Juan Del Álamo rompe su maleficio en Pamplona y corta una oreja

El diestro Juan del Álamo durante la quinta corrida de la Feria del Toro 2018 de San Fermín. /EFE
El diestro Juan del Álamo durante la quinta corrida de la Feria del Toro 2018 de San Fermín. / EFE

Octavio Chacón sale por la puerta grande tras conseguir sendos trofeos con cada uno de sus toras en la feria de sanfermines

REDACCIÓN / WORDSALAMANCA

A la quinta fue la vencida y Juan del Álamo logró por fin tcar pelo en Pamplona en la Feria del Toro de sanfermines. Fue con el tercero de la tarde, Delantero, al que cortó una oreja, ya con el sexto, tambiñen de Cebada Gago como el resto de los astados, poco pudo hacer para lucirse el torero de Ciudad Rodrigo.

Juan del Álamo, brillante con la espada, que era su asignatura pendiente, apostó sin disimulo por las faenas de sol, de rodillazos sin cuento y guiños encadenados. Y eso fue en detrimento de razones de mayor peso. Tragar con el incierto aire inicial del sexto fue nota de valor y cabeza. Y las dos estocadas, que en sanfermines cotizan como suerte fundamental.

La corrida de Cebada salió variada de pinta, traza y hechuras: un sexto cornalón y ensillado pero corto de manos y bajo de agujas enlotado con un tercer elástico, agalgado, muy bonito; el lote tan dispar de Chacón; y los dos toros de Bolívar, muy distintos, un badanudo y montado segundo que no descolgó ni una sola baza y un quinto de porte extraordinario, cárdeno carbonero, remangado, particularmente astifino. No fue corrida temperamental y por eso la leyenda de Cebada y su violencia parecían de otra época. O sea, de hace cinco años. Bolívar se embarcó en faenas interminables sin rumbo.

El diestro gaditano Octavio Chacón acabó saliendo a hombros al final de la corrida , en la que cortó dos orejas pedidas y concedidas muy alegremente tras sendas faenas efectistas a su lote .

En una tendencia que se viene acusando desde unos años a esta parte, el talante con que acude a los toros la generalidad del público pamplonés ha ido perdiendo la dureza y la exigencia de antaño para mimetizarse con la festivalera actitud de las peñas, a las que todo les vale con tal de divertirse.

Y sobre todo si, como también viene sucediendo en plazas de la categoría de Las Ventas, por medio se produce un fuerte choque emocional en forma de percance aparatoso pero sin consecuencias, como el que sufrió Octavio Chacón.

Hasta ese momento, el diestro gaditano había buscado sin remilgos la complicidad de las peñas iniciando su faena de rodillas en los terrenos de sol, solo que el astado no aguantó más de media docena de pases aliviados antes de rajarse.

Acosó entonces Chacón al «cebada» hasta el tercio de toriles, donde, confiado y en el mismo tono populista, se desplantó rodilla en tierra metiendo la cabeza entre los mismos pitones, pero tanto se recreó en la suerte que el aparentemente acobardado animal acabó por arrancarse y colgándole de manera escalofriante de su veleto pitón derecho. De milagro no salió herido el matador, que aún insistió en su objetivo hasta matar al toro de una estocada baja, lo que tampoco fue óbice para que se le concediera una oreja tan generosa como la que luego le dieron del cuarto.

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