Una tragedia sin paliativos

Francisco Cañamero (izquierda), en la presentación del libro en el Casino. /LAYA
Francisco Cañamero (izquierda), en la presentación del libro en el Casino. / LAYA

El periodista Paco Cañamero escribe 'Aquella mañana de diciembre', en el que homenajea a los 30 niños fallecidos en el accidente de 1978

D. BAJO / WORDSALAMANCA

El 21 de diciembre de 1978 fue una fecha siniestra para Salamanca, de esas que quedan en la memoria colectiva de los pueblos. Un tren se llevó por delante un autobús escolar en un paso a nivel y acabó con la vida de 30 niños y un adulto.

El periodista Paco Cañamero presentó anoche el libro 'Aquella mañana de diciembre', en el que recoge lo sucedido aquel día y también los testimonios actuales de los parientes de los chavales y las autoridades de la época. Es un libro «de reconocimiento y homenaje».

«El accidente dejó marcado al campo charro para siempre. Fue una tragedia tremenda y este libro es un recuerdo y un homenaje a las víctimas y a la solidaridad de los pueblos de la zona», explica el autor. «Toda la gente se unió para ayudar, mover a los heridos, menguar el sufrimiento... fue admirable y quería que estuviera presente en el libro». Cita el ejemplo de los médicos de la comarca «que dejaron las consultas para ayudar a los heridos. Salvaron muchas vidas».

Entre los nombres propios de aquel 21 de diciembre, Cañamero destaca dos: el Gobernador Civil Jaime Royo-Villanueva «que se volcó en ayudar para menguar en la mediad de lo posible el dolor» y la Reina Sofía en representación de la Casa Real «que vino aquella tarde expresamente».

Regalos empaquetados

El autor confiesa que escribir este libro le ha costado muchas lágrimas. Primero, porque era alumno del colegio de San Esteban al que se dirigían los chavales de Muñoz. «Un tiempo convives con el asunto del accidente. Ahora que ha pasado el tiempo, pero las cicatrices siguen presentes y el dolor no se va, hay que dar a conocer qué paso y que no se olvide», comenta.

Y segundo, porque la conversaciones con los padres destapaban recuerdos. «Era volver a ver la cara de los niños, de compañeros de colegio... los padres abrían los cajones con la ropa. Lo guardan todo. Una familia en La Sagrada aún guarda los regalos de reyes envueltos.

Tras los funerales y los días de luto «nada volvió a ser igual. Fue un antes y un después».

Los municipios de la comarca rememoran a los chavales. En Muñoz construyeron el 'parque de los niños' con 31 árboles. En La Sagrada (de donde procedían 16 de las víctima) instalaron un monumento con 16 manos. En San Muñoz colocaron una placa en las escuelas.

Y ahora les dedican un libro.