferta que ya de por sí es atractiva pero que al mismo tiempo ha de ser «menos masificada para no padecer la presión que sufre Madrid». El director general piensa en voz alta en el establecimiento de autorizaciones y cupos para que los grupos accedan a parajes como puede ser la garganta de El Espinar.

En cuanto al riesgo elevado de incendios que existe estos días en la comunidad autónoma, «el Parque Nacional está cubierto con el operativo regional», conforma José Ángel Arranz, quien añade que «estas zonas son consideradas de actuación prioritaria» en el caso de que se desencadene un fuego.