«Ser sacerdote se puede ejercer en cualquier rincón de la Tierra si se está bien preparado»

El padre Marcos Teófilo Trujillo Reaña ejerce su ministerio en 9 pueblos de la Sierra de Béjar./Marjés
El padre Marcos Teófilo Trujillo Reaña ejerce su ministerio en 9 pueblos de la Sierra de Béjar. / Marjés

Las diferencias con su país de origen están en la cultura, en las personas y en las costumbres, pero «cada lugar tiene su propia riqueza y grandeza», afirma

MARÍA JESÚS GUTIÉRREZLinares de Riofrío

Nacido en Perú, donde fue promotor de la creación de diversas instituciones, Marcos Teófilo Trujillo ha cambiado de continente y ahora se encuentra en la provincia de Salamanca ejerciendo su ministerio, donde ha participado en la apertura de la primera Comunidad de los Oblatos de San José en la Sierra de Francia y de Béjar, con sede en Linares de Riofrío.

- Actualmente ejerce su ministerio en pueblos de la Sierra de Béjar, ¿cuánto tiempo lleva en esta zona y en qué municipios está?

-La Diócesis de Salamanca me ha confiado la administración pastoral de nueve pueblos: Horcajo, Colmenar, Pinedas, Valbuena, Aldeacipreste, Valdehijaderos, Valdelageve, Lagunilla y Montemayor del Río. Ya son cinco años de la apertura de nuestra comunidad en España, de lo cual estamos muy agradecidos, sobre todo, por la acogida y la apertura de la gente de estos pueblos. La finalidad principal de nuestra comunidad en España es la cualificación de nuestros sacerdotes, es decir, es una casa para que los sacerdotes vengan y hagan sus estudios de postgrado (Licenciatura y Doctorado). Mientras dure el proceso, procuramos ejercer nuestro ministerio pastoral los fines de semana. Nuestra sede principal está en Linares de Riofrío.

-¿Existe alguna diferencia entre ser cura en su país y serlo en España? ¿Han encontrado algún tipo de dificultad al venir aquí?

-El ser sacerdote se puede ejercer en cualquier rincón de la tierra con tal de estar bien preparado para la misión; ahora bien, la cultura, las personas y las costumbres siempre serán diferentes; pero cada lugar tiene su propia riqueza y grandeza. Ciertamente, la diferencia si se quiere comparar sería que no encontramos muchos niños ni jóvenes en los pueblos, y los pocos que hay, son buenos, pero poco quieren saber de la vivencia de su fe cristiana. Pienso que es debido a que tienen muchas distracciones que les ofrece el ambiente. Pero en el fondo, aman a Dios.

-Aparte de la eucaristía semanal, son muchas las labores de un párroco en un pequeño pueblo. Háblenos de ellas.

-La principal misión del sacerdote es la celebración de la eucaristía, principalmente los domingos, por ser Día del Señor resucitado. Luego, son algunas visitas a los hermanos enfermos y ancianos, preparar la liturgia con el ensayo de cantos; la catequesis de preparación a los sacramentos. Evidentemente me gustaría hacer un servicio más sistemático de formación y organización parroquial, pero nuestros fieles ya tienen lo suyo, como dicen: «ya es bastante que venimos a misa». Por lo visto, la gente tiene otras ocupaciones mejores; lo cual está muy bien.

-En diversas ocasiones tiene que ir a otras localidades a las que usted no está destinado para ayudar a sus compañeros, ¿supone esto un problema o una ventaja que le permite conocer más gente y llevar la religión a otras comunidades?

-Evidentemente somos una comunidad de religiosos, por tanto, siempre dispuestos a sustituir y servir cuando nos necesiten. Cuando conocemos nueva gente es bueno porque al ver un nuevo cura por lo menos la gente pone más atención a la homilía. Espero que algo quede en sus memorias y lo vivan mejor. Pienso que no se lleva la religión sino simplemente intentamos dar testimonio de lo que creemos y vivimos. Al final, prima mucho la amistad y la sintonía de las relaciones humanas. La religión propiamente dicha sólo nace desde una experiencia de Dios; sin experiencia espiritual religiosa no se puede hablar de religión verdadera. Por lo que veo, la gran mayoría que viene a la iglesia es porque ha aprendido desde niños en su familia y en su comunidad. Por eso, son gente buena.

- ¿Resulta difícil llegar a la juventud en los pueblos o cree que es más difícil en las ciudades?

-Por ahora, no he podido contactarme con los jóvenes; primero, porque en los pueblos que acompaño son contaditos los jóvenes, y las veces que he intentado entablar conversación, no corresponden, parecen tener miedo, vergüenza, indiferencia, desconfianza; no sé cómo decirlo, pero viven en su propio mundo. Pienso que están absorbidos por el estudio y las distracciones tecnológicas (móvil, tablet, juegos, internet, etc.).

-Muchas veces en los pueblos se acude a la misa dominical más como una tradición que como un sentimiento, ¿cree que en los últimos años ha decaído la fe?

-La gente que viene a la misa, viene porque tiene sentimientos religiosos profundos; aunque pareciera que la gente viniera a la misa por costumbre, más que por fe; pienso que las personas mayores son las únicas asiduas al culto, tienen mucha fe y mucha devoción, es decir, saben lo que quieren, viven como creen. Son auténticos creyentes. La pérdida de fe está en la nueva generación, pero no es una pérdida absoluta, sino, simplemente dan prioridad a otras cosas que satisfagan sus necesidades básicas y elementales, algunos están absortos por el trabajo; otro, por alguna ocupación, o simplemente se olvidan de ir a misa.

- Ocurre lo mismo con los sacramentos, sobre todo con los matrimonios, que a veces se hacen por tener contenta a la familia. ¿Esto ha cambiado en los últimos años: las parejas que se casan lo hacen por convencimiento o porque es algo que hay que hacer por el qué dirán? ¿y que me dice de las comuniones?

-A decir verdad, no he tenido muchos matrimonios, apenas cinco, de los cuales había rectitud de intención; se casaban porque se amaban, creo hasta ahora siguen unidos y no han fallado todavía. Lo mismo en cuanto a las comuniones, son poquísimos, me ha tocado pueblos donde hay pocos niños, no sé si habrá suficientes para llegar a cinco; salvo en verano, donde vuelven a estar con sus abuelos de vacaciones. Durante el año no hay muchos niños ni jóvenes, y de los que hay, uno o dos van a la iglesia. No creo haya llegado ni a 15 comuniones en estos cinco años, y los que han recibido la Primera Comunión ya vienen preparados de otras parroquias. Una vez recibida la comunión se desaparecen si la familia no viene a misa. Los niños aman y siguen a sus padres, si ellos no van a misa, es lógico que sus los niños dejan de venir, aunque quisieran.

-¿Sigue confesándose la gente o es algo que ha quedado para las personas mayores?

-Exceptuando las cuaresmas, la gente no se confiesa; algunas veces se les ha ofrecido y los que se confiesan son muy contaditos. Se ha perdido el sentido de pecado. Simplemente la gente no tiene esa necesidad de confesión, como dicen ellos «ya no tenemos pecado», «todos somos buenos». Claro, como es un sacramento de libertad y de conciencia, no se les puede exigir, eso tiene que nacer del corazón para que sea una buena confesión. Nada que se impone o se obliga tiene buen efecto.

-¿Es más fácil en los pueblos, por la cercanía con la gente, hacerles entender que acercarse a Dios no es una obligación sino una devoción?

-Cada persona es un mundo, no sabemos cuál sea su inquietud interior, pero los que vienen a misa vienen con libertad y porque aman estar con Dios; claro está, los que no vienen es porque tienen otras prioridades o simplemente son creyentes de fiestas y exequias. Al final, no se puede ya formar a gente adulta, si fueran niños o jóvenes tal vez. Recuerdo en un pueblo donde una señora me decía al final: «¿qué nos puedes enseñar ya a nosotros ancianos?», «ya lo hemos escuchado todo», además, «ya estamos sordos».

-¿Cuál es la situación más difícil que le ha tocado vivir cómo párroco? ¿Y la qué más satisfacción le ha dado?

-La situación más dura es el no poder enganchar a la niñez ni a la juventud, porque, son muy huidizos; y cuando los pueblos están divididos por la política y no sabes a quien complacer. La mejor satisfacción es poder acompañar a la gente en lo que ellos creen y celebran con fervor y emoción, y que te digan, «gracias por venir y estar con nosotros».

-¿Qué diferencias existen en ser párroco en el ámbito rural y en el ámbito urbano?

-En España no he tenido esa experiencia, sólo estoy en la zona rural. Y muy feliz de servir a nuestra linda gente.

-Por último, hacia donde cree usted que camina la Iglesia.

-La Iglesia camina hacia donde el Espíritu Santo le guía; cada época Dios se ha manifestado y nos ha sorprendido con su gracia y sabiduría; actualmente, seguimos en ese camino de docilidad al Espíritu Santo, sabiendo que nuestra vida se da para dar más vida; nuestro tiempo se aprovecha para que la semilla de la Palabra de Dios caiga en tierra buena. Hay un gran futuro por delante en el corazón de los cristianos. La despoblación no nos asusta, porque, volverán a florecer estos pueblos con los hijos de sus hijos. Cuando las grandes ciudades se saturen, la gente tendrá necesidad de volver a sus raíces, de eso no hay duda. Nada está perdido, la Iglesia es un misterio, y sigue su misión como Jesús en silencio.