Los hilos de un pasado esplendoroso

Una de las máquinas que se exhiben en el Centro de Recepción de Visitantes. /
Una de las máquinas que se exhiben en el Centro de Recepción de Visitantes.

Una exposición permanente, que ha supuesto seis años de trabajo, evoca cinco siglos de actividad textil en Bernardos

EL NORTEsegovia

Seis largos años de trabajo han culminado en la exposición que hoy, a las 12:00 horas, se inaugura en el Centro de Recepción de Visitantes (antigua ermita de San Roque) de Bernardos. La urdimbre de la memoria500 años de actividad textil en Bernardos comenzó a gestarse en 2009, cuando Ernesto Nicolás Bartolomé, propietario de un telar de lanzadera instalado en una vivienda de su familia, lo cedió al Ayuntamiento de Bernardos, que desde entonces ha venido trabajando en este proyecto.

El telar está datado en la primera mitad del siglo XIX, su estado de conservación es bueno tras ser restaurado y tiene unas dimensiones considerables: 3,70 metros de frente, 1,80 metros de fondo y 2,50 metros de altura. Este telar de mantas estuvo en funcionamiento hasta finales de los años cincuenta del siglo pasado. El último trabajador, que lo manipuló, vive actualmente en Bilbao.

Las referencias a los batanes situados en el curso del Eresma desde 1486 muestran el precoz desarrollo de la artesanía textil en Bernardos, una actividad que se concreta en el siglo siguiente, cuando los expedientes de Hacienda apuntan la dedicación de una parte de los vecinos de la localidad a laborar paños bastos.

La actividad no decae en el siglo siguiente, como muestran las obras en los batanes de Constanzana y Picotejo. Más bien se fortalece, sobre todo a partir de la segunda mitad, y se consolida en el setecientos, cuando de los 55 telares que se anotan en el año 1746 se pasa a 90 para 1783.

Sobre todo sayales

Bernardos, a diferencia de la ciudad de Segovia, se especializa en paños bastos, dieciochenos y catorcenos, pero sobre todo sayales, siendo en este ramo el primer productor de la provincia. En 1779 existían 11 telares de paños y 70 de sayales. Hay también dos telares de lienzos. La corporación de los fabricantes textiles, organizada para realizar tareas comunes, como el abatanado, solicita a la Corona en 1782 el título como fábrica real. La población se incrementa rápidamente, de los apenas mil habitantes en 1768 hasta 1.490 en 1787.

La consolidación de la industria textil se produce en la primera mitad del siglo XIX. A mediados de siglo, Pascual Madoz insiste en la fabricación de paños y sayales de lana basta del país, a la que se dedican la mayor parte de los 1.819 habitantes.

La unión de fabricantes había logrado establecer actividad para tres batanes en las riberas del Eresma y en 1859 dota a uno de ellos, el de la fábrica de San Pedro, de maquinaria para cardar e hilar importada de Francia, que estaba movida por energía hidráulica.

El proceso de tejido todavía se realiza en telares manuales repartidos por las viviendas de los fabricantes. Según explican fuentes municipales, «es la época dorada de la industria local, cuando los fabricantes solicitan, mejor dicho, compran en la década de 1870 el título de villa al rey Alfonso XII, y diseñan un escudo con un motivo explícitamente relacionado con el sector textil. Este sector permite la diversificación económica de la flamante villa, donde arraiga además un nutrido sector comercial».

A partir de entonces, lenta pero de forma continuada, se produce el declive de la industria, comenzando por los sayales, que no pueden competir con los tejidos de las zonas que incorporan la maquinaria y tecnología modernas.

A comienzos del siglo XX, los telares de sayales se retiran de las viviendas de los fabricantes y solo quedan los de mantas accionados con lanzadera 13, según el padrón de 1909, que todavía pueden mantenerse con la demanda de la labranza y pastoreo tradicionales.

Todavía hay algún intento de renovación, como la fábrica que establece Cirilo Bartolomé entre 1919 y 1921, con maquinaria accionada por electricidad que llega de la presa del Desierto, o la incorporación de maquinaria eléctrica de carda e hilado por la Sociedad la Constanzana en el batán del mismo nombre. Pero la mayor parte de los tejedores todavía laboran en los viejos telares de lanzadera, poco adecuados para los nuevos ritmos de producción y de demanda.

1.600 habitantes

La población nota los nuevos cambios y durante la primera mitad del siglo XX se estabiliza en torno a los 1.5001.600 habitantes, cifra que no se volverá a superar. El sector textil termina desapareciendo a mediados del siglo XX, casi al mismo tiempo que lo hace la agricultura de subsistencia tradicional.

El profesor de la UNED José Ubaldo Bernardos Sanz ha coordinado a un equipo de historiadores que, tras una intensa labor de investigación en diferentes archivos, ha permitido sintetizarla en los once paneles explicativos que forman parte de la exposición permanente.

El visitante de este espacio expositivo podrá encontrar, además del singular y espectacular telar, lanzaderas, canillas, un torno de hilar, una torcedora, tijeras de esquilar, muestras de un vellón de lana y otro de lana lavada, así como otra serie de útiles, que se han recogido, fruto de su cesión por parte de varios vecinos, que en sus casas aún conservan testimonios de la actividad textil que en ellas se llevó a cabo. Se trata de una exposición permanente a la que se irán incorporando las nuevas aportaciones de los vecinos de la localidad, que evocan la parte más esplendorosa de la historia de Bernardos.

 

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