«Me da igual tocar que bailar, aquí siempre hay un hueco»

Juan Antonio durante la pasada fiesta de San Blas. /WORD
Juan Antonio durante la pasada fiesta de San Blas. / WORD

El joven músico mirobrigense acaba de ser reconocido por una asociación cultural leonesa con el Premio Joven Valor 2019

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Se inició con tan solo cuatro años en el mundo del folklore, en concreto, aprendiendo a bailar y a la edad de siete ya combinaba los pasos con la gaita y el tamboril. Desde entonces, Juan Antonio Muñoz no ha dejado de seguir aprendiendo e investigando y a sus 19 años confiesa que «me da igual bailar que tocar, aquí el que no toca baila y puedes hacer de todo, siempre hay un hueco».

Fueron sus padres, Juan Tomás y Mar, en aquel momento vinculados a la asociación Botón Charro, los que le abrieron las puertas del folklore, una modalidad que asegura «nunca he sentido como una carga» más bien, tocar y bailar «es algo que me libera» y el único impedimento para no dedicarle más horas son los estudios de ingeniería informática que en estos momento cursa en al Universidad de Salamanca.

«Hay temporadas en las que tienes más tiempo para practicar, antes le dedicaba dos horas al día y ahora pueden ser seis o siete horas a la semana. Otras veces vas a bailar o a tocar a algún sitio y también acabas aprendiendo».

Juan Antonio contó con José Ramón Cid como primer profesor de gaita y tamboril y en estos momentos, ensaya en Salamanca con Berna Pérez, lugar en el que reside debido a esos estudios.

Es de los que piensa que «nunca acabas de aprender» y tal es su afición que ayer mismo se le pudo ver bailar con un grupo de Valladolid en la televisión gallega. El programa en el que participó estaba dedicado a la música de la tierra y lleva en antena desde el año 1992. En esta oportunidad, y debido a que el director es amigo suyo, bailó con la Agrupación Tradicional Virgen de los Aguadores de Valladolid, en una jornada bastante significativa en Galicia, ya que se conmemoraba el Día de las Letras Gallegas.

«Todas las zonas son similares y son diferentes. Hay una base común, ritmos, pero luego cada uno baila de una manera o tiene unos pasos diferentes», aclara.

Premio

Acaba de ser reconocido por la Asociación Reino de León de Amigos del Folklore con el Premio Joven Valor 2019 por un jurado que estaba formado por personas de larga trayectoria. Con los pies en el suelo es consciente que vivir del folklore «es bastante difícil, hay muy poquita gente que lo consiga así que como futuro profesional y económico me tengo que centrar en la informática». Eso no impide que tenga claro los pasos a seguir: «Dejarlo, nunca. Sé que si tengo que quitar horas será de esto pero no se me pasa por la cabeza dejarlo».

En esta modalidad lo habitual no es encontrar a demasiada gente de su edad, «no creo que representemos más del 5% de la gente que se dedica a esto», indica, y aunque en el caso de sus amigos «lo ven como algo normal porque siempre me han visto en esto» ha sufrido en alguna que otra ocasión la incomprensión de la gente, sobre todo cuando era más pequeño.

«Cuando organizamos una fiesta con los amigos o alguna ocasión especial me animan a que lleve el tamboril y toque algo; no es algo que les apasione pero sí que de vez en cuando les gusta».

Entiende que en una localidad como Ciudad Rodrigo es fácil acercarse al mundo del folklore, «hay muchos medios» y enumera al menos dos escuelas de gaita y tamboril y varias de baile «en las que puedes aprender a bailar y a tocar bien».

En su opinión «los bailes son lo relativamente fácil, aprendes la forma y ya está, pero lo complicado es buscar el camino, recopilar». En ese sentido, las trabas nunca faltan, «desde gente que no te deja hacer fotos a los trajes hasta los que no te dejan grabar canciones».

Precisamente, en los últimos tiempos está centrando parte de su interés en conocer más sobre las canciones y las indumentarias tradicionales. «Para mí no es fácil. Tienes que conocer mucha historia, saber desde los tipos de hilo hasta los de pañuelos, es un campo que no trabajo habitualmente y por eso me cuesta un poco más».

Para este joven, la evolución actual del folklore es un hecho por lo que considera que «la tradición siempre va a buscar su camino y no va a desaparecer pero sí va a evolucionar». Tira de ejemplo y matiza que «si no hubiera evolucionado seguiríamos con sayas y chalecos pero ahora mismo la evolución del folklore en general, es muy grande».

Juan Antonio Muñoz tiene claro que aunque «nunca se sabe lo que puede pasar, yo quiero seguir disfrutando pase lo que pase».

Precisamente, disfrutando se le puede ver en pasacalles, procesiones y en otros momentos de fiesta popular.