«La Iglesia quiere llegar a los jóvenes sin cambiar y tiene que innovar»

Alejandra Polo, en una de las zonas de la Casa de la iglesia. /MANUEL LAYA
Alejandra Polo, en una de las zonas de la Casa de la iglesia. / MANUEL LAYA

Su camino en la Iglesia ha ido de la mano de la comunidad Fe y Luz desde niña y como integrante de la Pastoral Juvenil

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Tomar la Primera Comunión durante una peregrinación a Lourdes ha marcado la vida de fe de esta joven salmantina de 26 años. Como relata Alejandra Polo lo hizo con su comunidad de Fe y Luz 'El Viso', de la que ahora es coordinadora, «sin vestido, ni banquete, ni la gente iba arreglada...». Y en las ocasiones en las que ha tenido alguna crisis de fe siempre recuerda su Primera Comunión, «que me marcó mi forma de ser, esa humildad y sencillez que te marcan las personas con discapacidad, porque tengo la suerte de tener a mi tía Berta». Sin duda, su tía Berta, síndrome de down, ha marcado de forma especial su vida y sus pasos espirituales y profesionales.

«En mi Comunión había gente que yo no conocía, nos dejaron una capilla del hospital de Lourdes, donde todos vestíamos ponchos azules, con gente de Fe y Luz de Valladolid, Salamanca y Madrid, eso marca, al final piensas que hasta tu Comunión ha sido de lo más sencillo».

Alejandra Polo es psicóloga, especializada en discapacidad, pero desde hace ocho meses trabaja como educadora en Ranquines, un proyecto respaldado por Cáritas Diocesano en el que ofrecen un servicio a las personas sin hogar con alguna enfermedad mental. Además, está ligada a la Pastoral Juvenil y pertenece a la comunidad de Fe y Luz. Este verano vivirá una gran experiencia en Mozambique, donde tiene proyectado ir durante un mes a trabajar con niños de la zona junto a las hermanas de los Sagrados Corazones. «La vida te pide otras cosas y me marcho sola», relata. En el momento actual de Alejandra Polo quiere que la vida la sorprenda con cosas nuevas:«Quiero encontrar a Jesús en otro sitio, fortalecer mi fe».

Su relación con la Iglesia parte de Fe y Luz, «empecé con 3 años y vas haciendo camino, aunque llega la adolescencia y te separas algo de la Iglesia porque tienes que ser rebelde a esa edad, y siempre he dicho que hay cosas que te marcan y tienen que ser tu camino y al final continuas ahí». A los 16 años tuvo ese momento de crisis, «pero nunca me fui del todo». Para ella, Fe y Luz no es un voluntariado, «es como una familia con la que compartes tu vida», y entre sus funciones como coordinadora es estar pendiente de todos sus integrantes. Su comunidad está ubicada en Villares de la Reina, con unos 25 miembros, denominada 'El Viso'.

«Soy una persona de fe, pero de esas que le gusta palpar para poder creer»

«Tengo la suerte de tener a mi tía Berta en la familia, ayuda a transmitir esa sencillez y esa humildad de las personas con discapacidad», reconoce esta joven. Para ella, Fe y Luz le conecta con otra cosa, «soy una persona de fe, pero de esas que les gusta palpar para creer, y mi creencia va unida a las personas con discapacidad, yo a Jesús las veo en ellas».

En ocasiones, Alejandra piensa que es todo eso lo que la une a tener fe, «y si no llego a estar unida a Fe y Luz quizás no sería creyente o practicante, porque es verdad que de muchas cosas de la Iglesia yo reniego y me cuesta, pero tengo ese espacio y veo en esto lo que yo creo, creo en esa Iglesia, en Fe y Luz todos tienen hueco, no se mira si tienes más dinero o menos, y puedes decir lo que piensas porque eres querido tal cual eres», argumenta. Asimismo, creen que si hay una cosa que te enseña la comunidad es que no tienes que llevar una máscara, «allí te quieren tal cuál eres».

Atraer a los jóvenes

En relación al papel de los jóvenes en la Iglesia, considera que su visión es distinta:«A veces la Iglesia quiere llegar a los jóvenes sin cambiar, pero el mundo ha cambiado, y la Iglesia tiene que innovar, porque sino no vamos a llegar a ningún sitio, y la gente mayor está más en creencias antiguas, les cuesta llevar otro tipo de actividades, y creo que cuantos más jóvenes seamos, más jóvenes acercaremos».

Y apuesta por ese camino que en la Diócesis de Salamanca se está llevando a cabo a través de la Pastoral Juvenil, «que tiene un grupo muy comprometido, que es el de monitores, porque es ir saliendo, la Iglesia necesita sangre nueva y renovarse, hacer cosas que atraigan a los jóvenes y en eso el Papa Francisco está ayudando mucho, cómo cambia la visión, un Papa que se acerca a los jóvenes porque nuestra visión de la Iglesia es esa, no la Iglesia encerrada, que no abra las puertas al que lo necesita».

«Los jóvenes no estamos acostumbrados a rezar, a esa oración contemplativa»

De sus experiencias en la Pastoral Juvenil, además de como monitora en los campamentos de la Diócesis, Alejandra Polo recuerda de forma especial una iniciativa que realizó en formato de ruta. «Íbamos haciendo teatro de calle, evangelizando con parábolas de la Biblia adaptadas a la actualidad, y desde allí se fue formando un grupo muy unido».

Porque como reconoce Polo, «creo que los jóvenes al final necesitamos algo, creo que no estamos acostumbrados a rezar, a esa oración más contemplativa, eso nos cuesta, pero esa necesidad de rezar y de encontrarte con el otro en la oración si la tenemos, y la Pastoral ha ido haciendo actividades que nos han ayudado a eso».

En cuanto a su experiencia en Ranquines, esta joven reconoce que ha sido una sorpresa, «porque siempre he encaminado mi vida a la discapacidad, nunca pensé en trabajar en enfermedad mental y así fue». De los inicios en el proyecto la ha marcado la primera persona que atendieron, César, «esa persona marca, y empiezas a valorar la vida desde otro punto de vista». A ella, las personas que atiende la transmiten una alegría de vivir «aunque no tengan nada, como César, que nos lo encontramos en Espacio Abierto de Cáritas, y me ayudó a crecer mucho, cada día te levantas y Ranquines es una sorpresa, a veces digo ¿realmente voy a trabajar? Para mí es algo bueno, me siento en casa, es como estar en una familia, no hay diferencia entre participantes, voluntarios y trabajadores».

Para esa joven, Ranquines además de sorpresa es agradecimiento «y encontrarte cada día con la vida», porque como argumenta, cuando está allí podía pensar en lo negativo, que si pueden ser violentos, «pero es algo que puede pasar en cualquier puesto de trabajo, y es verdad que trabajamos con personas con muchas dificultades, me intento poner en su lugar, aunque a veces es complicado».

Otro de los aspectos que valora en su actual tarea es que se trabaja sin prejuicios, «y eso es una cosa que Cáritas hace». De esta organización me enamora la acogida a la persona, «cuando llega nunca preguntamos lo primero por su enfermedad mental, dejamos que pase un tiempo, al final es a lo que están acostumbrados, que se les conozca por su etiqueta y no por su nombre, muchos te dicen su enfermedad antes que su nombre porque están acostumbrados a eso».

«Al final Jesús me ha ido descubriendo cosas, y siempre he estado ligado a los demás»

En su día a día, Alejandra es testigo de una experiencia de vida, «encontrarte con personas sin nada de recursos que quieren vivir, y que tienen planes de futuro y luchan para tirar para adelante». Y tanto por la experiencia en Ranquines como en otras vivida por esta joven salmantina, «también reconoces que tienes derecho a estar mal, que aunque puede que sus problemas sean más complicados de solucionar, cada persona tiene sus propios problemas y hay que aceptarlo». En Ranquines lleva trabajando ocho meses, de su inicio, y en la actualidad atienden entre 34 y 35 personas. «Hacemos muchas actividades fuera, en la calle para tratar de normalizar la situación». Gracias a Ranquines, Alejandra confirma que le ha ayudado a conocerse a sí misma, «cada día descubro una cosa nueva para mí», y confiesa que se va a casa y agradece algo nuevo. «Jesús tiene un plan para nosotros y a mí me tocaba este».

¿Ycómo vive su trabajo desde la fe? Lo tiene claro:«La fe me ha ayudado a hacerme más preguntas. Al final vives situaciones complicadas y te ayuda la fe a encontrar respuestas, a ver la alegría de la vida, tiene que haber algo por detrás, porque muchas cosas serían imposible de llevar a cabo o soportar en la vida de estas personas».

Y ella misma se cuestiona: «¿Cuál es tu vocación? Al final Jesús me ha ido descubriendo cosas, siempre he estado ligado a los demás, y no puedo imaginar mi vida sin ayudar, sin estar al lado de los demás, y me ha ido descubriendo que mi vocación es estar al lado de los más pobres, ya sea la discapacidad o la enfermedad mental». Durante su trayectoria en la Pastoral Juvenil recuerda cómo en ocasiones, durante su acompañamiento espiritual y de vida le han planteado qué planes de futuro tiene, qué quiere hacer. «Y en ocasiones he respondido que necesito que Jesús me sorprenda, porque he tenido una época cómoda, en un entorno adecuado, que conozco y domino», pero Alejandra Polo necesita que le sorprenda saliendo de toda esa zona.

«Es un poco la idea de viajar a Mozambique con la necesidad de sorprenderme, de encontrar a Jesús en otro sitio, de fortalecer mi fe.» La idea es viajar gran parte del mes de agosto, unos 28 días, si consigue toda la documentación que necesita para ello. «Ya he mirado qué billetes necesito y demás, solo falta que todo salga bien y pueda viajar junto a las hermanas de los Sagrados Corazones». Allí trabajará con niños, en una realidad del tercer mundo que no ha visto hasta ahora, pero que supone un nuevo reto en su camino de la fe y de la vida.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos