Las llamadas al Teléfono de la Esperanza aumentan un 30% y superan las 2.600

Carmen Igea Rasueros es la presidenta del Teléfono de la Esperanza de Salamanca. /LAYA
Carmen Igea Rasueros es la presidenta del Teléfono de la Esperanza de Salamanca. / LAYA

La ONG escucha y orienta a personas que atraviesan una situación de crisis emocional, también ofrece asesoramiento profesional y cuenta con grupos de apoyo y talleres

ROSA M. GARCÍA / WORDSALAMANCA

Muchas veces lo único que necesitamos es que nos escuchen. Eso es lo que hace el Teléfono de la Esperanza, escuchar a las personas que atraviesan una situación de crisis emocional. Una llamada gratuita que ayuda, de modo anónimo, a superar un mal momento. Año tras año, las personas que acuden a esta ONG van en aumento; un incremento que en el Teléfono de la Esperanza de Salamanca ha sido en torno al 30% en 2018, 2.634 llamadas frente a las alrededor de 1.800 de 2017.

Un total de 29 personas atienden constantemente el teléfono, por turnos, las 24 horas al día durante los 365 días del año. Pero no solo está el servicio permanente de orientación por teléfono, también ofrecen asesoramiento profesional con entrevista personal y diversos grupos de apoyo, talleres o programas.

Toda esta labor la realizan 39 voluntarios, personas de todas las edades y condiciones que se dedican de forma altruista a ayudar a los demás. Entre estos voluntarios, se encuentran los profesionales de asesoramiento: tres psicólogos, un orientador familiar y dos abogados, que el año pasado realizaron 122 entrevistas.

El Teléfono de la Esperanza es una asociación internacional, fundada en 1971 en Sevilla por Serafín Madrid. En Salamanca funciona desde el 22 de noviembre de 2003 y Carmen Igea Rasueros es desde hace poco más de un año su actual presidenta, aunque ya fue vicepresidenta.

«Los voluntarios no damos consejos ni recetas. escuchamos. Tenemos una formación importante para poder aprender a escuchar y empatizar con esas personas que pasan por un momento difícil en su vida; lo único que hacemos es darles alguna herramienta para que puedan estructurar esa situación angustiosa y salir de ella», afirma Igea. Para ello necesitan una formación que dura entre año y medio y dos años. «Es una formación específica para poder escuchar serenamente, poder darles herramientas, no implicarte, pero sí empatizar».

Para ella es «una labor muy bonita. Parece que ayudas tú, pero te ayudan a ti. Escuchas a personas sufriendo, que viven una angustia, esa persona, al sentirse escuchada, se tranquiliza y te da las gracias... Merece la pena. Aprendes mucho, cada llamada para nosotros es un aprendizaje».

Llaman tanto mujeres como hombres de todas las edades, por temas variados: soledad, incomprensión, problemas de relación de pareja, temas económicos, situaciones angustiosas entre las familias, asuntos jurídicos, etc. Cuando ven que son situaciones de maltrato o de drogadicción, por ejemplo, los derivan a asociaciones específicas. Y cuando detectan que la situación requiere una ayuda más personalizada, le dan la opción de ir a la sede a hablar con un profesional.

Acuden porque «pueden contar cosas que no se atreven a contarlas a la familia o a los amigos, porque saben que la persona que está en el teléfono ni la a va a juzgar ni va a sorprenderse y va a intentar escucharla y ayudarla; no decirle lo qué tiene que hacer, pero sí estar a su lado».

Cree que las llamadas aumentan porque, «por un lado, vivimos en un mundo donde todo es materialismo y emocionalmente hay mucho vacío, la gente llama porque a pesar de todo no es feliz; y por otro, porque la crisis no ha mejorado y la gente tiene problemas económicos que implica otros problemas adicionales; al final llama porque está desesperada».

El Teléfono de la Esperanza de Salamanca es el 923 22 11 11.