Los jóvenes de San Esteban cumplen con la tradición de la corta y colocación del castillo

Un buen número de jóvenes fueron los encargados de traer a hombres el castaño. /M.J. GUTIÉRREZ
Un buen número de jóvenes fueron los encargados de traer a hombres el castaño. / M.J. GUTIÉRREZ

Por la tarde, acuden al monte a cortar el árbol que por la noche fue quemado tras la coronación de la reina de las fiestas y el pregón

M. JESÚS GUTIÉRREZ / WORDSAN ESTEBAN DE LA SIERRA

Las fiestas del Cristo continúan en San Esteban de la Sierra y los vecinos cumplen las tradiciones que han marcado estas celebraciones año tras año.

Ayer fueron los jóvenes los que cumplieron con una de ellas, de las más arraigadas y atractivas para muchos, como es la corta y colocación del castillo en la plaza de la Iglesia, para por la noche quemarlo tras la coronación de la reina y el pregón.

Sobre las seis de la tarde, los jóvenes acompañados de muchos niños se desplazaron hasta el Castañar, donde buscaron uno de los árboles más esbeltos para ser cortado. Un ejemplar que desplazaron a hombros un buen número de chicos hasta el pueblo, a pulso y con gran esfuerzo.

Desde hace unos años, los niños simulan a los jóvenes y transportan un árbol pequeño que suele ser utilizado al día siguiente para el baile del ramo, por las mozas. Ellos abrían el camino, y detrás la Charanga de la Peña La Garrocha anunciaba que llegaban los mayores portando un gran castaño, como es costumbre en los últimos años.

Llegado con el castaño hasta la plaza de la Iglesia, comenzó todo un ritual para poderlo 'plantar' en el agujero que hay en el suelo para tal efecto, para lo que se utiliza una gran escalera y sogas para poderlo atar a distintos lugares de la plaza (un árbol, la fachada de una vivienda y una de las columnas del pórtico de la iglesia). Para poderlo colocar firme, tres grupos de personas tiran de las sogas para dejarlo bien recto.

La plaza de la Iglesia se llenó durante este acto de personas de todas las edades, que aplaudieron una vez que el castaño estaba colocado en su sitio.

En ese mismo momento, comenzó el repique de campanas, anunciando las vísperas de las fiestas. Y a partir de ahí no paró la fiesta. Peñas, familiares y amigos se repartieron por los distintos establecimientos y bares, hasta la hora de la merienda de confraternidad de los socios de la Asociación de Amigos Peña del Cristo, que es la encargada de sufragar los gastos de las fiestas gracias a las cuotas que pagan sus componentes.

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