Salamanca cumple el 145 aniversario de su autoproclamación como cantón federal

Medallón alegórico de la I República en Plaza Mayor, etapa en la que se proclamo el cantón./SERNA
Medallón alegórico de la I República en Plaza Mayor, etapa en la que se proclamo el cantón. / SERNA

La ciudad se unió al movimiento cantonal, que perduró dos semanas de julio y agosto de 1873

DANIEL BAJO / WORD

Hace exactamente 145 años Salamanca vivió uno de los episodios más llamativos y a la vez desconocidos de su secular historia: se proclamó el cantón federal de Salamanca dentro de la I República española. El cantón salmantino nació el 22 de julio y desapareció el 4 de agosto de 1873. Durante esos días, la ciudad vivió una situación insólita, con vecinos montando barricadas en sus calles, con una Junta de Gobierno sustituyendo al Gobierno Civil, con la Guardia Civil abandonando la ciudad rumbo a Zamora y con un cuerpo de voluntarios velando por la seguridad ciudadana.

Quizá Salamanca nunca se haya visto en una parecida y sin embargo este acontecimiento apenas es conocido. Algunos historiadores han tratado de acercarse a los días del cantón de Salamanca y de analizarlo a la luz de los acontecimientos del convulso siglo XIX español. Uno de ellos es el profesor de la Facultad de Historia Santiago Díez, quien en 1983 escribió la tesina 'El cantón salmantino', en la que analiza qué sucedió, quiénes fueron los protagonistas de la 'cantonada' y qué pretendían.

Santiago Díez explica, respecto a cómo se proclamó el cantón, que «por lo que sabemos, la iniciativa había partido de determinados miembros del Comité Republicano Federal y oficiales del Batallón de Voluntarios de la República. De entre ellos salió una Comisión que debía resolver si, siguiendo el ejemplo de otros lugares, se declaraba la provincia en cantón federal, cuestión que, por razones casi obvias, se resolvió afirmativamente».

Una madrugada de julio

Así las cosas «la Comisión se transformó en Junta Provisional de Gobierno del Cantón federal de la provincia de Salamanca. Presidía la Junta el diputado a Cortes Pedro Martín Benitas, y tenía como vocales al también diputado Santiago Riesco Ramos, Joaquín Hernández Agreda, Casimiro García Moyano e Ignacio Periáñez. La Guardia Civil (única fuerza militar presente en la ciudad, fue conminada a abandonarla. Durante aproximadamente dos semanas, hasta el 4 de agosto, será la Junta el teórico poder en la ciudad, ocupada por los Voluntarios de los batallones».

Un periódico de la época, 'El Federal Salmantino', narra la crónica de aquellos días. Afirma que a las cuatro de la mañana del 22 de julio los voluntarios de la República se echaron a la calle portando armas y ocuparon el Gobierno Civil. También entraron en «puntos estratégicos» como la cárcel o el Ayuntamiento e instaron a los 170 Guardias Civiles de la ciudad a abandonarla.

Según la citada crónica, durante las primeras horas la ciudad mantuvo la serenidad y tranquilidad. La confianza «arraigaba», el orden se mantenía «inalterable» y no hubo que lamentar «el más insignificante abuso». También menciona, no obstante, que hubo momentos de «ansiedad» ante los rumores de que el Gobierno central enviaría tropas para restablecer la legalidad y acabar con el cantón, algo que no sucedería.

El 26 de julio llegó a Salamanca «el señor Paz, Gobernador de Ávila» para actuar de intermediario entre el Gobierno de la República y la Junta cantonal «más ésta parece continúa en su propósito de defenderse a todo trance». Es la última mención cronológica del cantón que recoge 'El Federal Salmantino'. Era una publicación semanal, llevaba dos años editándose y aquel número histórico del 27 de julio fue el último.

La historia del cantón terminó de forma pacífica. Apunta el profesor Díez que «tras un proceso de negociación, en el que participaron comisiones formadas en el Ayuntamiento y la Diputación, se volvió a la situación previa el 4 de agosto». Y abunda en que «podemos señalar que el movimiento no provocó graves alteraciones en la vida cotidiana, dado el empeño en controlar cualquier hipotético altercado y el desenlace pacífico que tuvo». La Guardia Civil retornó desde Zamora y aunque «seguramente en los primeros días tras el final de la cantonada, hubo alguna mayor presencia militar, en alguna fuente se hace mención a la entrada sin disparar un solo tiro de una brigada».

El escritor y jurista Luis Maldonado tenía 13 años cuando se declaró el cantón y narra cómo terminó todo. Afirma que «al final sentimos ensancharse el ánimo con la noticia de que se había parlamentado con los del Gobierno y no se haría resistencia, y todo volvería a su ser y estado, y no habría castigo para nadie, quedando todo a la resolución del Jurado. Y así acabó el cantón salmantino, aquel intento de emancipación regional, tan incruento y tan económico, en todos sentidos, que no costó ni una gota de sangre, y cuyos gastos, que sufragó el Ayuntamiento, no ascendieron en tantos días, más que a la misérrima suma de cincuenta mil reales, justificados con tal detalle y exquisita escrupulosidad, que no faltaba recibo (yo vi las cuentas) ni aun de partidas centesimales».

Los motivos

Y llegó el día después. Según el profesor Díez, los principales actores de la 'cantonada' «fueron los dirigentes de la Junta cantonal, con los diputados Martín Benitas y Riesco Ramos a la cabeza. Todos ellos fueron luego encausados, en un proceso cuyos detalles, por desgracia, desconocemos, aunque en el caso de los diputados, se puede seguir el debate mantenido en las Cortes para conceder el suplicatorio para dicho juicio (está en el Diario de Sesiones)».

El debate sobre los porqués es «interesante», ya que ambos mantuvieron argumentos diferentes para justificar su actuación. Riesco «rechazaba la ilegalidad del movimiento y recordaba el carácter totalmente pacífico del movimiento, algo que acreditan las fuentes», mientras Benitas «recordaba de forma vehemente la necesidad de dicha proclamación para dar fuerza a la República».

¿Y qué fue de ellos? «En cualquier caso, siempre con la precaución advertida de que no tenemos todos los datos, Riesco y Benitas pudieran retomar su presencia en la vida pública sin mayores contratiempos, siendo dirigentes destacados del republicanismo en la etapa de la Restauración».

El profesor de Historia en la Usal Santiago Díez Cano.
El profesor de Historia en la Usal Santiago Díez Cano. / LAYA

Una vez visto cómo empezó y acabó todo, hay que preguntarse por qué. ¿Qué llevo a un grupo de políticos republicanos salmantinos a echarse a la calle, llamar a los voluntarios, sustituir al Gobierno Civil y gritar a los cuatro vientos que Salamanca se convertía en un cantón federal? Santiago Díez explica que durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874) y la I República (febrero de 1873 - diciembre de 1874) el republicanismo ejerció influencia «en una gran parte de la ciudad y la provincia» y «es en esta influencia en donde ha de buscarse el origen inmediato de la proclamación del cantón, pues los dirigentes del partido o movimiento republicano estaban en ese momento aliados con la facción intransigente y, en esa línea, intentaron impulsar la organización federal de la República a través de un movimiento coordinado con otros dirigentes».

El profesor Díez deja claro que los republicanos salmantinos federales que protagonizaron la 'cantonada' «eran sobre todo españoles» con una idea de república federal «diferente, construida de abajo a arriba. Y no era fácil de llevar a cabo, pero su idea era dotar de más fuerza a la provincia para que tomara decisiones y construyera su propio futuro». De un modo muy 'sui generis' podría hablarse de cierto 'autonomismo' «aunque es un término actual y difícil de trasponer» al siglo XIX.

Quien piense en movimientos separatistas se equivoca de medio a medio. Un boletín extraordinario de los cantonalistas habla de que Salamanca «imitando a otras provincias de gran importancia» se erige en cantón «no para quitar fuerza a la Asamblea sino para dársela». El cantón de Salamanca «pondrá a disposición de la Asamblea Constituyente y del Gobierno de la Nación todo lo que en la balanza de la justicia le corresponda». Su federalismo «tenía que ver con los problemas locales y de su entorno, de los ayuntamientos y las provincias», comenta el profesor.

Imagen irreal

La imagen del cantón de Cartagena, el más famoso y duradero con diferencia, ha lastrado aquel movimiento, asociado desde entonces con el radicalismo, la atomización política y el separatismo. El caso de Salamanca «no tenía por qué parecerse» a Levante o Andalucía. «Es un movimiento muy plural y no homogéneo. Los republicanos salmantinos y la masa social no era la misma que en Andalucía o Barcelona. Aquí era mas interclasista. Los matices en historia son muy importantes y sobre todo cuando no hay una investigación precisa, pero la fuerza de los tópicos y las imágenes ahoga la imagen histórica de periodos de los que conocemos poco».

El fenómeno cantonal fue «mucho más complejo» de lo que parece. «La idea del cantonalismo asociado a movimientos separatistas, protagonizado sólo por fuerzas obreras, junto a otras simplificaciones, particularmente las que lo asocian a la anarquía y al caos, son producto de una imagen construida, como bien advirtió el profesor Jover Zamora, en la Restauración. El objetivo era dar legitimidad al régimen restaurador, cargando las tintas sobre la inviabilidad del proyecto republicano, asociado a un conjunto de males de los cuales el cantonalismo era uno de los principales. Esta manera de abordar el periodo republicano tiene, además, un curioso efecto: se da por perfectamente explicado, cuando está necesitado de mucha investigación».

Y así es. La visión de Salamanca echándose a la calle choca de frente con la imagen que nos llega del siglo XIX: una ciudad pequeña, 'provinciana' y conservadora. Una imagen «un poco forzada» de ciudad «en la que nunca pasa nada». «Había mucha vida por debajo de la aparente calma y tranquilidad. No tiene la conflictividad de otras zonas, pero pensar que Salamanca siempre fue convocadora y plácida es faltar a la verdad. El Sexenio Revolucionario fue una etapa llena de actividad. Y las tensiones sociales siempre han estado ahí». Afirma que en 1930 «los resultados electorales fueron similares a los del resto del país. Unamuno es recibido como un héroe y eso no ese entiende sin épocas anteriores. El caciquismo era importante, pero las opciones alternativas también estaban ahí». La imagen de Salamanca «dormida» es «irreal». En 1898 hubo motines y protestas por la carestía de algunos alimentos y en 1903 hubo cargas policiales contra los estudiantes.

Tal día como hoy, hace 145 años, la ciudad y la provincia (en Béjar también se proclamó un cantón), atravesaban una etapa de incertidumbre y escribían una de las páginas más desconocidas de su historia. El 'experimento' cantonal aún perduraría unos cuantos días más, hasta el 4 de agosto. Después su recuerdo sería sepultado por los años.