Los niños sordos no tienen en sus centros educativos intérpretes a jornada completa

La intérprete de lengua de signos María Marcos Casado, signa el nombre de la asociación salmantina Aspas, en su sede. /LAYA
La intérprete de lengua de signos María Marcos Casado, signa el nombre de la asociación salmantina Aspas, en su sede. / LAYA

El centro de preferencia tampoco dispone de otros apoyos, como avisadores luminosos

EVA CAÑAS / WORD

«Las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas viven en una sociedad formada mayoritariamente por personas oyentes por lo que, para su integración, deben superar las barreras existentes en la comunicación que son en apariencia, invisibles a los ojos de las personas sin esa discapacidad». Así reza el primer párrafo del preámbulo de la Ley 27/2007, de 23 de octubre, por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas.

Pero once años después de su aprobación, desde la Asociación de padres de niños sordos de Salamanca (Aspas) aseguran que en muchos de sus puntos «no se cumple nada», y por lo tanto, las personas sordas siguen siendo ciudadanos a los que se vulneran sus derechos. A escasos dos días de celebrar el Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas, el 14 de junio, desde esta asociación repasan la situación actual del colectivo en Salamanca, en sus diversos ámbitos de la vida, como la educación o el ocio y tiempo libre, donde no disponen de locales accesibles.

Guadalupe Fernández es la coordinadora del servicio de Atención y Apoyo a Familias de Aspas, y en relación a la Ley recuerda que en teoría, «en cada sitio público tiene que haber un intérprete de lengua de signos para que las personas sordas tengan accesibilidad, y así ser un ciudadano en pleno derecho, pero a día de hoy no se cumple, y si un sordo va a un hospital tiene que llevar a un intérprete, no existe esa figura, ni otros apoyos como un bucle magnético (es un sistema de sonido que transforma la señal de audio que todos podemos oír, en un campo magnético captado por los audífonos dotados de posición 'T'».

Pero en Salamanca, ningún edificio público cuenta con nada de eso, apuntan desde Aspas, y lo mismo ocurre en los centros educativos, «donde debería dotarse de medios y recursos pertinentes, pero en Castilla y León (y en Salamanca) no hay niño sordos que tengan la jornada completa con intérpretes».

En la provincia cuentan con un equipo de orientación psicopedagógica especializado en discapacidad auditiva, y como describe esta responsable de Aspas, «una vez que el niño se escolariza en Infantil hacen evaluaciones, pruebas y un seguimiento, y ellos hacen el dictamen de escolarización y orientan a los padres sobre el centro que tiene como preferente». Además, dictaminan qué tipo de recursos necesitan ese niño, «que puede ser interprete de lengua de signos, un sistema de FM (un dispositivo de ayuda que consiste en un micrófono o emisor (utilizado por la persona que habla) y un receptor (utilizado por la persona con deficiencia auditiva), que en ese caso sería el profesor y el alumno, con el que se evitaría que si el profesor se va o se mueve o si hay ruido ambiente, se discrimina y nos aseguramos que el niño escucha el mensaje», subraya Fernández.

Calculan que en Salamanca habrá en torno a un centenar de niños sordos escolarizados, y en la actualidad, hay dos centros específicos, el colegio Juan Jaén y el IES Venancio Blanco. «¿Qué diferencias hay con otros colegios?», se plantean desde Aspas: «Ninguna, salvo el cartel o el título, porque pone que es preferente de sordos pero no haya nada». En la provincia además tienen el problema de la dispersión, «y a los niños de los pueblos hay que atenderlos allí, en su zona». En cuanto a la capital, Guadalupe Fernández aclara que para optimizar recursos, «puede haber centro de preferencia, pero no se puede aconsejar a familias que vayan a un centro donde los recursos que se dan son iguales que en otro», y en esto reside una de las principales quejas de la asociación. «Los centros preferentes existen pero los profesores no conocen la lengua de signos, no hay ningún intérprete a jornada completa, la logopeda no está especializada en discapacidad auditiva, etc.», enumera. En Salamanca, Educación cuenta entre la capital y provincia con unos 15 intérpretes, que nunca están a jornada completa con los niños, «lo están como mucho dos días a la semana», lamenta María Marcos Casado, una de las intérpretes de lengua de signos de Aspas.

Asimismo, en estos centros educativos deberían de tener avisadores luminosos (cuando toda el timbre se enciende una bombilla), bien para el cambio de clase o para salir al recreo, «no como ahora, que los niños sordos se enteran porque ven que sus compañeros recogen o se levantan», o que dispongan del bucle magnético. EnInfantil tienen 25 horas de clase a la semana (5 al día), de las cuales se cubre una minoría, y en Secundaria, tienen 30 lectivas.

«Tienen intérprete de lengua de signos en las asignaturas que consideran más prioritarias como Matemáticas, Lengua o Conocimiento del Medio, pero otras como Inglés, Música o Plástica, no», describen desde Aspas. Pero lo ideal, según argumentan, es que en el centro preferente «tengan un intérprete por aula y la jornada completa».

En cuanto al ámbito del ocio y el tiempo libre de Salamanca, las personas sordas tampoco lo tienen fácil, como lamentan desde esta asociación. «No hay ningún sitio adaptado, aunque en breve instalarán el bucle magnético en el CAEM, pero en el Liceo lo único que hay es una audiodescripción que para este colectivo no sirve», detallan. Pero no tienen acceso al cine, salvo películas en versión original, «pero no pueden disfrutar de las novedades».

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