Mainer considera que «la ventaja del nacionalismo español es que está curado de espantos»

José-Carlos Mainer, instantes antes de intervenir en el curso que se celebra en el campus de Segovia. Rosa Blanco/
José-Carlos Mainer, instantes antes de intervenir en el curso que se celebra en el campus de Segovia. Rosa Blanco

El catedrático de la Universidad de Zaragoza participa en un seminario en el campus de la UVA que analiza la visión del hispanismo sobre Castilla y León

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

Hacer una reflexión «sobre las visiones que el hispanismo ha tenido a lo largo de un siglo de lo español y de los españoles» es el objeto del seminario organizado por el Instituto de Cultura Tradicional Manuel González Herrero y el campus María Zambrano de la Universidad de Valladolid. En el curso que acoge el ágora del campus hubo ayer más de una reflexión. El profesor Luis Díaz Viana, uno de los coordinadores, expuso una: «No podemos quedarnos en ser un país o una España de la selección, de la camiseta o de los monumentos o artistas que tenemos, somos eso y somos más», y no hay diferencias significativas entre los diferentes territorios porque «somos un país diverso y hemos llegado unidos hasta aquí». Aunque el antropólogo reconoció que estamos viviendo «momentos delicados» con el planteamiento de cuestiones independentistas que, añadió, «esperamos que puedan reencauzarse de la mejor manea para tener un futuro todos y de todos».

Díaz destacó que es el momento «de aunar las visiones del hispanismo más clásico, centrado en la llamada Gran Cultura, de la historia del arte y literatura española, como los antropólogos de fuera y dentro hemos venido haciendo, especialmente con nuestros trabajos de campo sobre Castilla y León».

Otra reflexión fue del primer ponente, el catedrático de la Universidad de Zaragoza José Carlos Mainer. «El nacionalismo español está curado de espantos», afirmó. Lo hizo tras explicar que «no olvidemos que las pulsiones nacionalistas de la periferia tienen el mismo recorrido que las españolas». Así, indicó que «lo que ahora está ocurriendo en Cataluña, que viene de muy atrás, ha sido también la construcción de una imagen historiográfica del país que se ha acabado convirtiendo en una pesadilla étnica».

En opinión de Mainer «ese es uno de los peligros que hay», si bien «la gran ventaja que tiene el nacionalismo español, que es viejo, es que está curado de espantos, y que en estos momentos estas imágenes de Castilla, liberadas del significado político que tuvieron durante el franquismo, pueden ser un recurso turístico, como dicen muchos, pero también un elemento de cohesión afectiva y emocional, de sociabilidad de un montón de españoles sin necesidad de convertirse en un fanático de estas cosas».

La idea de España

En su ponencia, José Carlos Mainer partió de dos obras literarias de 1912. Una es la novela de Benito Pérez Galdós, El caballero encantado, «una visión fantástica de Castilla como centro de España, con una presentación alegórica de ambas como una madre que va guiando los pasos del personaje, un noble que se ha convertido en un campesino y que al final pasa de ser una persona desocupada y vana a una laboriosa y útil». Es una alegoría patriótica, explicó, que tiene como centro la contemplación de algunos lugares de Castilla.

El otro libro es Castilla, de Azorín, y Mainer desentrañó que, con el referente de Galdós, el escritor elaboró su construcción imaginaria de Castilla. Por otra parte, indicó que «la dedicación de Azorín a lo castellano en una serie de obras de 1909 a 1915 tiene un trasfondo político que concierne a la creación de una idea de España. Unos y otros lo que proponen es una sustitución de los iconos habituales del nacionalismo, que suelen ser historiográficos, batallas, dinastías, etcétera, y trasladarlos al paisaje, a la vida de las gentes, de los hombres, en lo que coinciden con Unamuno con Machado y tantos otros». En definitiva, lo que planteó Mainer es «esa traslación de la idea de España, de una idea heroica fundamentalmente intimista y paisajística con centro en Castilla».

Claves

Es una visión compartida por Díaz Viana, quien señaló que en Segovia ya existía el precedente de los seminarios internacionales organizados hace tiempo por Menéndez Pidal, y por eso es el lugar idóneo para exponer la visión recogida por los antropólogos «a pie de calle, a pie de pueblo desde el medio rural», una visión que «aporta claves para estos momentos delicados que estamos viviendo», a los que sin embargo «hemos llegado unidos».

En la inauguración oficial del seminario participaron el presidente de la Diputación y del Instituto de Cultura Tradicional, Francisco Vázquez, la directora de esta entidad, Sara Dueñas, el vicerrector del campus de la UVA Juan José Garcillán, y la directora del Instituto de Estudios Europeos de la UVA, Montserrat de Hoyos. Vázquez comentó que el Instituto de la Cultura Tradicional amplía con este curso su labor investigadora, que es su principal actividad, y «nos sentimos orgullosos de que haya conseguido estas cotas de colaboración con nuestra universidad, con la UVA», en este encuentro que puede ser «un punto de partida para próximas colaboraciones».

Garcillán declaró que «es una muestra más de la colaboración que se pretende siempre mantener con las instituciones locales; y ofrecer nuestros espacios para generar la transmisión de la cultura y el conocimiento a nuestro entorno».

En la inauguración del seminario estuvieron presentes el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez; el vicerrector del campus público, Juan José Garcillán; la directora del Instituto de Estudios Europeos de la UVA, Montserrat de Hoyos; y la directora del Instituto González Herrero, Sara Dueñas.

Con este curso, el Instituto de la Cultura Tradicional amplía su labor investigadora, que es la principal actividad de este organismo dependiente de la Diputación, y une esfuerzos con la universidad pública. «Nos sentimos orgullosos de que el Instituto haya conseguido estas cotas de colaboración con la UVa», explicó el presidente de la Diputación, quien mostró su deseo de que «la calidad de los ponentes y el nivel organizativo de este encuentro sean un punto de partida para próximas colaboraciones».

El vicerrector mostró también su satisfacción con que tanto el Instituto de Estudios Europeos como la Diputación y los coordinadores del curso «hayan pensado en nuestro campus para su celebración». «Es una muestra más -añadió- de la colaboración que se pretende siempre mantener con las instituciones locales; y ofrecer nuestros espacios para generar la transmisión de la cultura y el conocimiento a nuestro entorno».

Por su parte, el coordinador del curso, Luis Díaz Viana, explicó que el curso persigue «reflexionar sobre las visiones que el hispanismo ha tenido a lo largo de un siglo de lo español y de los españoles». Segovia, indicó, era un lugar muy adecuado para ello, «porque existía el precedente, impulsado por Menéndez Pidal, de unos seminarios que se hicieron», recordó.

A juicio de Díaz Viana, es el momento «de aunar las visiones del hispanismo más clásico, centrado en la llamada Gran Cultura, de la historia del arte y literatura española, como los antropólogos de fuera y dentro hemos venido haciendo, especialmente con nuestros trabajos de campo sobre Castilla y León». «Esa visión a pie de calle, a pie de pueblo o desde el medio rural -advirtió-, trae algunas claves útiles para el futuro; y debe valernos especialmente en momentos tan delicados como estamos viviendo, donde se impone una reflexión, más que una depresión o un desánimo».

El codirector del curso cree que «los muchos recursos no hay que identificarlos solo con la gran tradición, sino la pequeña tradición, que se manifiesta en la vida cotidiana. Se deben potenciar, porque no nos podemos quedar en una España de la selección, de la camiseta, o de principales monumentos o camisetas que tenemos. Somos eso, y somos más».

Preguntado por la situación que se vive en Cataluña, Díaz Viana apuntó que «el mundo rural catalán no se diferencia del resto de España». «Somos un país diverso, que hemos llegado unidos hasta aquí», añadió. «El seminario -recordó- coincide en un momento en que se están planteando estas cuestiones, que esperemos se puedan encauzar de la mejor manera, para tener un futuro todos y de todos».

Galdós y Azorín

El catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza, José Carlos Mainer, fue el primero en intervenir en e curso con una ponencia sobre 'Galdós y Azorín sobre Castilla: una consagración estética'. Mainer habló de una de las obras literarias poco conocida de Galdós, 'El caballero encantado', en el que da una visión fantástica de Castilla como centro de España, «incluso con una presentación alegórica de Castilla y España, como una madre que va guiando los pasos del personaje central, un noble, que ha sido encantado y convertido en un vulgar campesino, pero que recupera su naturaleza». «Es una alegoría patriótica que tienen como centro de contemplación algunos lugares de Castilla, fundamentalmente de la provincia de Soria», añadió.

El otro libro es una de las principales obra de Azorín: 'Castilla'. Mainer desentrañó en qué medida Azorín tenía como antecedente de su construcción imaginaria de Castilla la obra de Galdós, y cómo la dedicación de Azorín «a lo castellano en una serie de obras tiene un trasfondo político, como todas las cosas, que concierne tanto a la personalidad política que Azorín está configurándose, como a la idea de España». «Unos y otros, Sorolla, Galdós y Azorín, proponen la sustitución de los icónicos habituales del nacionalismo, que suelen ser historiográficos: batallas, dinastías, y trasladarlos al paisaje, a la vida de las gentes y de los hombres, donde coinciden con Unamuno, Machado y tantos otros», continuó.

Ante los periodistas, el catedrático aragonés comentó que "hoy tiene la vigencia que queramos darle, pero las tensiones periféricas tienen el mismo recorrido". "Lo que está ocurriendo en Cataluña, que viene de atrás, es una construcción de imagen de un país historiográfica que ha acabado convirtiéndose en una pesadilla étnica. Es uno de los peligros que hay", señaló.

"La ventaja que tiene el nacionalismo español, que es viejo, es que está curado de espantos. Las imágenes de Castilla y León, del significado político que tuvieron con el franquismo, pueden ser un recuerdo turístico, pero también un elemento de cohesión afectiva y emocional, de sociabilidad, de un montón de españoles, sin necesidad de convertirse en unos fanáticos de estas cosas", concluyó.

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