Íñigo Domínguez, Premio Cirilo Rodríguez, reclama «tiempo» para «contar mejores historias»

Iñigo Domínguez, tras recibir el premio de manos de la alcaldesa en funciones, Clara Luquero. Antonio Tanarro/
Iñigo Domínguez, tras recibir el premio de manos de la alcaldesa en funciones, Clara Luquero. Antonio Tanarro

El corresponsal de Vocento cree que el periodista debe resistir: «No podemos perder»

CARLOS ÁLVAROsegovia

El corresponsal de Vocento en Roma y el Vaticano, Íñigo Domínguez, es el ganador de la trigésimo primera edición del Premio de Periodismo Cirilo Rodríguez que organiza la Asociación de la Prensa de Segovia.

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Profundo conocedor del país italiano, Domínguez (Avilés, Asturias, 1973) trabajó en Grecia, Venezuela y los Balcanes antes de asentarse en la capital de Italia, hace ahora catorce años. El jurado del premio valoró la trayectoria profesional de un hombre más bien tímido, que habla lo justo y que atesora una gran erudición. Los lectores de El Norte de Castilla conocen bien el trabajo de este periodista experto en temas tan delicados como la mafia. De hecho, es autor de los libros Crónicas de la mafia, elaborado con material inédito, no publicado en sus informaciones, y Mediterráneo descapotable, con reportajes en los que aborda la corrupción y la presencia de la mafia rusa en las costas españolas.

Ayer, con humildad y gran sentido del humor, Íñigo Domínguez recogió en Segovia el Cirilo Rodríguez, prestigioso galardón al que aspiran todos los periodistas y fotoperiodistas corresponsales y enviados especiales al extranjero. Por lo que dijo, no lo esperaba. Tenía como rivales a dos grandes del género, Luis Pérez, corresponsal de Televisión Española en Moscú, y Ricardo García Vilanova, fotoperiodista y cámara freelance en países en conflicto como Siria, donde permaneció seis meses secuestrado.

«Venía a Segovia con el espíritu de un célebre entrenador de la segunda división italiana, que cuando le decían que ganara el mejor, respondía: ¡esperemos que no!», bromeó Íñigo Domínguez, que recibió el galardón de manos de la alcaldesa de Segovia en funciones, Clara Luquero, en el transcurso de una gala que se celebró en el Parador. (El primer premio del Cirilo Rodríguez está dotado con 6.000 euros y una pieza de cristal de La Granja, La lente de la Tierra).

El corresponsal de Vocento habló del periodismo como una profesión herida por la crisis, las dificultades económicas, la competitividad y las prisas, tan enemigas de las buenas historias: «Hoy reclamo aquí algo que puede parecer un pecado, que es poder perder el tiempo cuando uno está trabajando. Vamos demasiado deprisa y eso no es bueno. Cuando uno se para, puede escuchar mejor, y escuchando mejor salen mejores historias. Sé que es una batalla diaria, con los jefes, etcétera, pero es así. Necesitamos tiempo, porque estamos perdiendo la humanidad, también entre nosotros».

El ganador del premio no quiso ahondar más en los males que lastran el periodismo actual, porque, «pese a todas las dificultades, cuando uno viene aquí y se junta con gente tan maja, nota la energía de quienes formamos la profesión y piensa que no podemos perder. Parece que se acerca el final, pero no podemos dar ni un paso atrás. Tenemos que aguantar y creo que podemos hacerlo. En Sicilia se dice que cuando llega la riada el junco se inclina pero no se rompe... aunque también es verdad que esta metáfora se aplica la mafia», volvió a bromear.

Los finalistas

Luis Pérez y Ricardo García Vilanova fueron los finalistas del premio. Por ello recibieron 1.000 euros cada uno y sendas piezas de vidrio de La Granja, iguales que la del ganador pero más pequeñas. Ambos están curtidos en mil y una batallas. El rostro de Luis Pérez es más conocido. Lo podemos ver en el telediario casi todos los días, ahora desde Moscú, pero antes desde Colombia o Venezuela. Lo sabe todo del conflicto que el Gobierno colombiano mantuvo con las FARC, y ahora es testigo de la guerra en el este de Ucrania. Hace unos días informó, micrófono en mano, desde Nepal, con ocasión del terremoto. Al recoger el premio, Pérez se acordó de sus maestros en el oficio, de su primer jefe en la sección de Internacional, de los años en que aprendió a hacer periodismo; y también de sus padres, «una pareja de agricultores que se han pasado la vida trabajando para que mis hermanos y yo pudiéramos tener una educación decente», y de su chica, Marta, «que un día decidió dejar su vida para venirse conmigo».

Como buen reportero gráfico, Ricardo García Vilanova fue parco en palabras. Lo avisó cuando subió al escenario a recoger el galardón como finalista del XXXI Cirilo. Dio las gracias al jurado y a sus compañeros, pero no contó nada de su experiencia en Siria o Afganistán. García Vilanova posee una capacidad de empatía con las víctimas de los conflictos, con los que sufren, fuera de la común. Más que en las historias, piensa en las personas.

La gala, que comenzó con unas palabras de la presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Elsa González, y del presidente de la Asociación de la Prensa de Segovia (APS), Alfredo Matesanz, terminó con un exquisito recital de habaneras a cargo del Coro de la Asociación de la Prensa de Madrid. El Premio Cirilo Rodríguez se instauró en 1984 en homenaje al fallecido periodista segoviano Cirilo Rodríguez, corresponsal en Nueva York. Lo han ganado profesionales como Manu Leguineche, Diego Carcedo, Felipe Sahagún, Ángela Rodicio o Rosa María Calaf.