De Nueva York a Pedraza

Eduardo Laborde, junto a una de sus creaciones expuestas en Pedraza estos días. /
Eduardo Laborde, junto a una de sus creaciones expuestas en Pedraza estos días.

La antigua iglesia de Santo Domingo acoge una exposición de obras del artista vasco Eduardo Laborde Suárez

CARLOS ÁLVAROpedraza

Desde el sábado, Pedraza de la Sierra, la histórica villa segoviana, cuenta con un nuevo reclamo cultural: el centro Santo Domingo, gestionado por la Fundación Villa de Pedraza, acoge una espléndida exposición pictórica con obras del artista Eduardo Laborde Suárez (San Sebastián, 1965). Se trata de una visión pop de Time Square plasmada a través de una técnica mixta que combina técnicas fotográficas y pictóricas. El resultado es sorprendente y llama especialmente la atención el contraste que proporcionan los muros medievales de la antigua iglesia de Santo Domingo, lugar donde hasta el próximo 3 de mayo podrá visitarse la exposición.

«El trabajo parte de unas fotografías que tomé en Nueva York en la primavera de 2014. En ellas he estado trabajado a lo largo del último año, porque yo no me dedico únicamente a sacar fotografías, sino que después hay todoa una labor que hacer, pues las recorto, las pego, las superpongo, pinto algunas partes que quiero destacar... Así hasta conseguir el resultado que busco. Trato de que, al final, el cuadro tenga un sentido y que la composición funcione», asegura el autor.

Biznieto del pintor Ignacio Zuloaga, tan vinculado a Pedraza y a Segovia en general, Eduardo Laborde es un enamorado de la ciudad de los rascacielos. Allí pasó cinco años de su vida, tiempo de formación y aprendizaje, y el año pasado volvió buscando inspiración para sus últimos trabajos. «Me llaman muchísimo la atención las calles neoyorkinas, de Time Square, los luminosos, el ajetreo de la vida cotidiana. Eso es lo que he tratado de reflejar en estos cuadros:carteles de cine negro americano, que me fascina, los coches en movimiento, coches de los años treinta y cincuenta que tanto me atraen... Hay mucho pop-art, pero en algunas piezas he buscado el contraste introduciendo elementos de la antigüedad, como las ruinas de Petra o estampas de la Roma clásica, en pleno Nueva York». El contrapunto no puede resultar más llamativo.

Hay algún cuadro que combina Manhattan con Cuba, por lo que puede verse el mar azul del Caribe detrás de los grises rascacielos y algún cocotero por la calle. «Se trata de un pequeño homenaje a Cuba y una queja contra el bloqueo americano», explica Laborde. Algo parecido hace el artista en otra pieza de la exposición, plantando, en medio de una calle de Nueva York, a las bañistas de Joaquín Sorolla.

Eduardo Laborde se inspira en el paisaje urbano de la gran ciudad, en sus rascacielos, en sus calles, en sus luminosos, en sus coches, y utiliza la técnica del fotocollage para resaltar simetrías, paralelismos, efectos espejo y todas aquellas perspectivas que a él le seducen, aunque para la mayoría de los neoyorkinos puedan pasar desapercibidas.

La exposición, que fue inaugurada el sábado con gran afluencia de público, no deja indiferente y supone un paso más en la trayectoria de este pintor hiperrealista que domina el mix media como pocos y que hace estandarte de la vanguardia y el arte contemporáneo.

 

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