La crisis impulsa el socorrismo como una verdadera salida laboral para los jóvenes

Uno de los socorristas de la piscina de La Albuera vigila a los bañitas. /
Uno de los socorristas de la piscina de La Albuera vigila a los bañitas.

El número de personas que se forman como socorristas ha caído en picado por el coste de los cursos

DIANA GILsegovia

El verano es sinónimo de calor. Y de ocio. Pero no para todos. Para algunos es un tiempo que abre oportunidades de trabajo. Son muchos los que optan por tomar el sol y zambullirse en el agua en lugares vigilados por personal cualificado. Son los socorristas los que velan porque nada pase dentro del agua de las piscinas y, a pesar de que estas estén llenas durante el verano, el número de personas que se forman para ejercer como socorristas en nuestra provincia «ha caído en picado», según comenta Luis Miguel Pascual director técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo.

Este año la escuela segoviana ha formado a 20 socorristas de primeros auxilios y salvamento acuático, por los 59 que formó en el año 2012. El descenso es notable, y Pascual cree que se debe a la crisis económica que impide pagar a muchos el curso. El número de socorristas que han realizado la jornada de reciclaje, cada dos años si se quiere seguir ejerciendo, también ha disminuido. Este año lo han realizado 18 socorristas, mientras que el pasado fueron 61 y en el año 2012 se contabilizaron 36 personas.

Hace unos años, quienes se sacaban el título ejercían dos años y después no lo renovaban, comenta Pascual. Ahora esa actitud ha cambiado y el socorrista que durante la temporada estival trabaja en una piscina al año siguiente intenta repetir, añade el director de la escuela. A pesar de este descenso, el número de socorristas existente en la provincia es suficiente para satisfacer la demanda, asegura Pascual.

El perfil de los nuevos socorristas que acceden a los cursos ha cambiado pues normalmente eran jóvenes de este 18 y 20 años, «siendo muy pocos por debajo de los 18» señala Luis Miguel Pascual. Pero en los últimos años esta tendencia está variando y en la escuela han notado como «vienen personas un poco más mayores en busca de una certificación que les permita trabajar». Muchos de ellos son estudiantes universitarios, algunos ya titulados, que van en busca de un trabajo, aunque sea temporal, que además les sirva «engrosar su currículum».

Y es que aunque sea un trabajo temporal a muchos jóvenes este dinero extra les sirve para afrontar sus gastos durante el invierno o incluso afrontar parte de la matrícula universitaria. Por este motivo, otra de las formaciones por la que optan los socorristas es la de ser monitor de natación y viceversa.

Aunque son independientes una de la otra, es uno de los perfiles profesionales más demandados en la actualidad por estas fechas, comenta Pascual. Asegura que de esta forma, se puede conseguir un puesto de trabajo durante unas horas como socorrista y después como monitor, o incluso si se compagina con la de monitor de tiempo libre, aumentará las opciones de que los jóvenes consigan un trabajo en un campamento.

Este año en la provincia hay trabajando unos 140 socorristas, tanto en piscinas municipales como privadas, mientras que durante el invierno esta cifra baja a alrededor de unos 40 que operan en las piscinas climatizadas.

En lugares sin vigilancia

De todos los ahogamientos que se producen en nuestro país, en los que se incluyen tanto los fallecimientos como las incidencias, en tan solo un 20% de los casos los rescates los realizan los socorristas. Con la llegada del calor son muchos los que huyen de las abarrotadas piscinas en busca aguas naturales más tranquilas como embalses o ríos, y claro, estas zonas no están vigiladas por personal cualificado y con ello llegan los infortunios.

La Escuela Segoviana de Socorrismo y la Asociación Española de Técnicos en Salvamento Acuático y Socorrismo (AETSAS) han elaborado un informe en el que concluyen que desde principios de año hasta el 12 de agosto se han producido 275 ahogamientos en nuestro país, de los cuales 185 se han convertido en una trágica muerte.

En la provincia de Segovia solo se ha contabilizado un caso así. Ocurrió en junio, cuando una mujer de 54 años fue encontrada sin vida en la piscina natural de la Fuente de la Salud, situada en la localidad de Sepúlveda. Esta zona es un paraje conocido tanto por las propiedades del agua, como por la belleza natural que la rodea. En Castilla y León se han contabilizado ocho ahogamientos, cinco de hombres y tres de mujeres. Pero en otras comunidades los datos son aún mayores, las Islas Canarias encabezan la lista con 53 casos, seguida de Andalucía con 40 y la Comunidad Valenciana, con 34. La Rioja, con un caso, Extremadura con dos y Ceuta con tres, son las regiones donde menos ahogamientos se han registrado hasta la fecha.

Luis Miguel Pascual destaca que «casi todos se ahogan en el mar, y en el resto de lugares la incidencia es mucho menor». Ante las posibles causas señala que son «diversas y que las personas asuman situaciones de riesgo a la hora del baño es una de ellas, pero no siempre es así».

El riesgo en muchos casos se asume a la hora de zambullirse en zonas no habilitadas para ello, como es el caso del embalse del Pontón Alto, entre Segovia y el Real Sitio de San Ildefonso. Pascual subraya que los ríos de nuestra provincia son pequeños y no tienen mucha profundidad, pero por el contrario los embalses entrañan más riesgo ya que sus aguas son turbias y se forman corrientes que pueden arrastrar hasta los bañistas más experimentados. Aquí, en el Pontón Alto, el baño ni está prohibido ni permitido,y el caso es que «el baño existe y las personas no son conscientes del riesgo que entraña bañarse allí». Desde 1993 se han producido cinco muertes, la últimas de ellas en julio de 2011.

Sin embargo, aunque una zona sea apta para el baño, como es el caso del embalse de Linares del Arroyo en la localidad de Maderuelo - es la única de toda la provincia que recibe el permiso de la Junta- no significa que el peligro no exista. El pasado verano un experimentado bañista de aguas profundas de 69 años falleció en el embalse. A pesar de estas desgracias, son muchos los que aún van en busca de lugares que carecen de vigilancia. Si estuviera regulado, habría menos accidentes... y más oportunidades laborales para los socorristas.