Las obras para reformar la iglesia de San Martín comenzarán en octubre

Bóveda central de la iglesia de San Martín, con grietas y humedades./MARÍA SERNA
Bóveda central de la iglesia de San Martín, con grietas y humedades. / MARÍA SERNA

Durarán seis meses y se centrarán en estabilizar los movimientos del templo y reparar sus efectos

DANIEL BAJO PEÑA / WORDSALAMANCA

La iglesia de San Martín tiene más de 900 años. Cuando se puso la primera piedra la Universidad aún no existía y la ciudad no se extendía más allá de la puerta de Zamora. Es una de las vecinas más ilustres de Salamanca, pero también es una de las más achacosas. Aunque está al lado de la Plaza Mayor y todos los turistas de la Rúa ven una de sus fachadas cuando vuelven de la Catedral, pocos se preguntan cuál es su historia, por qué está encajonada entre viviendas o a qué se deben los desprendimientos de su interior.

El templo sufre un evidente problema de conservación. A siempre vista se perciben las columnas combadas y los agujeros en el techo porque algunos ladrillos se han desprendido. Y si se mira más allá se descubren las grietas en el techo y las paredes. La iglesia pide a gritos que la salven. No es una cuestión estética, sino de pura supervivencia.

Después de años esperando por una intervención, ésta al fin será una realidad. La Consejería de Cultura y Turismo adjudicó las obras de restauración a principios de agosto. La inversión total ascenderá a 121.189 euros. Tan sólo falta firmar el contrato para que los especialistas entren en la iglesia y se pongan a trabajar. ¿Cuándo? Según la Junta de Castilla y León, octubre es el mes elegido. Las obras se prolongarán durante seis meses, así que, si no hay retrasos, deberían estar terminadas en abril, aproximadamente. El Domingo de Resurrección, hay que decirlo, será el 12 de abril.

El párroco de San Martín, Antonio Matilla, creía que las obras empezarían en septiembre, pero «por un mes más no pasa nada. Nuestra paciencia está probada». Los responsables ya le han comunicado que «en principio no se va a interferir en el culto» pero que si «en algún momento hay que hacer alguna intervención puntual, se hará con la iglesia abierta, porque las intervenciones son en el tejado, los contrafuertes... fuera del recinto del templo»

Según recoge el proyecto básico y de ejecución de restauración, la actuación «se centrará en la estabilización de los movimientos detectados y en la reparación puntual de sus efectos en el edificio, para evitar su progresión y el riesgo de alcanzar situaciones límites para la estabilidad ante una variación más o menos brusca de sus condiciones de contorno».

La citada estabilización «se concentra en acciones de redistribución de las cargas en la zona de la cabecera», una de las más dañadas. También se arreglarán los desplazamientos de los sillares y las juntas de movimiento, así como la grieta exterior del ábside sur para evitar humedades. El proyecto de intervención prevé repasar las cubiertas y limpiar los sistemas de evacuación de agua, recolocar las mallas que evitan la entrada de aves y volver a poner en su sitio la veleta «desplazada por un impacto de una grúa hace unos años».

El párroco de San Martín, Antonio Matilla, confía en que las obras de consolidación abran la puerta a una restauración artística de la iglesia

El diagnóstico, advierte el proyecto de rehabilitación «se realiza sobre varios de los sistemas constructivos, limitándose la propuesta de intervención al sistema estructural y a la parte de la envolvente correspondiente a la cubierta, pues se considera que puede tener una relevancia directa en el comportamiento de la estructura del edificio».

En otras palabras, la intervención que empieza en octubre es para consolidar el edificio de una vez por todas, pero el Plan Románico Atlántico de la Junta de Castilla y León subraya que «en un futuro, cuando la estabilización se demuestre que ha resultado efectiva, será preciso abordar las acciones globales necesarias para la dignificación del templo y la reparación de los efectos de los movimientos y de los acabados deteriorados por diferentes lesiones hoy corregidas, pero cuya huella menoscaba la percepción digna del edificio, así como la renovación de la instalación de iluminación».

Antonio Matilla también confía en que esa restauración para embellecer la iglesia acabe llegando. «Estamos esperanzados porque esperamos que la intervención, que es muy importante pero no se va a ver, traiga más intervenciones de cara a la restauración de los muchos bienes culturales que contiene el templo. Por dentro está feo, pero es una de las joyas de la ciudad. Hay que hacerlo resaltar. Por ejemplo, habría que limpiar las bóvedas, los retablos, los sepulcros... y también dignificar la escalera de Juan de Álava», autor, entre muchas otras obras, de la capilla de la USAL o de la fachada de San Esteban.

Mal comienzo

El estudio técnico que justifica la intervención tiene casi 700 páginas. Recopila la azarosa historia del templo, el proceso de construcción, los problemas estructurales que ha padecido y el estado en que se encuentra actualmente. El informe traduce al lenguaje arquitectónico lo que los profanos apreciamos a simple vista: la iglesia está llena de achaques y hay que hacer algo.

San Martín llegó a Salamanca con el pie izquierdo. El informe asegura que «los soportes y el arranque de las bóvedas en las naves laterales, ambos concebidos para recibir bóvedas de arista, no son coherentes con el sistema de bóvedas de crucería que finalmente se construyó», una «contradicción» ya percibida por Manuel Gómez- Moreno en el siglo XIX. El estudio añade que «probablemente debido a las deformaciones que mostró el edificio incluso antes de ser concluido, esta solución de cerramiento no debió considerarse la más apropiada, quizá por pesada».

El estudio abunda en esta línea. Los problemas de la iglesia que ahora van a corregirse vienen de muy lejos. El arquitecto Manuel Fortea Luna elaboró un informe, incluido en la memoria final, en el que evalúa las cargas del templo y presenta una propuesta de actuación. Su análisis constructivo identifica hasta diez maestros distintos («no necesariamente cada maestro ha de identificarse con una persona concreta y en exclusiva», advierte), algunos de los cuáles no lo hicieron demasiado bien.

Dos ejemplos: el Maestro 2 construyó las naves laterales pero «los desniveles de los capiteles, los desplomes de los pilares y la falta de alineación de los nervios ponen en evidencia que se trata de un maestro poco riguroso», que construyó bóvedas de nervios aunque no fuese la intención inicial. Y segundo ejemplo, el Maestro 10, un «incompetente» que construyó una nueva cubierta para la capilla mayor sin tener en cuenta que el peso recaería sobre las bóvedas laterales (casualmente, las más dañadas hoy en día). Fue «una operación inconsciente».

Así, Fortea añade que «el edificio padece varias patologías, la mayoría de ellas ya antiguas, aunque algunas recientes, que son las que merecen atención por sus posibles consecuencias inmediatas. De origen el edificio no es de buena factura, como ya se ha dicho anteriormente, pero además era escaso respecto a las dimensiones de los elementos estructurales fundamentales. Especialmente los muros y contrafuertes exteriores. Así cada vez que se ha alterado bien el estado de cargas, bien los propios contrafuertes el edificio ha entrado en un punto crítico de estabilidad».

La bóveda B-13

Cualquiera que haya entrado en San Martín habrá reparado en el estado de un rincón del templo. Es una bóveda ubicada en la zona sur, con sillares de piedra desprendidos y columnas combadas. Esta zona se ha convertido, a su pesar, en la imagen de lo mucho que necesita la iglesia una reparación.

El estudio de estabilidad del conjunto la denomina bóveda B-13. El diagnóstico sobre su estado impone bastante: «el techo es una semicúpula circular de sillares de piedra, con signos espectaculares de deformación geométrica. Las piezas desprendidas llegaron a romper el pavimento de madera. La causa no parece que esté en el material ni en el mortero, sino en la propia deformación, que sigue aumentando». Otro apartado del informe añade que «la señal de alarma de que las condiciones de contorno de la iglesia de San Marín habían cambiado respecto a momentos anteriores se pone de manifiesto con la caída de cascotes y piezas de la fábrica desde los ábsides, la nave central y la bóveda situada sobre el coro en diferentes momentos temporales. Los más relevantes son los que se desprenden desde el ábside de la epístola, la bóveda B-13». Ésta, por cierto, es una de las dos que sufren las consecuencias del 'apaño' perpetrado por el citado Maestro 10.

La intervención en San Martín, como señala Antonio Matilla, no será demasiado espectacular, al menos de cara a la galería. Las obras redistribuirán las cargas del edificio, repararán las grietas... es una intervención más arquitectónica que artística, pero salvará al templo y abrirá la puerta para otras reparaciones.