Los 54 salmantinos que se apostaron la vida para intentar conseguir la libertad

Vista aérea del fuerte de San Cristóbal, de donde huyeron 795 prisioneros en 1938. /F. EZKIETA
Vista aérea del fuerte de San Cristóbal, de donde huyeron 795 prisioneros en 1938. / F. EZKIETA

El investigador Fermín Ezkieta presenta el jueves en Salamanca la increible historia detrás de la mayor fuga de prisioneros de la historia de Europa

DANIEL BAJO / WORDSALAMANCA

La Guerra Civil española aún tiene muchas historias personales ocultas entre las grandes batallas, las luchas internas por el poder en ambos bandos y las fechas que todo conocemos. Por ejemplo, la de los 795 presos republicanos fugados de un fuerte a las afueras de Pamplona. Sólo tres lograron llegar a la frontera francesa. Uno de ellos era de Salamanca y se llamaba Valentín Lorenzo.

La Asociación Salamanca Memoria y Justicia ha preparado este jueves una charla con el escritor Fermín Ezkieta, autor de 'La fuga del monte Ezcaba'. En este ejemplar relata cómo se planeó la huida y qué fue de aquellos 795 prisioneros que decidieron jugarse la vida por la libertad. La ponencia comenzará a las 19:00 horas en el Centro Documental de la Memoria Histórica.

Ezkieta explica, para contextualizar la historia, que en la famosa 'Gran Evasión' de la película sólo escaparon 76 personas. Del fuerte San Cristóbal de Pamplona, donde retenían a casi 2.500 presos, huyeron 10 veces mas. El 22 de mayo de 1938 un grupo de 50 prisioneros consiguió hacerse con el control del fuerte, sorprendiendo a los centinelas y la mayoría de presos, que desconocían sus intenciones. Con la frontera francesa a unos 50 kilómetros, un grupo de 795 decide intentar salir de España. El resto, bien porque no se veía con fuerzas o con ánimo, se quedan.

Laos 50 kilómetros entre Pamplona y Francia «son un inmenso cementerio sin paredes ni flores»

Las fuerzas franquistas mataron a 206 en los montes navarros, capturaron a 586 (entre ellos a 14 organizadores de la fuga, que fueron fusilados en agosto) y tan sólo tres huidos llegaron a la frontera: el leonés Jovino Fernández, el segoviano José Marinero y el salmantino Valentín Lorenzo, quien se asentó en Burdeos hasta su muerte.

Fermín Ezkieta llama la atención sobre la nutrida presencia de castellanos y leoneses en la prisión y en el intento de huida. 380 de los 795 eran de la región (54 de Salamanca), así como 84 abatidos en la escapada y 10 fusilados como cabecillas, entre ellos otro salmantino llamado Calixto Carbonero.

Olvido

Llama la atención que una historia como ésta apenas se conozca. El propio autor afirma que se sorprendió de que «la mayor fuga de la historia de Europa» fuese casi ignorada incluso en la ciudad en la que aconteció. Muchos vecinos de Pamplona no saben que los escapados «pasaron prácticamente por delante de sus puertas».

«Hay muchos capítulos de propia historia y mas de este periodo que han sido muy poco divulgados», añade. «Es el silencio de una generación que calló dentro de España por la dictadura, la férrea censura y por dejar atrás el dolor y lo que supuso ese capítulo». Dos ejemplos: la hija de José Marinero no conoció la aventura de su padre hasta después de su muerte y un pastor del norte de Navarra, que fue testigo durante su infancia de cómo fusilaban a varios fugados, confesaba a algunos investigadores que jamás le había contado nada a nadie, ni a su esposa. La secuela de las «cifras dramáticas» de la huida (206 abatidos) «es un inmenso cementerio sin puertas entre el fuerte y la frontera. Sin puertas y sin flores, porque a las familias nunca les notificaron la muerte de sus parientes».

La vista de Ezkieta a Salamanca se enmarca en el proyecto de identificación de los restos de los represaliados. La intención de Memoria y Justicia es tratar de que los familiares de aquéllos se presten a comparar su ADN con los restos para poder identificarlos. Por el momento hay 43 exhumados que esperan un descanso eterno. «No se puede construir una democracia con miles de muertos en las cunetas», concluye.